Twitter: @Israelgmontejo
Ayer, en el partido del Sánchez Pizjuan entre el Sevilla y el Barcelona hubo un futbolista que rindió por encima del resto, incluidos los megacracks azulgranas. Salió en la segunda parte y dio un auténtico recital de cómo jugar al fútbol, dominar los espacios y el tiempo de un partido frenético y emocionante como pocos. Ese futbolista es el malí Frederick Kanouté, un jugador ya veterano, en la recta final de su carrera deportiva pero que anoche, en un duelo de máxima exigencia, destapó el tarro de las esencias no a base de goles decisivos o jugadas desestabilizadoras sino a través de algo mucho más intangible como es el dominio de la escena, el rigor táctico, el saber estar y el conocer las limitaciones que la edad y las lesiones han dejado en su cuerpo para sacar el máximo partido del fútbol que le queda en las botas. Kanouté tocó el balón siempre con critiero, defendió, se ofreció, montó contrataques y ayudó a que el Sevilla tuviera el balón cuando el Barcelona le tenía contra las cuerdas. Lo hizo siempre en el momento justo y a pocos toques, para evitar la presión azulgrana. No se equivocó nunca. Dio pausa y velocidad y eso permitió al Sevilla primero, sobrevivir y, segundo, salir con un punto en un partido que tenía perdido. Fue una exhibición de un futbolista veterano. Una lección de fútbol.
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Camina cuesta abajo y sin freno el Sevilla, no hace tanto temible y competitivo hasta límites insospechados. El mejor Sevilla de la historia y una Supercopa de España, toca a su fin. Algo, en todo caso normal y lógico. En las vitrinas quedan dos Copas de la UEFA, dos Copas del Rey, una Supercopa de Europa trofeos que atestiguan una época gloriosa en Nervión. Monchi, el director deportivo y orfebre reconocido por todos del enorme éxito consechado por un club que se pasó seis décadas sin levantar copa alguna, lleva dos temporadas intentando renovar el plantel campeón. Lo malo para el sevillismo es que, últimamente, no da ni una y eso incide directamente en el equipo. Los tiempos en los que llegaron a buen precio o con tiket de saldo futbolistas como Dani Alves, Baptista, Kanouté, Adriano, Keita, Maresca, Luis Fabiano, Renato, Palop, Escudé o Dragutinovic y se vendió a precio de ferrari a otros como el propio Baptista, Sergio Ramos, Reyes o los mismísimos Dani Alves, Keita o Adriano forman parte de la prehistoria. En la lista de errores se acumulan demasiadas ventas a un rival directo (Alves, Keita, Adriano); el envejecimiento del plantel (Palop, Kanouté, Luis Fabiano, Renato, Escudé, Drago…) dejaron ya atrás sus mejores años y una pésima gestión de los últimos fichajes, saldados casi todos con un estrepitoso fracaso. Con la excepción de Negredo, al que aún se le puede dar el beneficio de la duda, el resto de contrataciones han salido ranas. Ahí están los casos de K0nko, Mosquera, De Mul, Koné, Lautaro Acosta, Boularouz...demasiados errores para un club que ha vivido durante su etapa de esplendor colgado a la libreta de su director deportivo. Cuando ésta se secó, el Sevilla comenzó a caer…La cuestión es saber hasta dónde…
El Sevilla ganó ayer la Copa del Rey, su sexto título en seis años (dos Copas de la UEFA, dos Copas del Rey, una Supercopa de Europa y una Supercopa de España); un ciclo sólo comparable al del Barcelona, aunque sea firmando las ‘copas menores’ y que tiene el enorme mérito de haberlo conseguido atendiendo la realidad del fútbol: si no puedes competir con los más grandes por los títulos may0res, tienes que luchar con todas tus fuerzas por ganar todo lo demás. En el Sevilla entendieron el mensaje a tiempo. Hoy por hoy, Nervión es la sede de un grande de España y de Europa. El sevillismo no olvida que, durante sesenta años, no rascaron absolutamente nada. Fueron un equipo del montón, sin más aspiraciones que ganar los derbys locales ante el Betis y sacar algo de vez en cuando ante el Barcelona o el Real Madrid. Hoy en día, el Sevilla y el sevillismo miran al mundo de igual a igual. Tienen un modelo de gestión deportiva que ha sentado cátedra; ganan títulos y, además, tienen las cuentas saneadas. Del Nido y Monchi forman un tándem inmejorable por una sencilla razón: saben lo que quieren y los caminos que deben transitar para lograrlo. Las vitrinas del Sánchez Pizjuan se han llenado en un lustro al mismo tiempo que las arcas del club se han ido llenando por la venta de canteranos que se consagraron en Nervión y de futbolistas fichados a precio de saldo que salieron con vitola de cracks. Aún así, el modelo necesita una renovación. El once titular que ganó ayer al Atlético de Madrid tiene numerosos futbolistas veternanos que han sido claves en este ciclo triunfal. Ahí están Palop, Renato o Kanouté. O Fabuloso Luis Fabiano no seguirá en el club casi con toda seguridad y otros como Navas también pueden marcharse amen de encontrar un nuevo timonel para el barco, posiblemente Manzano. Hay que reciclarse y renovar el proyecto para que el Sevilla pueda mantener el extraordinario nivel mostrado estas últimas temporadas, las mejores de su dilatada historia.
