Me llama poderosamente la atención el esfuerzo que hace Pep Guardiola en todas las ruedas de prensa por alabar y potenciar en todo lo que puede a Lionel Messi. ‘La Pulga’ es el jugador de la plantilla más nombrado por el mister, y siempre en términos elogiosos, recordando cuántas veces puede que es el mejor del mundo, que es determinante, que es patrimonio del fútbol, que hay que mimarlo…Guardiola, desde luego, lo hace. Su insistencia me llega a poner mosca. ¿Necesita Messi que le estén dorando el oido de forma continua para mantener el nivel sideral que está demostrando sobre el terreno de juego desde que Pep es su entrenador? No lo sé pero sí que me deja la impresión de que ‘La Pulga’ necesita la protección de su mister para rendir al máximo lo que me genera dudas de cara al futuro: ¿Mantendría su nivel de juego si no estuviera Pep en el banquillo? Las alabanzas llegan a tal punto que otros jugadores de la plantilla como Xavi o Iniesta, competidores por el Balón de Oro con el argentino, pasan casi desapercibidos. No creo que Pep los haga de menos pero sí que pienso que no necesitan la vaselina para sentirse importantes. La estrategia está clara. Hay que tener entre algondones anímicos a Messi, sin duda alguna el futbolista más decisivo del planeta a día de hoy, y de esa estrategia comulgan todas los estamentos del club, incluidos sus compañeros de plantel, pero ¡ojo¡ veremos qué sucede en un futuro cuando el nivel de protección baje. De momento, la patente la tiene Pep. Maradona ya intentó lo mismo durante el pasado Mundial pero no le salió la mitad de bien que le sale al de SantPedor. Quizás fue que viniendo de D10S los halagos no eran tan creíbles.
Por soez, por zafio, por no ser un ejemplo para nadie y menos aún para los miles de niños que ahora son adolescentes que soñaron con un gol de otra galaxia que casi valió un Mundial; por pensar que el haber sido uno de los mejores futbolistas de la historia de un juego es más que nadie en el mundo; por ser la peor cara visible de un país que pretende ser serio, por no saber asumir las críticas, por no saber perder, por arruinar su fama y no estar a la altura de su leyenda, por no saber que en la victoria es donde se mide a los hombres de bien y, por qué no, por casi dejar fuera del Mundial a una selección como es la Argentina, bicampeona del mundo…¡Váyase señor Maradona!
Argentina ganó al final, en un partido como dice Walter Evans en su post, tensó y emocionante pero con nada de fútbol. La albiceleste ganó y Maradona, al que apodan D10S y se cree D10S, cayó más bajo que nunca al mandar a los periodistas ‘ a mamarla’ en una rueda de prensa indigna. Argentina no se merece un seleccionador como él. Todo el país vive secuestrado bajo el aurea manchada de grosería y barriobajerismo que destila un hombre enfrentado con la vida y que se cree por encima del bien y del mal. Diego Armando Maradona fue el mejor futbolista del mundo en su momento, seguramente vengó una afrenta política y el orgullo de un pueblo con sus goles de otra galaxia y con la mano ante Inglaterra en el Mundial 86 y es más que seguro que en Nápoles existe un antes y un después de Diego pero todo eso le convirtió en un personaje zafío, que lo tuvo todo y todo estuvo a punto de perder por no saberse manejar en la vida, por incumplir las normas más básicas, las que distinguen a los hombres de bien de los inconscientes. No hay nada peor que un inconsciente que se cree D10S. Argentina no se merece un individuo así al frente de su selección, de su imagen pública. Para mi, el fútbol es, en la mayoría de los casos, un resumen de lo que es la vida. A través de este deporte se pueden explicar muchas cosas. Saber ganar, perder y competir con la cabeza alta es una enseñanza que se puede trasladar a cualquier orden de la vida. Ayer por la noche, tras ganar en el Centenario de Montevídeo, Maradona demostró que no sabe estar, que no sabe ganar. Y eso es mucho peor que no saber perder. Yo, si me cruzara por la calle con D10S me cambiaría de acera. No me fío de alguien que no da la talla cuando gana y muestra tal grado de venganza y zafiedad. Vigilaría mi espalda. Lo siento por Argentina.
Ya no me queda duda alguna si es que alguna vez las albergué: Argentina, doble campeona del mundo y una de las selecciones sin las que el fútbol no termina de entenderse, está en manos de un hincha, de un forofo que bien podría estar ocupando una tribuna o formando parte de una barra antes que dirigiendo los designios de una albiceleste que está penando lo indecible para estar en el próximo Mundial de Sudáfrica. Cierto es que en esto del fútbol las cosas no son como empiezan sino como acaban pero por lo que a mi respecta en relación a Maradona no tengo duda alguna: Argentina tiene un hincha en el banquillo. No un entrenador, ni un segundo entrenador ni un preparador físico y ni siquiera un utillero. Tiene un hincha metido a dirigir los designios de un equipazo (Messi, Tévez, Agüero, Higuaín, Mascherano, Verón, Zabaleta, Otamendi…) a los que, seguro, arenga con cánticos y apelaciones a la testiculina pero a los que no sabe colocar, ni dirigir, ni aprovechar al ciento por ciento de su capacidad. Con el hincha en el banquillo, Argentina ha sido humillada por Bolivia, Brasil y Paraguay y ha ganado sobre la bocina a Perú, con piscinazo indecente incluido del hincha que ocupa el banquillo. Mañana, en el Centenario de Montevideo, la albiceleste se juega la vida. Si ganan, estarán en el Mundial y tampoco tengo duda alguna de que Maradona se enfundará la albiceleste y pasará facturas a diestro y siniestro como si de un hincha discutiendo en una taberna se tratará. Si pierde, habrá drama, tan grande como el mayor que un hincha sin plan y sólo corazón pueda soportar. Una pena que un grande del fútbol mundial esté en unas manos que deberían dedicarse a animar y apoyar desde la grada y no a ‘piscinear’ y cantar como un ‘tifosi’ cualquiera. Argentina, ¡qué buen vasallo si tuviera buen señor!
