En unas horas, Uruguay, la legendaria selección celeste se juega su pase a la final del Mundial de Sudáfrica. Los charrúas no se veían en otra así desde 1970, hace cuarenta años, justo cuando comenzó a gestarse aquel formidable equipo holandés que fuera bautizado como ‘La Naranja mecánica’ y al que tanto deben el fútbol en general y el Barcelona en particular. A mi me gusta Uruguay. Me gusta por su leyenda, porque están en el orígen mítico del fútbol, porque representan a un país ‘enano’ demográficamente hablando y porque tienen un carácter sobre la cancha del que pocos pueden presumir. Sus años de gloria están entre 1924, cuando ganaron los Juegos Olímpicos, y 1950, fecha en la que protagonizaron el Maracanazo. Después vinieron tiempos dorados a nivel de clubes en los sesenta con Peñarol y Nacional y, a partir de ahí, el más absoluto de los páramos. Uruguay se secó por causas bien conocidas: clubes en crisis económica galopante, venta masiva de futbolistas, nulo trabajo de cantera, ganancia fácil y todo eso aumentado por la falta de relevo en una población que no llega a la mitad de la provincia de Madrid. Pero esta noche, ese viejo Uruguay, perfectamente simbolizado en hombres como Forlán, Lugano, Muslera o el sancionado Luis Suárez vuelve al primer plano de la actualidad. Sobre el césped pondrán todo su palmarés. No creo que con eso les baste pero es que, además, saben jugar al fútbol. Como sus gloriososo antepasados.
Me cuenta Romiti, un compañero de la redacción argentino, que esta noche verá el Uruguay-Argentina en un bar de Madrid rodeado de un buen número de compatriotas, que en Argentina la rivalidad contra los charrúas se vive como un clásico mientras que el papel de enemigo deportivo se reserva para Brasil y el político y social para Chile, el equipo que puede dejarlos fuera de todo si los albicelestes pierden con Uruguay y los chilenos con Ecuador. Lo malo para Romiti y los millones de argentinos que esta noche estarán pendientes de Montevideo como si les fuera la vida en ellos, es que el ‘clásico’ es a vida o muerte y encima, Chile, el ‘enemigo’ al que miran por encima del hombro tiene en su mano el provocar el desastre total, lo impensable, un crack sin precedentes en Argentina. A Chile lo entrena Marcelo Bielsa, argentino y ex seleccionador albiceleste, lo que en principio es una garantía de que habrá fair play en las filas ‘rojas’. Distinto es el caso de Uruguay. El Centenario estará a rebosar en el que es considerado ya el partido más importante en décadas en el pequeño país sudamericano, donde el fútbol es una religión capaz de producir milagros como que una nación con menos de tres millones de habitantes sea bicampeona del mundo. En el Río de la Plata se juntan hoy dos equipos que acumulan cuatro campeonatos del mundo y más de veinte Copas de América. Uruguay lleva más de una década apartada del primer plano de la actualidad y quiere volver. Sabe que el camino más corto es derrotar esta noche a Argentina. Será un partido de pierna fuerte, no apto para cardiacos. Yo creo que terminará ganando la albiceleste porque, aunque están de pena, tienen suerte y Maradona más que nadie. El gol de Palermo ante Perú vale su peso en oro pero eso sí, yo esta noche aunque no sea argentino como Romiti, no me pierdo el partido.