De la serie de Real Madrid-Barca que estamos viviendo me da la impresión que vamos a tener una víctima colateral: la selección española, ‘La Roja’. Aún quedan por disputarse la final de la Copa del Rey y la madre de todas las batallas que es la eliminatoria de semifinales de Champions League. Habiéndose jugado el 25% de la Final Four y precisamente el 25% menos importante, el pique entre los dos equipos es tal magnitud que no me extrañaría nada que el partido de mañana en Valencia termine como el rosario de la aurora, con una tangana de las que hacen época. Los roces entre jugadores que forman parte del núcleo de la selección española empiezan a ser preocupantes. Futbolistas como Piqué (el gesto de la manita y las supuestas burlas que lanzó en el túnel de vestuario, con supuesto escupitajo de Pepe incluido); la dureza de Ramos con Villa, los choques entre Busquets con varios integrantes del Madrid…todo indica que la temperatura va subiendo y si a alguno se le va la mano o la boca, Del Bosque tendrá muchas dificultades para reconducir la situación y restaurar el buen rollo que ha sido una de las claves de España en la conquista de la Eurocopa y el Mundial. De lo que pase mañana y en la Champions pueden pasar muchas cosas y visto como está la temperatura ambiente, me temo que van a pasar.
Hoy se está decidiendo en Zurich la sede de los mundiales de 2018 y 2022, una decisión que, en lo que se refiere a 2022, está más que mascada: me juego vari0s post a que lo organiza Qatar. Cumple todos los requisitos FIFA: es un país emergente, está en Asia, ya ha organizado varios torneos de categorías inferiores y, lo que más cuenta, están forrados. Los qataries llevan haciendo una callada labor de lobby desde hace ya varios meses. A Doha y, especialmente la lujosa Academia Aspire, llevan viajando los que deciden y los que pintan en el fútbol desde hace por lo menos un lustro. Sandro Rosell, de eso sabe un poco. Con 2018 hay un poco más de dudas. Me cuenta un inglés bien relacionado que España tiene doce votos, por lo que habría Mundial pero como lo que hoy la FIFA decide, ante todo, el volumen de negocio que moverá en la próxima década y lo que va a trincar, pues en cuestión de dinero, los rusos son los qataries de Europa. Lo malo de todo esto es que 22 personas, bien alimentadas y bien dormidas, sean los que tienen el poder de decidir algo tan importante, que mueve miles de millones. Ayer leí un twitter muy interesante de Trecet en el que hablaba de los gastos de personal de la FIFA. Era espectacular. Hoy en Zurich se decide la sede del Mundial e intimamente ligada a esa decisión, cuánto va a costar, qué empresas se van a forrar, qué multinacionales van a incrementar las cuentas de resultados y quienes van a pasar de ser multimillonarios a multimultimillonarios. Todo eso en unas horas. De lo que yo estoy seguro, es que yo, ni ninguno de mis amigos, van a estar en ese grupo. Eso sí, posiblemente estemos en las gradas si el Mundial viene para España.
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Mi editorial de este mes en el número 92 de la revista Futbolista
En un fútbol encolerizado como el que vivimos en estos momentos, en permanente estado de excepción y con sus protagonistas con las pinturas de guerra y el hacha en la mesilla de noche, se agradece sobremanera el verbo pausado y la calma que destila Vicente Del Bosque, el seleccionador campeón del Mundo. El estilo del salmantino, por desgracia, no vende, pero sus resultados están ahí, a la vista de todos. Nadie tiene su hoja de servicios: campeón del mundo, dos veces campeón de Europa, campeón de la Liga española, de la Intercontinental… Del Bosque es hombre de palabra, accesible y cercano. Además, tiene un ‘defecto’: sabe de fútbol. Una conversación con el jefe de ‘La Roja’ huye inexorablemente de polémicas, de ‘canallas’ y exabruptos para centrarse en lo que debería importarnos a todos los que de una manera u otra estamos ligados a este deporte, los conceptos del juego. En un momento en el que el fútbol está virando de forma vertiginosa hacia un tratamiento mediático más propio de la prensa del corazón y el amarillismo puro y duro, Del Bosque enarbola la bandera del fútbol clásico, del de toda la vida. Lo hace, además, habiendo ‘mamado’ todos los niveles de un deporte al que ha dedicado toda su vida. Ahora está en la cima, en la cúspide de la pirámide. Es el técnico campeón del Mundo, pero él sigue siendo fiel a sus principios de entender este deporte como lo que es “un juego de asociación”, en sus propias palabras. Para otros quedan los insultos, las broncas, los botellazos y las pancartas. Ese no es el fútbol de Del Bosque. Ni debería ser el nuestro, por mucho que las audiencias lo bendigan.
