Guti
Estoy cabreado con Gutiérrez, alías Guti. Un tipo que es capaz de hacer con un balón y sobre un terreno de juego lo que hizo el catorce del Real Madrid sobre el césped de Riazor el pasado sábado, debería haber firmado una carrera memorable, indiscutible, casi a la altura de los grandes mitos del fútbol. Evidentemente, no ha sido así. Guti ha sido prácticamente un internacional testimonial con España, nunca fue titular indiscutible en el Real Madrid y, ni siquiera, ha disputado minuto alguno de las finales de Champions que han ganado los blancos en la última década. Con Gutiérrez quedará siempre la sensación de que pudo ser mucho más de lo que realmente ha llegado a ser. Seguramente, a él no le importe demasiado. Es joven, está forrado, ha jugado en el Madrid y en los mejores estadios del mundo y tiene por delante toda la vida para disfrutar de lo ganado pero yo soy de los que piensan que, cuando se juega al fútbol, lo haces porque te gusta, porque eres un enamorado de este deporte, porque quieres levantar la Champions con tu equipo y ser protagonista; porque quieres jugar un Mundial, porque…Guti eligió otro camino y él sabrá las razones por lo que lo hizo. Muchos dicen que es un genio. Para mi, un genio desaprovechado, que dilapidó su talento. Un tacón para la historia, una carrera desaprovechada.