Esta noche Álvaro Negredo podrá jugar con el Sevilla la final de la Copa del Rey. Una buena noticia para el fútbol. Seguramente, la gente del Atlético de Madrid no lo verá así pero yo, que no soy ni del Sevilla ni del Atlético de Madrid creo que Negredo debe jugar y no lo pienso por algo tan intangible de que es mejor para el espectáculo o que los buenos futbolistas deben estar en las finales sino porque me parece injusto e incomprensible que las tarjetas que un futbolista recibe en una competición, cuenten para otra completamente distinta. No entiendo que una roja en Liga prive de jugar un partido de Copa. Es una norma que la Federación debe plantearse cambiar. Hace unos años le sucedió al Madrid que contó en una final de Supercopa de España con dos expulsados y estos no pudieron jugar la siguiente jornada de Liga. Me parece un fraude y una adulteración de la competición. La FIFA de cara al Mundial también ha suprimido que la acumulación de amonestaciones prive a un futbolista de jugar la Final del torneo. También me parece bien. Sólo habrá sanción para la final si hay una roja directa. En este caso estamos hablando del mismo torneo y me parece correcto para evitar que unas semifinales se conviertan en una batalla campal pero en el caso de dos torneos distintos como son la Copa o la Liga me parece injusto que las tarjetas de uno cuenten para lo otro.
Si me lo cuentan y no lo llego a escuchar, no me lo creo aunque me lo juren y perjuren. Escuché le corte en el programa de la Cadena Ser que dirige Manolo Lama por las tardes. En él, aparece el presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, asegurando que “ve” en la final de la Copa del Rey al Atlético de Madrid y que le ve “ganándola” porque quiere que la gane. Vayamos por partes. Lo de VER al Atlético de Madrid en la final es algo obvio: llega clasificado dos meses. Lo de que la ve ganándola y que quiere que la gane es mucho más grave. En la final hay otro equipo, el Sevilla, tan español y tan afiliado a la Federación Española como el Atlético de Madrid. Supongo que en Nervión las palabras del presidente federativo habrán sentado como un tiro. Yo no recuerdo nunca que un presidente tomase partido de esa forma por un equipo. No lo recuerdo pero además es que me parece gravísimo, es improcedente, chabacano, fuera de lugar y lamentable. Villar ha perdido el norte pero es que, además, si algo ocurriese en le partido que diera la final al Atleti de forma poco clara, el escándalo sería mayúsculo. Al desastre de Villar – ignoro si hizo las declaraciones después de comer o de un aperitivo- se le une el desastre de una federación que no ha tenido ni fecha ni campo para jugar la final hasta ayer y que manda a los seguidores sevillistas a atravesar toda España en un día laborable. Es difícil hacer las cosas peor pero como se ve, si Villar se pone a intentarlo es factible que lo logre.
