Fernando Torres rompió anoche la banca del mercado de invierno. Su fichaje por el Chelsea y el abandono a mitad de temporada del Liverpool han causado conmoción en la Premier League, que se vio abocada a una cascada de fichajes intempestivos de última hora que hacen que el panorama del campeonato inglés a partir de esta misma noche sea radicalmente distinto al que conocíamos hasta el pasado fin de semana. La ‘compra’ de Torres por el club del que es propietario el magnate Abramovich, dificilmente será perdonada por la hinchada de Anfield Road. A los seguidores del Liverpool siempre les ha caracterizado su amor y fidelidad a unos colores que llevan defendiendo el nombre de la ciudad de Mersey desde hace casi 150 años. Por eso, la marcha de Torres ha creado una herida que será muy complicado cicatrizar . Pero aún así, el fichaje deja en las arcas ‘reds’ casi 60 millones de euros. Mucho más de lo que pagó el Liverpool al Atleti y eso en una coyuntura económica más que complicada y habiendo rentabilizado en buena parte el dinero que pagaron al club del Calderón. Torres ha batido registros goleadores en Anfield. Ha sido siempre un profesional que nunca se escondió. Su marcha, indudablemente duele y no es entendible desde la mentalidad de un supporter del Liverpool, pero poco o nada tiene que ver con el dinero. Torrer es fiel a sus principios: quiere ser un grande del fútbol. Ganar títulos. Por eso abandonó el Atlético de Madrid y por eso abandona ahora el Liverpool. El proyecto por el que fue contratado por Benítez ya no existe. El Liverpool se ha descapitalizado económica y deportivamente estos años. Está muy lejos de ser el equipo que prometieron al ‘Niño’. Por eso Torres sale de allí. Lo hace buscando títulos, no dinero.
Juega el Liverpool en el Vicente Calderón y eso ya de por sí es una gran noticia para un Atlético de Madrid que comenzó la temporada mirando con temor hacia el pozo de la segunda división y que la termina con una final de Copa del Rey en lontananza y un premio gordo como es el tener que disputar un partido de enjundía europea y ante un rival de leyenda en su estadio. Los aficionados rojiblancos sueñan con un ‘doblete’ en una temporada marcada por los problemas. El Atleti se ha acostumbrado a vivir con ellos durante lo últimos diez años. Ahora, al menos, los rentabiliza. En la Europa League ha firmado una trayectoria meritoria. Ni gana ni pierde partidos pero se muestra sólido y competitivo. Cierto es que llegó hasta ella gracias a su desastrosa actuación en la fase de grupos de la Champions pero eso ya pertenece al pasado. Ha eliminado a Galatasaray, Sporting Club y Valencia. De seis partidos ha ganado uno pero ha sido mejor que sus tres rivales, todos ellos con nombre y peso europeo. Ahora espera el Liverpool. Los ‘reds’ llegan sin Torres pero con la necesidad de ganar la Europa League para salvar su penoso año en Champi0ns y Premier. Los dos son perdedores de la máxima competición continental pero ambos quieren el título. Un gran partido y un gran premio para una afición necesitada de alegrías. Ver esta noche al Liverpool con un pase a una final europea en juego, no es un premio menor.
Chelsea y Liverpool dieron ayer una lección de lo que debe ser un partido de Champions League, la mejor competición del mundo, el torneo en el que hay que darlo absolutamente todo y no dejarse nada para después. Para los aficionados al fútbol, fue un partido digno de ver, de los que aumentan nuestra pasión por este juego. Además, si yo fuera hincha del Liverpool me hubiera vuelto a mi casa ayer con una sonrisa de oreja a oreja y plenamente identificado con mis jugadores. Siempre he pensado que al fútbol se puede perder pero que cuando llega la derrota hay que mirarla cara a cara y dejándolo todo en el campo. Precisamente lo que hizo ayer el equipo de Benítez en Stanford Bridge. Su actitud luchadora y de no entregar nunca el guante a pesar de llevar un 1-3 adverso de Anfield es la que permitió el partidazo de anoche. Exigió al Chelsea el máximo esfuerzo, le acosó y atacó y le hizo ver que nada estaba decidido. Los ‘blues’, muy grandes también, aceptaron el reto. El resultado es el monumento a la épica de la que fuimos testigos anoche. Un ejemplo para todos, especialmente aquellos que dan los partidos y eliminatorias por decididas en el túnen de vestuarios.
