Atlético, reconstrucción total
Nada hay peor que la autocomplacencia y el autoengaño. Eso es lo que le está sucediendo a un Atlético de Madrid abocado al desastre y que, tras eliminar al Marbella, Recreativo de Huelva y Celta en la Copa del Rey, pretende tapar sus muchas vergüenzas mostrando su semifinal de Copa como la muestra irrefutable de que el equipo sigue siendo grande. Hablemos claro, sin pelos en la lengua: el Atlético de Madrid da pena. Pena deportiva, institucional y económica. Y eso no lo va a tapar ni siquiera un más que discutible, hoy por hoy, título de Copa del Rey. Indudablemente, los aficionados rojiblancos disfrutarán lo suyo pero tras las celebraciones deberían de dejar de mirarse el ombligo y afrontar una catarsis. Un terremoto que, a mi juici0, debe comenzar con la remodelación de la cúpula directiva del club. La entidad es de Gil Marín y no creo que a nadie le guste perder dinero por lo que deberá ser él quien tome las decisiones. Éstas deben pasar por un cambio de modelo y por el trabajo a medio plazo. El Atleti ya no es un grande pero tiene una formidable masa social detrás de él. El futuro tiene que pasar por la cantera, por trabajar con gente de la casa y ahorrar dinero para fichar a dos cracks que eleven el nivel. Ese trabajo en la cantera significa tener mejores instalaciones, buenos ojeadores, grandes técnicos de base y una forma de entrenar desde el primer equipo al alevín parecida. Una misma filosofía de club para todos. Si se hace bien, los resultados tardarán en llegar pero terminarán llegando. Ahora ni llegan ni se esperan. El club necesita un entrenador del primer equipo de perfil bajo, que beba de esa filosofía y necesita explicar a sus aficionados lo que toca vivir en temporadas venideras. Se avecinan tiempos muy negros en el Calderón y ni siquiera la Copa los aclarará, aunque lo disfracen como lo disfracen.










