Estoy francamente asombrado de contemplar cómo pasan las jornadas y habituales ‘analistas’ de las actuaciones arbitrales como Albelda, el entrenador Emery o el presidente Llorente, dan la callada por respuesta y, en algunos casos, aseguran no hablar nunca de los colegiados. Me da la risa. El Valencia es uno de los clubes más que se queja de las actuaciones de los antiguos hombres de negro y uno de los que más callan cuando esos mismos hombres antiguamente de negros les benefician de forma escandalosa. Desde que los hombres de la capital del Turia lloraron por la derrota en el Bernabéu (protestaron amargamente la expulsión de Albelda y obviaron el penalty y expulsión de Miguel a Di María), el club del murciélago ha sido brutalmente beneficiado por el estamento arbitral, cuyas decisiones en los partidos ante el Espanyol, Levante y Málaga han supuesto tres victorias del Valencia, todas ellas conseguidas de manera flagrante y manifiestamente ilegal. Ante Espanyol y Levante, los goles de Mata llegaron tras sendos fuera de juego. Además, fueron a última hora y en el caso del partido ante el Espanyol, el ‘orsay’ fue escandaloso. Ante el Málaga ocurrió más de lo mismo. Jugadas polémicas que terminan en claro beneficio ché, expulsiones…y la sensación de que al Valencia le ayudan mucho pero que mucho mucho. Hasta cierto punto, podemos pensar que los árbitros se equivocan sin querer, que las jugadas de fuera de juego son difíciles de percibir y que todo es involuntario. Vale, admitimos pulpo como animal de compañía pero claro, me gustaría ver a Albelda, Emery o Llorente hablar ahora de los árbitros y asegurar que ese partido en concreto lo han ganado tras un error arbitral. Sería una cosa que les honraría. Pero claro, eso no va a ocurrir…sólo volverán a hablar cuando el fuera de juego sea al revés y, entonces, aprovecharán el error de turno para justificar sus carencias y limitaciones…
Twitter: @Israelgmontejo
Esta tarde, si el tiempo no lo impide, hablaremos del Valencia y sus ayudas arbitrales. Veremos qué opinan Albelda, Llorente y Emery…
Cada uno en la vida ve las cosas según le van a él, perdiendo, en muchas ocasiones, la perspectiva. Es lo que le ha debido suceder a Keita durante la rueda de prensa de ayer, en la que aseguró que no vio el derby entre el Madrid y el Atlético porque estaba seguro de que los blancos iban a ganar al tiempo que lanzaba la acusación de que los rivales del Madrid no dan el 100% sobre el terreno de juego. El malí se quedó tan ancho tras soltar la frase. La equivocación del jugador azulgrana es doble. Primero ignora que lo que más puede desear un jugador del Atlético de Madrid o uno de sus hinchas es derrotar al Madrid. Es el rival al que más ‘odian’. Una victoria rojiblanca en el Bernabéu hubiese dejado prácticamente al Madrid sin Liga. Toda una satisfacción, sobre todo si tenemos en cuenta que al Atleti le persigue una maldición histórica en sus duelos vecinales. Dicho esto, la segunda metedura de pata viene por la falta de memoria, por la especie de ataque de amnesia que sufrió el mediocentro del Barcelona. Esta misma temporada, Sevilla, Racing y Valencia dejaron a sus mejores hombres en el banquillo o en casa para enfrentarse al Barcelona en el Nou Camp. Jiménez llegó a alinear a jugadores como Marc Valiente, Koné o Lolo, que apenas cuentan en Nervión, y dejar a otros como Negredo, Renato o Adriano más las bajas de Luis Fabiano, Kanouté o Zokora; Portugal forzo que varios de sus futbolistas provocaran la quinta amarilla (Munitis, Colsa, Tchité) para no jugar en Barcelona y Emery reservó a Villa y dejo en el banquillo a Mata hace tan sólo un par de jornadas. Además, el año pasado el Sevilla repitió jugada sacando a los suplentes en el Nou Camp y la semana pasada Osasuna sufrió una plaga de lesiones en sus puntas; plaga que remitió a la jornada siguiente, tan sólo dos días después. Keita habló por hablar. No recuerdo a jugador del Madrid alguno recriminando las alineaciones de Racing, Sevilla o Valencia. Keita sí habló. Y metió la pata.
