Twitter: @Israelgmontejo
El Villarreal tiene una cita con la historia, con su singular y modesta historia. Por segunda vez se ha plantado en las semifinales de una competición europea. Hace unos años lo hizo en la de la Champions League. Era el 2006 y un penalty fallado por Riquelme acabó con con el cuento de hadas en el momento más inoportuno. Cinco años después, el Submarino Amarillo vuelve, está vez a la Europa League por lo que sus posibilidades reales de levantar el primer título de su trayectoria son sensiblemente superiores. Para el Villlarreal, la cita europea es una cita con la historia. Nunca ganó un título. Ahora está en el penúltimo escalón para hacerlo. Los más viejos de la ciudad castellonense no paran de frotarse los ojos. Hace apenas veinte soñaban con jugar algún partido de Copa contra uno de los clásicos del fútbol español. En apenas dos décadas, el Villarreal se ha convertido en un grande del fútbol español, respetado por todos y con un estilo de fútbol perfectamente reconocible. Ahora están en disposición de subir su último escalón. La Europa League es la oportunidad que nunca soñaron pero el sueño ya es realidad. Si fuera del Villarreal centraría todas mis fuerzas en esta competición. Merece la pena abrir la sala de trofeos.
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El Submarino Amarillo está ante su momento, la oportunidad de su historia para ganar su primer título y estrenar un palmarés que pide a gritos comenzar a poblarse de referencias. El Villarreal está en los cuartos de final de la Europa League. Compite de igual a igual con campeones de Europa como el Benfica, el Oporto o el PSV Eindhoven y lo hace con la certeza de que tiene fútbol suficiente como para ganar a cualquiera y disputar la final de Dublin. Los castelloneneses ya no son una sorpresa para nadie. De equipo de pueblo y habitual de las catacumbas regionales y comarcales ha pasado en apenas quince años a mirar de igual a igual a Real Madrid y Barcelona, jugar la Champions League, recorrer Europa y luchar por ganar un torneo. Con la Liga casi imposible por el potencial de los gigantes del fútbol español, el hábitat de los amarillos es la Copa del Rey o un torneo como la antigua Copa de la UEFA, ideal para sus posibilidades. Los tiempos de irrupción en la elite, consolidación, comienzo del despegue y establecimiento entre la crema del fútbol ya han pasado. Ahora se trata de empezar a luchar por ganar títulos. En eso está el Submarino. Tiene mimbres suficientes para hacerlo. La Europa League es un buen caballo de batalla. El Villarreal, ejemplo de trabajo bien hecho, se lo merece.
Para lo bueno y para lo malo, José Mourinho estuvo omnipresente ante el Villarreal, un equipo que, durante 40 minutos’, exhibió maneras propias del Barcelona de Guardiola. Con el Madrid entre las cuerdas, mostrando sensaciones propias del 5-0 del Nou Camp, zarandeado por el fútbol de toque y toque del Submarino Amarillo; con agujeros en el centro del campo y en la banda izquierda, con los futbolistas del Villarreal entrando como aviones con el balón cosido al pie, Mourinho se reinventó y ganó el partido con tres decisiones tácticas de mucho calado. Supo reaccionar. Movió fichar y demostró porque es uno de los mejores entreandores del mundo. Primero retiró a Lass (improductivo, sin robar ni atacar) para meter a Khedira. Su segundo movimiento fue aún más arriesgado. Desplazo a Albiol(lento ante la movilidad de Rossi y Ruben) al lateral derecho; adelanto a Marcelo y situó a Ram0s como central. La vía de agua que el Madrid tenía en el centro quedó taponada al instante. Con ese sistema y con el Madrid adelantando unos metros las líneas primero niveló el duelo y después lo inclinó hacia el lado blanco. Con veinte minutos por delante, hizo su última jugada: retiró a Albiol y sacó a Kaká. Un atacante por un defensa. El Madrid marcó y Mou cerró el partido blindando el centro del campo con la incorporación de Gago. Jugada de maestro que empañó, como siempre liándola en el banquillo del Villarreal.
Nadie parece reparar en el proyecto silencioso pero lleno de ambición que está ultimando el Villarreal de Roig y Llaneza. Fieles a su estilo, los castellonenses están armando un equipo con gusto por el balón, ofensivo y compuesto por futbolistas con características más que atractivas. Pellegrini convirtió un equipo de pueblo en un club de Champions y ahora Valverde tiene la obligación y el criterio suficiente como para mantener la línea señalada por el chileno. El ‘txingurri’ mantendrá la apuesta por el fútbol ofensivo, el toque y la posesión del balón. Cuenta con un grupo de futbolistas alejados de la vitola de galácticos pero con mucha calidad y hambre de triunfos. En ese sentido, el fichaje de Nilmar promete dar grandes réditos en El Madrigal. El brasileño, al que algunos llaman ‘Nilmaradona’, fracasó en el Olympique de Lyon pero ha destapado el tarro de las esencias en el último Brasileirao. Dunga le ha dado la alternativa en la canarinha. Ya no estarán Nihat o Mati Fernández, que nunca hizo honor a la fama con la que llegó, pero continúan futbolistas de gran nivel como el jovencísimo Rossi, el desequilibrante Cazorla o el fajador Joseba Llorente. También se mantienen valores contrastados como Diego López, los internacionales Senna y Capdevilla o ese seguro de vida que es Gonzalo. Un buen equipo en todas sus líneas, con mucho nivel y con un entrenador que hace jugar a los equipos que ha entrenado y que viene de ganar el doblete en la Liga griega con el Olympiakos. En los despachos siguen Roig y Llaneza, por lo que el éxito está prácticamente asegurado. Ojo al Villarreal.
Esta noche juegan Villarreal y Arsenal los cuartos de final de la Champions League. Se enfrentan dos mundos contrapuestos. El Arsenal es club añejo, repleto de historia, con decenas de miles de aficionados detrás de él mientras que el Villarreal es un club con muchos menos años, con poca historia y mucho presente y apenas unos miles de incondicionales. La diferencia entre uno y otro se resumen en la magnitud de las ciudades a las que representan. El Arsenal es un símbolo de Londres, urbe de millones de habitantes, capital del mundo multiétnico; mientras que Villarreal es mucho más terrenal: apenas 40.000 habitantes, poco más de dos tercios del aforo del Emirates, el lujoso feudo del Arsenal. Para rizar el rizo, los de Wenger llegan con todo, incluido su mejor hombre, Cesc Fabregas recién salido de una lesión mientras que el Villarreal acaba de perder para el resto de la temporada a su mejor espadachín, Cazorla. Si esto fuera una mera cuestión de lógica, el Villarreal no tendría opción alguna de eliminar al Arsenal pero resulta que los castellonenses juegan al fútbol de maravilla y como dice Godín hoy en una entrevista en El País, son completamente inclasificables. El Arsenal es un gran equipo y tiene todo a favor, entre otras cosas, porque también juegan al fútbol de maravilla pero tengo la impresión de que este ’submarino amarillo’ nada tiene que envidiarle.