La increible eliminación (increible por la diferencia de potencial y aspiraciones entre los dos clubes esta temporada) del Real Madrid en los octavos de final de la Champions League ante el Olympique de Lyon hay que inscribirla directamente en el libro negro de la historia madridista. Al Madrid le han echado de Europa en octavos de final las seis última temporadas (Juventus, Bayer, Arsenal, Roma, Liverpool y OL han sido los verdugos). Le han eliminado italianos, franceses, ingleses y alemanes, es decir, representantes de las cuatro ligas más fuertes de Europa. Todo un síntoma que debe ser analizado desde las entrañas de un club que se ha gastado 300 millones de euros en una operación de máximo riesgo diseñada para levanta la Décima Copa de Europa en el mismísimo Santiago Bernabéu. La debacle, a mi juicio, supone una de las derrotas más dolorosas del club. De lo que tengo yo memoria, más o menos desde mediados de los años ochenta, la incluiría dentro del Top 5, junto al Centenariazo ante el Deportivo en la final de la Copa disputada en el Bernabéu; el ‘Alcorconazo’ del pasado mes de octubre, las dos derrotas en la última jornada ante el Tenerife, especialmente la primera, cuando se ganaba 0-2 en el descanso o el 2-6 del año pasado en el Bernabéu ante el Barcelona. Para mi, estas son los seis episodios más sangrantes de la historia reciente. Por supuesto, que los más viejos del lugar recordaran el 9-1 que creó le endosó el Hamburgo o el Kaiserlaurten en la década de los setenta y alguna que otra debacle más hace décadas pero para mi esas seis son las noches más negras. Lo malo para los madridistas es que tres de esos agujeros negros se han producido en el lapso de los últimos doce meses. El jarro de agua fría sobre la ilusión de los hinchas blancos es impresionante. Así es el fútbol.
El Madrid tiene esta noche, a partir de las 20h45, su primer partido a vida o muerte de la temporada. La derrota supondría el primer fracaso de Florentino en su segunda etapa al frente del club. Un traspies duro y complicado de explicar. Pero esto es fútbol y el OL no es rival fácil. Velocidad, competitividad y fútbol físico son una mezcla que no suele digerir bien el club del Bernabéu. Aún así, el Madrid es superior. Muy superior. No juegan Xabi Alonso ni Marcelo pero Pellegrini tiene alternativas suficientes como para armar un once muy por encima de un Lyon que jugó por encima de sus posibilidades en Gerland. El caso es que el Real Madrid lleva cinco años sin pasar de octavos de final. Por historia, por prestigio, por desembolso económico y por el rival que tiene delante, hoy debe romper esa racha pero es que, además, viene jugando a un nivel que en las últimas temporadas no se había visto en el Bernabéu. Por eso toca pasar y seguir en la carrera por estar en la final del 22 de mayo.
Lo que sucedió el sábado, al filo de las doce de la medianoche, la hora en la que se suelen aparecer las brujas, en el Santiago Bernabéu fue lo más parecido a una ciclogénesis, comunmente concocida como tormenta perfecta, que se puede ver sobre un terreno de juego. Pocas veces he visto un huracán de intensidad semejante. El supuesto Madrid timorato y ramplón del ingeniero Pellegrini se convirtió, por arte de magia, en una máquina de hacer fútbol, de disparar a puerta (hasta en 39 ocasiones), de acosar, cercar y derribar al rival. Tres palos, tres goles y un puñado de ocasiones clamorosas en poco más de treinta minutos. Y todo ello ante un magnífico Sevilla, un equipo que es finalista de Copa, que se juega los cuartos de la Champions ante el CSKA y que es, por méritos propios, uno de los grandes de la Liga española. La demostración de fuerza promete un Madrid muy grande a corto plazo pero, claro, esto es fútbol y este miércoles hay un examen definitivo. Vermeos qué versión aparece en liza, la de la tormenta perfecta o la del Madrid más terrenal.
Hace dos semanas, en un Real Madrid-Espanyol, hibo algunos silbidos cuando Pellegrini cambió a Kaka. Fueron pocos y ningún medio de comunicación los reflejó en sus crónicas. Aún siendo pocos, tuvieron un significado especial: el tabú se comenzaba a resquebrajar. Kaka, uno de los intocables del equipo por la cuantía del fichaje, su fama y el aurea de megacrack que le rodea, comenzaba a ser percibido como un ser terrenal por la afición blanca. Tres días después, cuajó un buen partido en Xerez pero en Gerland, ante el Lyon, volvió a aparecer la peor versión del brasileño, la que muestra un jugador sin desborde, que conduce demasiado tiempo el balón, que avanza en horizontal, carece de verticalidad, no le sale un regate y no desequilibra en ninguna de sus acciones. Kaka es uno de los grandes damnificados del partido de ida de los octavos de Champions League. Conozco al Bernabéu muy bien y sé que la afición le está empezando a tomar la matrícula. Algo peligrosísimo. Kaka tiene suficiente calidad para revertir la situación pero el tiempo urge. No tiene más plazo que la vuelta ante el Olympique. El canarinho no está a la altura de lo que él se espera y eso comienza a ser un peligroso lastre para las aspiraciones del Madrid esta temporada. Pellegrini debería protegerle este domingo ante el Villarreal. Una actuación mediocre del astro acompañada de un cambio puede desatar la caja de los truenos. Kaka silbado en el Bernabéu sería un golpe demasiado duro en la línea de flotación del megaproyecto galáctico de Florentino Pérez.