Cada uno en la vida ve las cosas según le van a él, perdiendo, en muchas ocasiones, la perspectiva. Es lo que le ha debido suceder a Keita durante la rueda de prensa de ayer, en la que aseguró que no vio el derby entre el Madrid y el Atlético porque estaba seguro de que los blancos iban a ganar al tiempo que lanzaba la acusación de que los rivales del Madrid no dan el 100% sobre el terreno de juego. El malí se quedó tan ancho tras soltar la frase. La equivocación del jugador azulgrana es doble. Primero ignora que lo que más puede desear un jugador del Atlético de Madrid o uno de sus hinchas es derrotar al Madrid. Es el rival al que más ‘odian’. Una victoria rojiblanca en el Bernabéu hubiese dejado prácticamente al Madrid sin Liga. Toda una satisfacción, sobre todo si tenemos en cuenta que al Atleti le persigue una maldición histórica en sus duelos vecinales. Dicho esto, la segunda metedura de pata viene por la falta de memoria, por la especie de ataque de amnesia que sufrió el mediocentro del Barcelona. Esta misma temporada, Sevilla, Racing y Valencia dejaron a sus mejores hombres en el banquillo o en casa para enfrentarse al Barcelona en el Nou Camp. Jiménez llegó a alinear a jugadores como Marc Valiente, Koné o Lolo, que apenas cuentan en Nervión, y dejar a otros como Negredo, Renato o Adriano más las bajas de Luis Fabiano, Kanouté o Zokora; Portugal forzo que varios de sus futbolistas provocaran la quinta amarilla (Munitis, Colsa, Tchité) para no jugar en Barcelona y Emery reservó a Villa y dejo en el banquillo a Mata hace tan sólo un par de jornadas. Además, el año pasado el Sevilla repitió jugada sacando a los suplentes en el Nou Camp y la semana pasada Osasuna sufrió una plaga de lesiones en sus puntas; plaga que remitió a la jornada siguiente, tan sólo dos días después. Keita habló por hablar. No recuerdo a jugador del Madrid alguno recriminando las alineaciones de Racing, Sevilla o Valencia. Keita sí habló. Y metió la pata.
Este viernes sale a los puntos de venta habituales un nuevo número de la revista Futbolista. En ella aparecerá la que ya es la última entrevista a Manolo Jiménez, el hasta anoche entrenador del Sevilla. Una entrevista a doble página realizada por Julio Ocampo en el que el entrenador sevillista dejaba muchos titulares. Ninguno de ellos lo va a poder hacer realidad. Jiménez ha llevado al Sevilla a la final de la Copa del Rey. Un logro para un club que durante sesenta años malvivió en la mediocridad y que se ha acostumbrado muy rápido a lo bueno. El técnico sevillista soñaba con ganar la Copa y dedicársela al malogrado Antonio Puerta y a un jugador con el que contaba al principio de año y que está al borde de la retirada prematura como es Sergio Sánchez. Del Nido no le ha dejado hacerlo. El Sevilla, en esta ocasión me ha decepcionado. Dice Monchi que es la primera destitución de Del Nido en once años. No es una destitución cualquiera. Jiménez es historia viva del sevillismo. Toda su vida deportiva se la ha dedicado al club. Como jugador, como técnico de base que llevo al filial hasta Segunda División y sacó futbolistas que han dado muchos millones a las arcas de la entidad y ahora como un entrenador que había dejado al equipo en disposición de ganar un título, algo de lo que no andan muy sobrados por Sevilla. No sé si habrá algo más detrás de la destitución pero a día de hoy me quedo con las palabras de Jiménez en su última entrevista: “Para mi entrenar al Sevilla es todo un honor”. Eso no lo puede decir cualquiera.