Argentina está con el agua tan al cuello que se juega la vida este fin de semana contra Perú (atención al Argentina-Perú del año 78, que puede suceder algo parecido. Es un aviso para navegantes) y más aún el miércoles en un Uruguay-Argentina en el estadio Centenario de Montevideo que puede ser memorable si los celestes no la pifian en Quito, ante Ecuador en un partido en el que los andinos también se la juegan a una carta. Ahora mismo, la clasificación directa la marca Ecuador con 23 puntos, Argentina 22, Uruguay 21 y Venezuela, 21. Los argentinos no se han visto en otra y igual desde hace mucho. Y se les empieza a ver el nerviosismo en los ojos. Maradona no ha hecho más que hundir más al equipo y ya empieza a buscar enemigos a los que cargar el mochuelo de una hipotética eliminación albiceleste. Su antiguo mentor, Bilardo, es el primero en la lista negra. Mientras, Grondona, caya y maniobra por los despachos en busca de buenos árbitros para los dos partidos que quedan y los jugadores viven casi en estado de paroxismo, una situación que se agudiza por la errática política de D10s al que lo mismo le vale Palermo que el ‘pipita’ Higuaín. A Maradona ya casi no le entienden ni los suyos y mientras, el Centenario se prepara para la batalla más grande que ha visto Sudamérica en los últimos años y Perú, la cenicienta del grupo, llega, dicen, con la chequera repleta de dólares para el supuesto caso de que den la campanada. Fútbol es fútbol.
A Diego Armando Maradona se le empiezan a detectar costurones de humanidad que le alejan de la condición de semidios que goza en Argentina. Grandona le dio las riendas de la albiceleste por aclamación popular y quizás por ser el único que, por el prestigio que goza, era capaz de poner paz entre los clanes que campan a sus anchas por el vestuario argentino. A Basile le devoraron los resultados y su incapacidad para dominar una caseta enfrentada. Con Maradona, Grandona pensó que nadie iba a osar toserle y que la paz llegaría y con ella los buenos resultados. No está siendo así. Maradona llena todo lo que se refiere a la selección. Su imagen y su condición de D10s tapan, por el momento, las muchas carencias que tiene el equipo. Argentina corre serio peligro de quedarse fuera del Mundial de Sudáfrica, lo que sería un fracaso inimaginable. Las tensiones internas las intentó zanjar Diego ‘cargándose’ a Riquelme pero tras la marcha de Roman el equipo ha encajado un 6-1 en Bolivia (la derrota más sangrante desde Suecia 58 si quitamos el 0-5 que le endosó la Colombia de Maturana en Buenos Aires hace poco más de una década) y 2-0 en Ecuador. Argentina está contra las cuerdas , se hunde poco a poco y a D10s no se le ocurre, por el momento ideas que la salven del naufragio absoluto. Maradona tira de prestigio para tapar el caos pero, por el momento, su Argentina juega peor y le va peor que cuando era dirigida por un simple mortal.
Diego Armando Maradona ha resucitado. Ya es oficial. D10s vuelve a ser la referencia futbolística, social, económica y, si me apuran, hasta política de Argentina. Es lo que tiene ser D10s. La albiceleste ya no existe. Existe Diego Armando. ‘El Pelusa’ lo es todo en su país, que le venera hasta límites que rozan lo paranormal. Ahora es el director técnico, como dicen allá, de la Selección y no existe otra cosa que Maradona. Ni Messi, ni Aguero, ni Tévez, ni el eterno Zanetti son importantes. Todos y todo está eclipsado ante la luz que desprende Maradona. El país entero reza para que Maradona les devuelva el campeonato del mundo que él mismo les dio cuando D10s vestía de corto y dejaba tumbados ingleses sobre el césped del estadio Azteca. D10s cogió un equipo roto en mil pedazos y dividido en clanes irreconciliables bajo la batuta del Coco Basile con una sola misión: devolver a Argentina al trono del mundo. Van tres partidos y van tres victorias. Escocia, Francia y Venezuela ya conocen la ira de D10s. Los futbolistas y el pueblo le veneran y el equipo -es lo que tienen los milagros- han enterrado sus diferencias. Ya no se odian ni se miran con recelo. Ahora juegan como los ángeles. Mientras, Dios, en la banda, se persigna y piensa que clase de ayuda divina necesita para convertir a Argentina en la próxima campeona del mundo. Quizás Diego aún no tenga la receta pero en la grada sí lo saben: “MARADONA Y ONCE MÁS”. Así de sencillo, así de simple. Cuando se juega con D10s de tu parte no hace falta nada más.