David Villa está como loco por abandonar el Valencia. Lleva todo el verano buscando una salida y en su deseo de abandonar Mestalla le da lo mismo recalar en el Real Madrid que en el Barcelona, que es algo así como darte igual vivir de día que de noche o la carne y el pescado. Lo importante, debe pensar ‘el guaje’, es huir de un club que piensa como si fuera un grande de España y de Europa pero que no tiene dinero para pagar las nóminas de sus futbolistas o empleados, no se sabe a ciencia cierta quién manda o paraliza fichajes porque no puede abonar en efectivo 3 millones de euros, cantidad que, cuando se habla de fútbol, es como si un hombre de la calle no puede pagar el menú en un bar de polígono al contado. Lo cierto es que Villa puede terminar quedándose en el Valencia y, aunque, nunca ha manifestado públicamente su deseo de irse, sus actos han dejado muy a las claras cual es su verdadera intención. No estoy muy de acuerdo con aquellos futbolistas que firman contratos y en sus ganas de romperlos tensan la cuerda hasta límites insospechados con manifestaciones y desprecios públicos pero tampoco me parece de recibo la actitud, extraña e incoherente de Villa. El Valencia se ha plantado y, evidentemente, estando en la ruina quiere sacar tajada por su mejor futbolista. Es lógico y hasta responsable. Lo contrario sería condenar más aún al club. Villa sabe que el Valencia lo quiere vender pero a muy buen precio. Es así. Las cartas están encima de la mesa pero ‘el guaje’ sigue empeñado en no saber de qué va exactamente la partida. Yo, lo tengo muy claro: Villa es del Valencia, el Valencia está en ruina y quiere mucho dinero. Villa quiere irse a toda costa pero no se atreve a decirlo. Como quiere irse a toda costa, se le nota mucho sus ganas de marcharse y de eso se aprovecha el club para estirar más la cuerda. ¿Solución? Que Villa hable claro y el Barcelona, el ahora interesado, se rasque el bolsillo. La razón la tiene, en este caso, el club del murciélago.
El Valencia se parece cada vez más a 13 rué del Percebe, el TBO de Ibáñez en el que en un bloque de pisos conviven tenderos tramposos, estraperlistas, muertos de hambre, veterinarios manazas y demás fauna de mal vivir y poco critiero, más o menos igual que en el Valencia de un tiempo a esta parte. Desde que Soler se hizo cargo del equipo, el club es una auténtica casa de locos, condenada al desastre y la ruina más absoluta. La conversión en sociedades anónimas tenía su lado negativo y, para desgracia ché, se ha manifestado en toda su magnitud en un club en el que lo único limpio y sin más intereses que el escudo es la afición. En Valencia ha habido cuatro presidentes en poco más de un año, varios directores deportivos, un grupo de futbolistas que no ve el momento de abandonar la entidad, un capitán que se sienta en un juzgado con el presidente del club, un estadio a medio construir, una plantilla que no cobra y la sensación de que el que está en el club en las más altas esferas está para llevárselo crudo. Un desaguisado que no terminará en tragedia por la sencilla razón de que el fútbol es patrimonio nacional y las insituciones no permitirán el colapso de una entidad que lo bordea peligrosamente en los últimos tiempos. El Valencia es un auténtico desastre y eso lo está pagando su afición, que no se merece unos dirigentes del calibre de los actuales.
Se habla mucho y se escribe más sobre la ola de antimadridismo desatada en Valencia por el ‘caso Villa‘. Un antimadridismo que comenzó con el fichaje de Mijatovic hace ya casi quince años y que se acrecentó en el 2000 con la victoria del Real Madrid por 3-0 en la final de la Champions League que se disputó en Paris. Llorente, el nuevo presidente valencianista, pone sobre la mesa como único argumento para no vender a Villa a los del Santiago Bernabéu ese sentimiento atávico. ¿Cómo vender a su mejor jugador al rival que odia la afición de Mestalla? Villa tiene apalabrado su pase al Santiago Bernabéu y el Valencia necesita dinero para salir de la angustiosa situación financiera en la que se encuentra pero Llorente, fiel intérprete del sentimiento valencianista, prefiere venderlo al extranjero, lo que sería más entendible desde el punto de vista de no reforzar a un rival directo, o incluso al Barcelona, lo que sería una jugada muy poco ética. Lo cierto es que se habla de la ola de antimadridismo y poco o nada de la ola de antivalencianismo que se está desatando en Madrid ante la actuación y el comportamiento del Valencia. El caso es que los sentimientos atávicos e irracionales son siempre de ida y vuelta y si en Mestalla se mira al Madrid con el cuchillo entre los dientes, en el Bernabéu está por ver cómo se recibe al Valencia tras el verano de declaraciones antiMadrid que llegan desde la orilla del Mediterráneo. A mi, al menos, me parece peligroso lo que están haciendo los dirigentes valencianos. Un poco de cordura, señores.