Los aficionados al fútbol suelen tener una memoria más bien escasa, selectiva e interesada. Es un mal común a todas las aficiones. La del Sevilla, anoche tras la eliminación de su equipo ante el CSKA de Moscú en la ronda de octavos de final de la Champions League, dio una muestra fehaciente de ello. La grada del Pizjuan estalló en un ¡Jiménez veta ya¡ sangrante y reiterativo al finalizar el partido. Un grito que olvida varias cuestiones de máxima importancia: Jiménez es historia viva del club, el hombre que más veces ha vestido la camiseta de Nervión y, al mismo tiempo, como si esos méritos no valieran, el entrenador que tiene al equipo luchando por la tercera plaza en la Liga, ha llevado al equipo hasta la Champions League por segunda vez en su historia y lo ha clasificado para la final de la Copa del Rey. Unos números magníficos para una entidad que en sesenta años no ganó nada, no jugó final alguna, merodeó siempre por la mitad de la tabla en Primera División y conoció de sobra las profundidades de la Segunda. Pero claro, al aficionado sevillano se le han olvidado esos tiempos oscuros que forman el grueso de su historia. Ya sólo recuerdan los títulos de Juande Ramos, las dos UEFA, la Copa o las Supercopas ganadas en dos años mágicos. Jiménez tiene el mérito de haber mantenido las expectativas, de haberlo hecho siguiendo la línea de trabajo marcada en el club; aguantando el nivel tras la venta de muy buenos jugadores y soportando el paso de los años de puntales como Kanouté, Renato o Palop. El Sevilla de Jiménez es un gran equipo, competitivo y duro de batir, que puede ganar un título este año y que lucha por ser el campeón de la liga que forman todos los equipos de España que no son el Madrid y el Barcelona. Este Sevilla está en su límite histórico pero la gente grita ¡Jiménez vete ya¡. Corta memoria.
Lo que sucedió el sábado, al filo de las doce de la medianoche, la hora en la que se suelen aparecer las brujas, en el Santiago Bernabéu fue lo más parecido a una ciclogénesis, comunmente concocida como tormenta perfecta, que se puede ver sobre un terreno de juego. Pocas veces he visto un huracán de intensidad semejante. El supuesto Madrid timorato y ramplón del ingeniero Pellegrini se convirtió, por arte de magia, en una máquina de hacer fútbol, de disparar a puerta (hasta en 39 ocasiones), de acosar, cercar y derribar al rival. Tres palos, tres goles y un puñado de ocasiones clamorosas en poco más de treinta minutos. Y todo ello ante un magnífico Sevilla, un equipo que es finalista de Copa, que se juega los cuartos de la Champions ante el CSKA y que es, por méritos propios, uno de los grandes de la Liga española. La demostración de fuerza promete un Madrid muy grande a corto plazo pero, claro, esto es fútbol y este miércoles hay un examen definitivo. Vermeos qué versión aparece en liza, la de la tormenta perfecta o la del Madrid más terrenal.
A Palop le llegó la gloria tarde. El meta valenciano supo aguantar y vivir a la sombra de Cañizares en el Valencia durante muchísimas temporadas. Su carrera parecía abocada a vivir siempre en un segundo plano, jugando partidos ‘de la basura’; entrenando y poco más. Ni siquiera una cesión en Villarreal, en la que demostró su valía como titular firmando grandísimos partidos, le valió para mejorar su estatus en Mestalla. Cuando retornó ‘a casa’ volvió a ‘chupar’ banquillo de manera constante. Palop aguantó. Aguantó y espero su oportunidad. Ésta le llego de la mano de ese descubridor de talento en estado puro que es Monchi. El director deportivo del Sevilla vio en este arquero de maneras clásicas al sostén necesario para cimentar con argamasa su proyecto en Nervión. En el Pizjuan se le ha hecho justicia. A Palop nadie le ha regalado absolutamente nada. Ha crecido paso a paso, siempre fiel a su estilo y a su forma de entender el fútbol. Forma parte ya del imaginario colectivo del sevillismo. En sus vitrinas se guardan ya dos Copa de la UEFA, una Copa del Rey, una Supercopa de Europa y otra de España. Es ya una leyenda de la historia del Sevilla. Ahora jugará una final de Copa más. Para un club que estuvo sesenta años sin ganar nada, es importantísimo. En buena parte se lo debe a Palop. Por si fuera poco, en la Eurocopa que España ganó y en la que fue como tercer portero, Palop demostró tener memoria y venerar a los mitos del fútbol: su camiseta de Arconada en la entrega de trofeos era un guiño al pasado que Adidas convirtió en la línea de ropa con la que La Roja aspira a ganar el Mundial. Palop, un grande del fútbol.