El Liverpool ha firmado una semana de oro. Meter cuatro al Real Madrid y cuatro más al Manchester United en el mismísimo Old Trafford no está al alcance de cualquier equipo . El Liverpool no es el mejor equipo del mundo ni por individualidades ni plantilla pero sí que tiene, hoy por hoy, al que es posiblemente el mejor entrenador del mundo: Rafa Benítez. Hacer un cuatro a dos potencias futbolísticas del tamaño de Real y ManU es una proeza que, seguro, va a ser recordada durante muchos años en los pubs cercanos a Anfield Road. El Liverpool no hace un gran fútbol; no derriba a sus adversarios a base de oleadas de juego espectacular. Simplemente, los somete a base de sentido común, de planificación, de tácticismo y fuerza física. Es decir, los bate gracias al trabajo de un entrenador que conoce su oficio y sabe lo que quiere. El Liverpool de Benítez es un equipo de autor, con sello propio. Sólo Gerrard, Torres y Xabi Alonso tienen un punto más que el resto de jugadores. El resto son futbolistas que en unas manos que no fueran las de Benítez no dejarían de ser uno más. Con menos equipo aún, Benítez ganó la Copa de Europa de 2005 y antes que eso, hizo al Valencia doble campeón de Liga y campeón de la UEFA. Benítez sienta cátedra a orillas del Mersey con una fórmula muy simple: saber qué querer y cómo llegar hasta ello. Muchos entrenadores no lo tienen tan claro. Es la diferencia entre los cracks y los mediocres.
Hablar de Anfield Road, Liverpool y Real Madrid es entrar de lleno, sin preámbulo en la historia del fútbol. Catorce Copas de Europa adornan las vitrinas de dos de los tres clubes más grandes del mundo. Falta el Milán para formar un triunvirato mágico e inigualable. Liverpool y Real Madrid se miden hoy con ligera ventaja para los reds. Ganaron en el Santiago Bernabéu por 0-1 y eso les coloca en situación de privilegio en la parrilla de salida. Anfield contendrá el aliento durante noventa minutos. En Liverpool saben que la grandeza y la leyenda del Real Madrid se construyó en base de partidos como el de esta noche; citas en las que todo parecía perdido y terminaron enmarcadas como noches mágicas, remontadas históricas. Nunca antes en la historia el Real Madrid remontó un 0-1. Delante está el Liverpool de Benítez, el Liverpool de Gerrard y Torres y lo que es aún más peligroso, el Liverpool de ‘The Kop’, de Ian Rush, Kenny Dalglihs, Kevin Keegan.…es un duelo de pesos pesados, un choque de trenes, un combate entre dos colosos que se temen, se respetan y se admiran desde la distancia y la grandeza de sus respectivas historias. Por eso, esta noche, el Madrid necesita jugar como hace años que no lo hace e invocar su mermado espíritu europeo, ese que en el momento preciso, a la hora exacta hace que un taconazo sobre la línea de cal de Old Trafford en una eliminatoria casi igual de difícil que ésta se convierta en un hecho reseñable durante décadas. El Real Madrid necesita hoy a Fernando Redondo, a Juanito, a Santillana, a Zidane.…es hora de invocarlos.
Rafa Benítez dio una auténtica lección táctica y, lo que es más importante, de poder como entrenador en la noche europea de ayer en el Santiago Bernabéu. Benítez tomó una decisión que no es nada fácil: Gerrard salía de una lesión y prefirió sentarle durante 85 minutos y poner en su lugar a un futbolista en plena forma. La gran figura inglesa jugó los últimos cinco minutos. El año pasaso, ante la Roma, el Real Madrid alineó a un puñado de sus mejores futbolis6tas recién salidos de una lesión (Robinho, Van Nistelrooy, Sneijder) y el equipo fue una caricatura fisica y de falta de ritmo. Contra todo lo que pueda parecer, Benítez empezó a ganar el partido ayer al sentar a un Gerrard que ya será plenamente de la partida en el duelo de vuelta en Anfield. Al margen de esa decisión, el libreto táctico de Benítez fue formidable. A muchos no le gustará el juego que practica el Liverpool pero lo cierto es que los ‘red’ son un equipo de autor. Todo lo que hacen está ensayado milimétricamente. No hay resquicios tácticos. Benítez estudia los partidos al detalle y eso se volvió a notar ayer. Robben se veía obligado a encarar un dos contra uno cada vez que cogía el balón; Higuaín y Raúl estuvieron siempre inmersos en una tela de araña infranqueable; Kuitj desgasta entre líneas a la defensa rival; Mascherano garantiza músculo y Xabi Alonso, imperial en todas sus acciones. Un equipo moldeado, trabajado y perfectamente estructurado. Benítez demostró ayer una vez más lo gran entrenador que es. Por eso se permite sentar a Gerrard y por eso es respetado en Anfield Road.