En Valencia lo tienen claro: Villa irá a cualquier equipo menos al Real Madrid. Supongo que serían hasta capaces de perder dinero por evitar ver a ‘el guaje’ de blanco madridista. El Valencia tiene una deuda de 547 millones de euros y necesita vender a sus mejores futbolistas no ya para reducirla sino para poder pagar a sus empleados. El Madrid pone la ‘pasta’ encima de la mesa y le ofrece una alternativa deportiva de primer nivel con Álvaro Negredo (un jugador que estaría por encima de los veinte goles en Mestalla) pero Llorente estaría dispuesto a perder dinero y potencial económico para evitar que Villa juegue en el Santiago Bernabéu. Posiblemente prefiera que vaya al Nou Camp y, más aún, que juegue el año que viene en Londres, en el Chelsea. El valencianismo, profundamente antimadridista desde el caso Mijatovic y la final de la Copa de Europa del año 2000, lo vería con buenos ojos. Lo malo para el plan de Llorente es que Villa no piensa como él. La herida está a punto de abrirse. Sigo pensando que el delantero acabará en el Madrid esta temporada. Los jugadores juegan donde quieren y Villa, el Real Madrid y Adidas, tres de las cuatro partes implicadas en la operación, quieren que así sea. El culebrón está servido pero lo sí parece cierto es que en Valencia crecerá el antimadridismo y en Madrid el antivalencianismo.
El Valencia está inmerso en un deterioro absoluto y en una caida libre a la que no se vislumbra el final. El valencianismo vive entre la perplejidad y la indignación el hundimiento institucional, económico y deportivo de un club que hace apenas diez años jugaba dos finales de Copa de Europa (2000 y 2001); ganaba dos Ligas, una UEFA y una Supercopa de Europa. Al periodo más importante y fructífero de su historia le sucede ahora una época negra, con los futbolistas sin poder cobrar sus fichas, el proyecto del nuevo estadio paralizado, y en barrena deportiva. Por si fuera poco, el club no ha tocado fondo. No le queda otra que desprenderse de sus mejores futbolistas, vender a jugadores como Villa, Albiol o Silva y debilitarse deportivamente hasta límites insospechados. Al valencianismo le espera una travesía por el desierto que puede llegar a ser durísima y de consecuencias imprevisibles. La cuestión es ¿por qué se ha llegado a esta situación? Y la respuesta hay que buscarla en una persona: Juan Soler. El accionista mayoritario del club ha situado al Valencia al borde del precipicio. Mala gestión, inoperancia y lucha de egos se suman para componer un cocktail desastroso. Soler ha dilapidado la herencia de Ortí y Benítez y el club hoy por hoy ha retrocedido a los años ochenta, cuando en una situación tambièn de quiebra institucional, económica y deportiva, el equipo terminó en Segunda División. Por el bien del valencianismo y del fútbol español, esperemos que esta vez no se llegue a tanto pero las perspectivas no son buenas. Ahora mismo, el Valencia tiene el mismo futuro que el Titanic.
A Eto´o ha vuelto a calentársele la boca pero hay que leer entre líneas para comprender las razones del enésimo golpe de incontinencia verbal del camerunés. Eto´o sabe que no está bien visto en el Barcelona. Es orgulloso y no olvida el cartel de intransferible que le colocaron al finalizar la temporada pasada. Anda con la mosca detrás de la oreja y los sonidos que le llegan desde ese entorno tan amplio y dañino que siempre ha caracterizado al Barcelona es que la sombra de David Villa es muy alargada. El ‘guaje’ está en la lista de los grandes clubes europeos por dos razones: es muy bueno y, sobre todo, el Valencia necesita liquidez como sea. El Real Madrid lo tuvo a tiro pero erró el disparo y es el Barcelona el que tiene todas las de ganar si algún gigante de la Premier League se echa a dormir. A Villa le gusta Inglaterra pero no es descabellado pensar que su fichaje por el Barcelona sea más que una mera posibilidad. El fichaje del asturiano supondría la salida inmediata de Eto´o y eso Samuel lo sabe. Lo sabe y como es orgulloso está herido. Por ahí pueden venir sus declaraciones del otro día. Se avecina un problema en Barcelona.