Es probable que el próximo 25 de mayo, lunes dos días antes de la final de la Champions League, Florentino Pérez presenté su proyecto deportivo a corto y medio plazo. El que será con toda seguridad nuevo presidente de la entidad madridista viene con un gran fichaje bajo el brazo y con la intención de invertir lo invertible para reconstruir a un equipo diezmado moral y deportivamente ante el empuje del Barcelona. Cuentan que Wenger será el nuevo timonel y mucho temo que, en ese caso, empezamos mal. Wenger significa proyecto, trabajo a largo plazo y control absoluto de la parcela deportiva en la que es el único interlocutor con los futbolistas. Si Florentino tiene cerrados a Kaka y Ribery, ¿cuenta con el beneplácito del francés? Si no es así, el Florentino actual estaría comentiendo los mismos errores que el Florentino del pasado, el que llevó al Madrid al desastre. Otra duda que me surge: ¿Qué papel jugará Valdano en el organigrama deportivo?. Repito, Wenger no admite más interlocutor que él. Así que vermos si Florentino no está comenzado la casa por el tejado.
Al Arsenal le falta a un hervor, un giro de tuerca, un paso que no termina de dar. Wenger, obediente y hombre de club, se empeña en construir un equipo a largo plazo mientras hace las veces de contable ‘gunner’ y forma futbolistas con la intención de venderlos y de esta forma pagar la factura del Emirate Stadium. Nada de objetar a un técnico que trabaja de esa forma y es capaz de meter a un equipo casi de juveniles en las semifinales de la Champions pero lo cierto es que este atractivo y sugerente Arsenal promete y promete y no cuaja por más que se lo prop0nga. La pregunta es ¿hasta cuando? El Arsenal es un grande de Inglaterra y su trayectoria en Europa en los últimos años le obliga a comenzar a sumar títulos. Supongo que el plan de Wenger y los gestores londinenses es cuadrar cuentas, mantener hasta entonces un nivel competitivo medio-alto y, una vez que la economía esté saneada, afrontar retos mayores. El lugar, no debe ser otro, que el trono que ahora ocupa el Manchester United. Los cañones que tanto rugieron en el antiguo Highbury, deben disparar de nuevo.
Arsene Wenger tiene fama de gran entrenador. Fama labrada a lo largo y ancho de sus trece temporadas al frente del Arsenal. En ese tiempo se ha fabricado la leyenda de hombre métodico, con capacidad para trabajar a largo y plazo y convertir jugadores jóvenes en figuras del fútbol. Por sus manos han pasado futbolistsa como Bergkamp, Henry, Cesc, Van Persie, Vieira, Rosicky, Adebayor…a todos los ha sacado un buen rendimiento aunque por el camino se le quedaran algunos como Reyes. La capacidad de Wenger para sacar una hornada de buenos futbolistas tras otra y hacer que su equipo juegue bastante bien está más que comprobada pero el problema radica en que el Arsenal es un gran club que necesita títulos y ahí es donde la pericia de Wenger empieza a estar en duda. El francés no gana un título desde 2005 (la FA Cup) y no conquista la Liga desde el 2004. En Europa lo llevó hasta la final de la Champions de 2006 pero no olvidemos que Wenger lleva en el cargo desde 1996. El equipo ha perdido terreno con respecto al Manchester United o el Chelsea y aunque la factoría del Emirates sigue dando buenos productos, estos no terminan alcanzado los resultados esperados. A Wenger le falla algo. Trabaja bien los equipos, los construye y los hace jugar. Pero los títulos se los llevan los demás. Algo falla. O a Wenger le adelantan los rivales por la derecha o la formulá del francés ya está amortizada.