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Para los que rondamos los cuarenta, jugar contra Alemania era sinónimo de derrota. La cuestión era ver cuánto nos iban a caer o, si hacíamos un gran partido, cuánto aguantaríamos hasta que los ‘briegel’, ‘breitner’, ‘rummenigge’ o ‘matthaus’ de turno nos arrollarán al estilo panzer. Anoche, La Roja dio la última paletada de tierra a más de cien años de pesimismo y derrotas mínimas, a veces injustas, a veces increibles, a veces incomprensibles. Copenhague (1-3 a Dinamarca) fue el comienzo del camino; Viena un punto culminante cuando Iker alzó la Eurocopa al cielo austriaco y Durban, un lugar para incluir en el santoral futbolístico. La España que anoche arrolló jugando un fútbol primoroso a una Alemania que había goleado a Inglaterra y Argentina, dos colosos, firmó una noche memorable de fútbol, una noche para el recuerdo pero que no es más que la noche antesala de las más grande que cualquier aficionado al fútbol español puede vivir: la final del Campeonato del Mundo. Eso será el próximo domingo, ante Holanda, otra selección a la que el fútbol le debe un título. Hasta dentro de cuatro días habrá que disfrutar de lo visto hasta el momento. Por fin veremos una final del Mundial con España de protagonista. Se dice pronto.
Hoy es uno de los días más importantes de la historia del fútbol español. No diría que el que más pero sí la antesala del que puede ser el partido más decisivo de cuántos ha jugado La Roja en su historia. Nunca antes jugó España una semifinal. En el 50 participaron 13 equipos y hubo una liguilla entre los cuatro primeros de grupo. De esa liguilla, el equipo de Zarra y Ramallets (dos leyendas) sacó un empate ante Uruguay, que fue la campeona, y dos derrotas. Quedaron cuartos. Hoy es una semifinal en toda regla a la que se llega tras una fase de clasificación y un Mundial con 32 equipos en liza. Y, por si fuera poco, en frente esta Alemania, tres veces campeona del mundo y que, desde 1966, ha jugado las finales del 66, del 74, del 82, del 86, del 90 y del 2002. Seis de diez. Y en las que falló, como en la del 2006, estuvo en semifinales. Los germanos son un hueso. Por eso, de ganar, la victoria sabrá aún mejor. Yo, que tengo 38 años, nunca he visto unas semifinales con España de protagonista. Como yo, la mayoría de los españoles. Por eso hoy, para todos nosotros, es un día muy grande.
La Roja emite señales muy inquietantes. Por lo visto hasta ahora, no pinta bien el Mundial. Es cierto que se perdió de forma injusta con Suiza y que se pudo golear a Honduras pero es en esos ‘casi’ donde reside el ‘kid’ de la cuestión. España, por lo visto hasta el momento, siembra dudas. Muchas dudas. Hay sombras en las dos áreas y en futbolistas puntuales. En el área propia, Iker genera inseguridad. No está bien el gran portero madridista y se le nota donde se le suele notar a los arqueros: en los balones cruzados y las salidas. Arriba, en el área ajena, se falla más que una escopeta de ferias y cuando eso sucede en futbolistas de la talla de Torres es porque les falta un punto de forma y para ganar un Mundial hay que estar en plena forma. Si a un equipo le fallan los dos extremos del campo, es una utopía el pensar que puede llegar lejos. Pero aún hay más. Xavi está tieso físicamente, igual que Iniesta, dos futbolistas clave y Capdevila muestra síntomas de agujero negro en el lateral izquierdo de la defensa. Su falta de rigor convierte algunas acciones defensivas de La Roja en un ejercicio al límite. Chile, el primer rival de cierto nivel con el que nos enfrentaremos ahondará en ese agujero izquierdo y esa circunstancia obligará a Piqué y Puyol a multiplicarse y dejar más huecos. Todo ello junto dibuja un escenario temible para los hombres de Del Bosque. O mejoran o mucho me temo que lo que toca ahora es ir sacando el billete de vuelta para España, ya sea en el último partido del grupo o en el partido de octavos.
