Peña Real Madrid de Pozoblanco
El pasado sábado compartí ubicación en el Bernabéu con dos peñistas de pura cepa, miembros de la Peña Real Madrid de Pozoblanco, en Córdoba. Durante un buen rato departimos sobre la vida de los peñistas. Ellos eran madridistas, pero su discurso y su amor a los colores era y es extrapolable a cualquier aficionado a un equipo de fútbol que se ve obligado a seguirle desde la distancia de otra provincia. Una distancia que se suple con mucho sacrificio, un sacrificio que, estoy convencido, no es valorado por las directivas de los clubes a los que siguen y quieren con ese amor que sólo se puede sentir desde la distancia. Pues bien, los dos peñistas en cuestión me estuvieron contando sus ‘penas’, que son, en definitiva, las verdades del barquero. Seguro que muchas personas se sienten reflejadas en unos seguidores capaces de cogerse un autobús a las siete de la mañana, ‘chuparse’ 500 kilómetros para ver al equipo de sus amores; pagar una pasta por una entrada en el tercer o cuarto anfiteatro de un estadio porque es la única ubicación que le facilitan desde el club; verse el partido y volverse de madrugada a su casa, otros 500 km de vuelta tras comer un bocadillo en el descanso. A eso hay que añadir las cuotas que pagan como miembros de la peña; las aportaciones que hacen al club en conceptos como socios de la fundación, miembro de la asociación de peñas y demás apuntes contables que poco a poco se van desgranando. Apenas reciben nada a cambio. Est0s peñistas me hablan que para partidos importantes, el Madrid no les manda más que dos entradas, previo pago, para que sorteen entre todos los socios; tampoco pueden planificar con tiempo los viajes porque nadie sabe hasta pocos días antes a qué hora juega el equipo y, por si fuera poco, no tienen ningún beneficio ni privilegio a la hora de sacar entradas para partidos. Eso sí, pagan todo religiosamente y forman parte de la base social del club al que quieren, en este caso el Madrid. Durante muchos años, las peñas han sido la base de la pirámide de los grandes clubes. Mal harían los actuales dirigentes de estos equipos en olvidarlo. Cuando Cristiano, Messi o el Kun dejen de vestir la camiseta blanca, azulgrana o rojiblanca, ellos seguirán estando ahí, vistiendo una zamarra que llevan puesta desde que nacieron. Seguramente hasta la muerte. Un respeto para los peñistas.










