Me cuenta Romiti, un compañero de la redacción argentino, que esta noche verá el Uruguay-Argentina en un bar de Madrid rodeado de un buen número de compatriotas, que en Argentina la rivalidad contra los charrúas se vive como un clásico mientras que el papel de enemigo deportivo se reserva para Brasil y el político y social para Chile, el equipo que puede dejarlos fuera de todo si los albicelestes pierden con Uruguay y los chilenos con Ecuador. Lo malo para Romiti y los millones de argentinos que esta noche estarán pendientes de Montevideo como si les fuera la vida en ellos, es que el ‘clásico’ es a vida o muerte y encima, Chile, el ‘enemigo’ al que miran por encima del hombro tiene en su mano el provocar el desastre total, lo impensable, un crack sin precedentes en Argentina. A Chile lo entrena Marcelo Bielsa, argentino y ex seleccionador albiceleste, lo que en principio es una garantía de que habrá fair play en las filas ‘rojas’. Distinto es el caso de Uruguay. El Centenario estará a rebosar en el que es considerado ya el partido más importante en décadas en el pequeño país sudamericano, donde el fútbol es una religión capaz de producir milagros como que una nación con menos de tres millones de habitantes sea bicampeona del mundo. En el Río de la Plata se juntan hoy dos equipos que acumulan cuatro campeonatos del mundo y más de veinte Copas de América. Uruguay lleva más de una década apartada del primer plano de la actualidad y quiere volver. Sabe que el camino más corto es derrotar esta noche a Argentina. Será un partido de pierna fuerte, no apto para cardiacos. Yo creo que terminará ganando la albiceleste porque, aunque están de pena, tienen suerte y Maradona más que nadie. El gol de Palermo ante Perú vale su peso en oro pero eso sí, yo esta noche aunque no sea argentino como Romiti, no me pierdo el partido.
Ya no me queda duda alguna si es que alguna vez las albergué: Argentina, doble campeona del mundo y una de las selecciones sin las que el fútbol no termina de entenderse, está en manos de un hincha, de un forofo que bien podría estar ocupando una tribuna o formando parte de una barra antes que dirigiendo los designios de una albiceleste que está penando lo indecible para estar en el próximo Mundial de Sudáfrica. Cierto es que en esto del fútbol las cosas no son como empiezan sino como acaban pero por lo que a mi respecta en relación a Maradona no tengo duda alguna: Argentina tiene un hincha en el banquillo. No un entrenador, ni un segundo entrenador ni un preparador físico y ni siquiera un utillero. Tiene un hincha metido a dirigir los designios de un equipazo (Messi, Tévez, Agüero, Higuaín, Mascherano, Verón, Zabaleta, Otamendi…) a los que, seguro, arenga con cánticos y apelaciones a la testiculina pero a los que no sabe colocar, ni dirigir, ni aprovechar al ciento por ciento de su capacidad. Con el hincha en el banquillo, Argentina ha sido humillada por Bolivia, Brasil y Paraguay y ha ganado sobre la bocina a Perú, con piscinazo indecente incluido del hincha que ocupa el banquillo. Mañana, en el Centenario de Montevideo, la albiceleste se juega la vida. Si ganan, estarán en el Mundial y tampoco tengo duda alguna de que Maradona se enfundará la albiceleste y pasará facturas a diestro y siniestro como si de un hincha discutiendo en una taberna se tratará. Si pierde, habrá drama, tan grande como el mayor que un hincha sin plan y sólo corazón pueda soportar. Una pena que un grande del fútbol mundial esté en unas manos que deberían dedicarse a animar y apoyar desde la grada y no a ‘piscinear’ y cantar como un ‘tifosi’ cualquiera. Argentina, ¡qué buen vasallo si tuviera buen señor!
Argentina está con el agua tan al cuello que se juega la vida este fin de semana contra Perú (atención al Argentina-Perú del año 78, que puede suceder algo parecido. Es un aviso para navegantes) y más aún el miércoles en un Uruguay-Argentina en el estadio Centenario de Montevideo que puede ser memorable si los celestes no la pifian en Quito, ante Ecuador en un partido en el que los andinos también se la juegan a una carta. Ahora mismo, la clasificación directa la marca Ecuador con 23 puntos, Argentina 22, Uruguay 21 y Venezuela, 21. Los argentinos no se han visto en otra y igual desde hace mucho. Y se les empieza a ver el nerviosismo en los ojos. Maradona no ha hecho más que hundir más al equipo y ya empieza a buscar enemigos a los que cargar el mochuelo de una hipotética eliminación albiceleste. Su antiguo mentor, Bilardo, es el primero en la lista negra. Mientras, Grondona, caya y maniobra por los despachos en busca de buenos árbitros para los dos partidos que quedan y los jugadores viven casi en estado de paroxismo, una situación que se agudiza por la errática política de D10s al que lo mismo le vale Palermo que el ‘pipita’ Higuaín. A Maradona ya casi no le entienden ni los suyos y mientras, el Centenario se prepara para la batalla más grande que ha visto Sudamérica en los últimos años y Perú, la cenicienta del grupo, llega, dicen, con la chequera repleta de dólares para el supuesto caso de que den la campanada. Fútbol es fútbol.
Italia es hoy día un equipo envejecido, venido a menos, plagado de futbolistas algo más que veteranos, caduco y fundido físicamente por una cuestión de ley natural: la mayoría de sus jugadores tienen más años que la tana. Dicho esto, estoy seguro de que en el próximo Mundial volverán a estar en la lucha por el título, algo que sólo se puede explicar desde el espíritu competitivo que siempre ha caracterizado a la ‘azurra’ en las citas mundialistas. Los italianos son cuatro veces campeones del mundo y no me extrañaría que lograran el año que viene el pentacampeonato pero quizás, Lippi debería facilitar un poco las cosas renovando a un plantel que se ha quedado anclado en las mieles del triunfo en 2006. Italia y el Calcio en general vive de las rentas y envejece mirándose el ombligo. En el equipo que ha fracasado estrepitosamente en la Copa Confederaciones hay futbolistas como Cannavaro, Zambrotta o Grosso que hace tiempo que vivieron sus mejores momentos. Tampoco están ya para jugarse la piel en cada jugadores como Luca Toni, Pirlo, Iaquinta, Camoranesi, Gatusso o Buffon y el recambio apenas se intuye en futbolistas como De Rossi o Rossi. No hay mucho más. Lippi, el hombre que conquistó el Mundial, no tiene mucho donde elegir pero la renovación urge. La Italia de hoy en día es lo más parecido a un asilo geriátrico que se puede ver sobre el césped de un estadio. De seguir así, darán algún día de gloria más pero yo no tengo duda alguna de que sus mejores tiempos ya habrán pasado.