Vuelve la Champions League en la noche de hoy y en dos partes, la mitad de los octavos esta semana y el resto, la que viene. Más fútbol, pero éste de altísimo nivel. No hay nada mejor que la vieja Copa de Europa, al menos para el Real Madrid, el club que ha construido su grandeza en base a sus triunfos en Europa, tanto en blanco y negro, como durante tantos años se le acusó como en los últimos doce años, donde ha ganado más títulos que cualquier otro club (1998,2000 y 2002). Lo malo para los blancos es que esta noche tienene la inexcusable obligación de empezar a revertir la racha de cinco años sin pasar de los octavos de final que pesa como una losa sobre la historia del club. El Madrid no se lo puede permitir un año más, máxime siendo la final en el Bernabéu. Por eso, esta noche toda la presión es para el Madrid. Visita Gerland, un estadio que no se le da nada bien. Allí le espera un Olympique de Lyon en fase de reconstrucción. Ya no es el equipazo en el que despuntaban Benzema o Juninho y sus faltas mortales para Casilllas desde cualquier lugar del campo pero los franceses no son mancos. Ayer leí en El País una entrevista con su presidente, Aulas, en la que hacía una reflexión interesante: “la clave para ganar la Champions es durar”. Y añadía que hace veinte años, el OL tenía 0% de opciones de ganar; hace diez tenía un 2%, hace cinco un 20% y ahora, de eliminar al Madrid, tendría un 50%. Tiene razón Aulas. Para ganar siempre hay que estar ahí. Justo lo que lleva haciendo el Madrid desde hace más de medio siglo. Por eso y mucho más, el Madrid vive obsesionado con la Champions League.
Rueda de prensa casi institucional, medida, pensada para no ofender a nadie, para dar imagen de deportividad, de madridismo, de futbolista que conoce las reglas del juego, las respeta y asume que su etapa como protagonista ya ha pasado y que ahora toca prepararse para otras funciones. Así fue la comparecencia ante los medios de Raúl González Blanco, el gran capitán del Real Madrid, el hombre que ha sido historia viva del club desde mediada la década de los noventa. Raúl ya ha arrojado el guante. Sabe que su tiempo ya ha pasado. Que meterá algún gol decisivo, que puede que a su carrera aún le quede un broche de oro que le permita agrandar aún más su leyenda. Se ha dado cuenta ya. Yo añado que ¡por fin! se ha dado cuenta. Raúl ha dado un paso atrás. Posiblemente, competitivo como es, le hayan obligado a darlo. El siete es hombre inteligente. Ha tensado la cuerda hasta donde ha podido y le han dejado pero lo cierto es que tras haberlo sido todo, la selección juega mejor sin él y el actual Madrid, también. Raúl es el último exponente de la saga mítica de sietes blancos. Ahí están Amancio, Juanito, Butragueño y ahora Raúl. Le quedan un par de años en el primer equipo. Jugará el mismo papel que tuvo otro grande como Sanchis. Después le espera el banquillo o la presidencia en el Real Madrid. Raúl, ayer, empezó a preparar su futuro.
Estoy cabreado con Gutiérrez, alías Guti. Un tipo que es capaz de hacer con un balón y sobre un terreno de juego lo que hizo el catorce del Real Madrid sobre el césped de Riazor el pasado sábado, debería haber firmado una carrera memorable, indiscutible, casi a la altura de los grandes mitos del fútbol. Evidentemente, no ha sido así. Guti ha sido prácticamente un internacional testimonial con España, nunca fue titular indiscutible en el Real Madrid y, ni siquiera, ha disputado minuto alguno de las finales de Champions que han ganado los blancos en la última década. Con Gutiérrez quedará siempre la sensación de que pudo ser mucho más de lo que realmente ha llegado a ser. Seguramente, a él no le importe demasiado. Es joven, está forrado, ha jugado en el Madrid y en los mejores estadios del mundo y tiene por delante toda la vida para disfrutar de lo ganado pero yo soy de los que piensan que, cuando se juega al fútbol, lo haces porque te gusta, porque eres un enamorado de este deporte, porque quieres levantar la Champions con tu equipo y ser protagonista; porque quieres jugar un Mundial, porque…Guti eligió otro camino y él sabrá las razones por lo que lo hizo. Muchos dicen que es un genio. Para mi, un genio desaprovechado, que dilapidó su talento. Un tacón para la historia, una carrera desaprovechada.
