El Atlético de Madrid está obligado a dar hoy lo mejor de sí mismo, si es que le queda aún de donde sacar. Se lo debe a sus aficionados y a sí mismo, como club, como entidad, como equipo que un día fue grande. No hace tanto de ello. Esta mañana me ha llamado un amigo de los tiempos del colegio, Fernando, al que cariñosamente apodábamos el ‘negro’. Es ‘indio’ de toda la vida, de los que en cuarto de EGB ya iba al Calderón porque era socio en una época en la que ningún niño éramos socios de un equipo. Ha seguido al Atleti por todos los lados. En Segunda, en la Champions, en UEFA, en Copa…Hoy me ha dicho que no sabe si va a ver el partido de Copa del Rey, que está desencantado, que lo que está sucediendo este año en el equipo no lo ha visto nunca. Supongo, que como la cabra tira al monte, al final lo verá. Y como él miles de hinchas del atlético a los que su equipo les debe no una, sino cientos. El Atleti lleva desde el famoso año del doblete haciendo poco menos que el ridículo. Desde entonces hasta ahora, ha pasado dos años en el Infierno, catorce años sin jugar la Champions, más de una década sin aparecer por Europa y once temporadas ya sin conseguir la victoria que más desean sus seguidores: poner al Madrid de rodillas. Por si eso fuera poco, ‘el negro’ y muchos más han visto hacer al Barca un set en el Calderón y vivido partidos infames año tras año. Por eso el Atleti les debe esta Copa del Rey. Una Copa donde no hay excusa posible. No están el Madrid, ni el Barcelona ni el Valencia y el equipo ha tenido un camino sencillo eliminando al Marbella, el Recreativo y Celta. La Copa significa volver a ganar un título; significa volver a sonreír, signifca asegurarse Europa; significa regresar a Neptuno, significa acabar con años y años de sequía…por eso el Atleti se lo debe hoy al Negro aunque estoy seguro de que, hagan lo que hagan hoy, volverá a estar este domingo en las gradas del Calderón, junto a otros miles de hinchas defraudados hasta decir basta pero locos por el Atléti.
Cuando el barco parece haber tocado fondo, los marineros descubren que aún queda abismo donde recalar. Algo parecido le está sucediendo al Atlético de Madrid, que cae y cae y no termina de tocar fondo. La última prueba es la goleada ‘alcorconera’ encajada en el Colombino ante un Recre que malvive en Segunda y plagado de suplentes. El ‘tropiezo’ es más grave porque la Copa es una competición al alcance de los rojiblancos, un espacio para sonreír tras tantas y tantas tragedias en clave deportivas vividas. Quique, el capitán del barco, lo tiene difícil. Su castigo del día siguiente sacando a correr por la nieve a los jugadores es de patio de colegio. En el ‘Marca’ lo vendieron como una ‘emboscada’ del técnico tras las duras palabras del vestuario tras el partido en las que acusaba a los futbolistas de ‘falta de profesionalidad’. El Atleti necesita una cirugía urgente. A Quique no le debe temblar el pulso a la hora de apartar del equipo a los jugadores no comprometidos. Sus palabras indican que hay jugadores que pasan del tema. Que dé nombres y actúe. Para tener futbolistas que no están dispuestos a meter la pierna, lo mejor es tirar de canteranos. Ese debe ser el primer paso. El segundo será unir de nuevo a un vestuario fracturado. El tercero, buscar la paz social desde los despachos llegando a un acuerdo con la afición: unión a cambio de una modificación en el modelo de gestión. La Segunda está repleta de equipos con la misma pinta que el Atleti. El fondo del abismo está aún por llegar. De seguir así tiene nombre y apellidos: SEGUNDA DIVISIÓN.
El Atletico de Madrid sigue haciendo las cosas a su manera, es decir, regular tirando a mal. Fuera de la Champions League, con el fantasma de la Segunda División cerniéndose sobre el Vicente Calderón; dando una imagen nefasta y con la caja vacía, la única solución que han visto factible en los despachos rojiblancos para intentar salvar los muebles y evitar, al menos, que el equipo esté peleando por eludir el descenso hasta la última jornada, ha sido la de descapitalizar la plantilla aún más con la venta de Sinama al Sporting Club de Portugal y la más que factible cesión de Maxi al Boca con el objetivo de disponer de cerca de 9 millones de euros para reforzar la plantilla, fundamentalmente, en el centro del campo y la defensa. La jugada, por el momento, está a medias. El Atleti tiene el dinero pero pierde a dos recambios de garantías para el Kun y Forlán. Recupera al cedido Pacheco como tercer delantero al tiempo que escuadriña el mercado para intentar reforzarse ‘in extremis’. Dado el historial de fichajes de invierno de los rojiblancos (Richard Núñez,etc,etc) lo más probable es que se gaste lo ingresado en medianías que no mejoren lo presente. El panorama que tiene por delante me huele a desolador. Sin dinero, sin Sinama y Maxi y con el equipo igual de descompensado y venido a menos. Hoy por hoy, la plantilla es más corta y descompensada que hace una semana. Esa es la realidad. Lo que venga la semana que viene, está por ver.
Lo siento por el histórico Athletic pero los leones huelen a Segunda. El Athletic, su afición, Caparrós, los jugadores y hasta el mismísmo San Mamés viven un espectacular síndrome de Estocolmo, secuestrados y embelesados por la final de Copa que disputarán dentro de apenas quince días. Al Athletic se le olvidó jugar al fútbo, tan encantado estaba de conocerse por volver a una final de su torneo un cuarto de siglo después. Desde aquella noche memorable ante el Sevilla, no han hecho nada de nada, excepto perder partidos. Uno tras otro. Ahora, a falta de un mes para el final del campeonato se ve con el agua al cuello, sin la mentalidad que tienen otros clubes más acostumbrados que ellos a vivir y sobrevivir entre el lodo y el fango; con la mente aún puesta en la final de Copa y en cómo navegaría la re mozada gabarra. Huele a un Athletic de UEFA o campeón de Copa pero en Segunda. Un desastre que dice muy poco de la seriedad de una plantilla que se llenó de glamour y olvidó que el mundo es el día a día. Lo siento por el Athletic, pero lo que está haciendo esta segunda vuelta de la Liga no es de recibo.