A Cristiano le tienen cogida la medida los árbitros de la liga española. Ayer fue Pérez Lasa el que le mandó a la caseta antes de tiempo tras un codazo del portugués a Mtiliga. La expulsión de Cristiano fue justa como tambièn podría haberse quedado en una cartulina amarilla. Una cuestión de criterio. Nadie puede defender que eso no sea roja pero lo cierto es que el crack lleva ya dos rojas, mucho para un delantero al que cosen a patadas y provocaciones todos los partidos, todas las jornadas. CR9 tiene que aprender a controlar sus impulsos pero no es menos cierto que existe un doble rasero peligroso: provocar y dar y dar patadas sale barato. Basta con cabrear lo suficiente al que las recibe para que éste se tome la jusiticia por su mano y devuelva una provocación en formato de patada destemplada o mano que vuela. A Cristiano le esperan tiempos duros en la Liga de las Estrellas. Es la pieza a cobrar. La medalla en el pecho del árbitro ‘valiente’ y de los cazadores de recompensa que pululan por los estadios. Lo cierto es que en toda historia hay un gran perjudicado: el Real Madrid y un beneficiado indirecto: el Barcelona. El Madrid tuvo que jugar en Mestalla y lo tendrá que hacer en Riazor, dos de las salidas más complicadas del calendario, sin su estrella. En A Coruña se juega buena parte de la Liga y va sin su gran figura. Culpa de Cristiano, es cierto, pero señores árbitros, un poco de protección preventiva tampoco vendría mal.
Poco a poco, como el que no quiere la cosa, Pellegrini le está dando la puntilla a Raúl González Blanco, el gran capitán del Real Madrid y un futbolista que lo ha dado todo por la camiseta blanca y ha batido todos los récord batibles y por batir pero que hace tiempo ya que debería haber ido dejando paso. Para los ‘raulistas‘, les diré que Raúl seguirá dando alguna tarde de gloria más. De eso estoy seguro. Tiene oficio y aún fútbol para protagonizar algún momento decisivo. No tengo duda alguna. De lo que tampoco tengo duda alguna es que el ‘alcorconazo‘ significó un punto y aparte en al trayectoria del futbolista blanco. Hasta ese momento, Pellegrini había contemporizado. Sabía que el siete no estaba ya para muchos trotes pero a pesar de ello buscó compromisos: que si rotaciones, que si descansos, que si esto, que si lo otro. Era ya un avance. Ni Juande, ni Schuster se atrevieron a tanto. Tras el desastre de Santo Domingo, el chileno encontró la tormenta perfecta para pasar al Intocable a la reserva. Pellegrini dejó de buscar parches y encontró el remedio: Raúl al banquillo, a aportar experiencia desde los minutos que un jugador de su edad y trayectoria aporta pero no tapando la explosión de futbolistas como Higuaín. El problema era el de siempre. En el fútbol juegan once, no doce ni trece y si Raúl está en el once tiene que dejar de hacerlo Higuaín o Benzemá, o Negredo tiene que irse o Villa no fichar. El Madrid está por encima de los jugadores, por mucho cartel o trayectoria que tengan estos. Dado el primer paso, con Raúl en el banco, el equipo empezó a carburar y ya todo fue más facil. Pellegrini ya ni disimula. Raúl ha pasado de ‘titularísimo’ a no jugar ni un minuto. Ya no es el primer cambio. Su rol en el equipo ha caído en picado. Luis hizo lo mismo y España ganó la Eurocopa. Vuelvo al principio del artículo. Raúl protagonizará algún momento memorable más. Es un viejo guerrero y como tal no se rinde pero al ejército le sirve mejor ahora desde la retaguardia que encabezando el séptimo de caballería.
“A mi Zidane, la verdad, no te creas, no hizo mucho cuando estuvo en el Madrid…” Tal declaración, calificable de mítica, no la hizo un extraterrestre recién llegado de una galaxia cualquiera, sino mi hermano el pasado sábado en el Santiago Bernabéu cuando por la megafonía del estadio anunciaban la alineación del Real Madrid con el doble pivote (Diarrá bueno-Diarrá malo) en la alineación. Los comentarios sarcásticos sobre la creatividad de la media que alineaba Pellegrini fueron interrumpidos por el comentario de marras, provocando la mirada atónita de toda la fila de asientos, en un primer momento, y, segundos después, la carcajada general. Para el Musa, que así se llama el culpable, Zidane ’sólo’ marcó el gol que le dio al Madrid la Novena Copa de Europa, aquella volea monumeltal en Glasgow que se convirtió casi en el acto en uno de los mejores goles de todos los tiempos por la belleza e importancia. Zinedine, al que entrevisté hace unos años en La Manga y me pareció un tipo cercano y nada pagado de su fama, es por derecho propio el Quinto grande de la historia, tras (y por ese orden) Di Stéfano, Pele, Maradona y Cruyff. En mi opinión, Zizou, es el mejor futbolista que he visto sobre un terreno de juego; un jugador capaz de convertir a Francia en campeón del mundo y de Europa y de representar un estilo de fútbol completamente diferente. Zidane fue una revolución, un jugador desequilibrante y capaz de aglutinar detrás de él a un equipo campeón. Eso sí, siempre habrá alguien al que no le parecera suficiente y prefiera a Diarrá, al malo, se entiende.