A Vicente Del Bosque monta un circo y le crecen los enanos. De otra manera no se entiende la racha de lesiones que está asolando a la selección en sus hombre clave. Desde que comenzó la temporada, varios de los puntales de ‘la roja’ han pasado por la enfermería aquejados de lesiones musculares o, en algunos casos, percances más graves. Los últimos en caer han sido Cesc, Iniesta y Torres. Los tres llevan un año repleto de contratiempos y los tres son básicos en el esquema y el estilo de la Selección. También han pasado por la enfermería a lo largo del curso Xavi, Villa (que por momentos ha dado la impresión de estar machacado), Silva y Marcos Senna. Prácticamente todo el centro del campo, la zona clave en el esquema de juego de Del Bosque, está tocado así como sus dos delanteros titulares. La situación, en todo caso es más que preocupante. España está en el mejor momento de su historia. La Roja tiene opciones reales de ser campeona del mundo pero para lograrlo se necesita estar durante un mes en plenitud técnica, colectiva y física. Hoy por hoy, los augurios no señalan nada bueno. La Selección llegará a Sudáfrica machacada. Será necesario un trabajo de recuperación a gran escala, algo que ya hizo Jesús Paredes, preparador físico de entonces en la Selección, antes de la Eurocopa de Austria y Suiza con los resultados por todos conocidos.
España suda y suda para sacar adelante compromisos menores. Ayer remontó un 2-0 en contra ante Macedonia, igual que se vio obligada a remontar hace apenas un mes y medio ante Sudáfrica en la Copa Confederaciones. Da la sensación de que a la ‘roja’ la han cogido en cierta manera el truco y que Vicente Del Bosque acumula algunas dudas tácticas y no hay nada peor para un grupo que viene lanzado que vislumbrar sobre la cubierta a un timónel con algunos acertijos que resolver. España sigue ganando porque es un equipazo y porque tiene calidad y pólvora suficiente como para solventar cualquier problema que se le ponga por delante. Dicho esto, hay lagunas en el juego que el técnico tendrá que solventar si no quiere que terminen por convertir en mares imposibles de surcar. El principal de esos ‘charcos’ es decidir si el modelo español apuesta por un punta o por dos. Da la sensación de que con Villa y Torres el equipo tiene pólvora para dar y tomar pero pierde ligazón mientras que cuando juega un sólo delantero, las llegadas y la capacidad de dar el último pase, se multiplican. Tampoco parece Del Bosque haber dado con la tecla para sustituir a Senna mientras que el papel de Cesc sigue sumido en la ambigüedad. Defensivamente también advierto problemas, sobre todo para cerrar los contraataques (EEUU nos marcó así en la Confederaciones y ayer Macedonia encontró una vía de agua que aprovechó sin complejos) y en lateral izquierdo, aunque en este punto sí que se están probando cosas como demuestra la convocatoria de Monreal. En resumen, España sigue a gran nivel pero hay fisuras y esas grietas ante Sudáfrica o Macedonia son subsanables pero esa ya no es la guerra de la ‘Roja’ sino el Mundial del año que viene, donde acude como máxima favorita.
España ha bajado su extraordinario nivel de juego en las últimas semanas. Cierto es que teníamos un listón tan alto que cualquier bajón nos asusta y, quizás, no sea para tanto pero no cabe duda de que ‘la roja’ no ha mantenido su línea de juego. A mi entender, durante la Copa Confederaciones al equipo se le han visto grietas y algunas lagunas preocupantes. La gran cita no es esta Confederaciones sino el Mundial, donde no habrá espacio alguno para errores. El principal problema que he visto a España es su escasa variedad de recursos. No tiene un plan B al toque-toque que ha encumbrado a nuestra selección. Sin Iniesta, con Silva mermado y Xavi tapado, ‘la roja’ ha sido un equipo previsible y falto de alternativas. En ese sentido, Busquets está a años luz de Senna aún y la opción Riera en la banda es buena pero deja al descubierto las carencias que tiene el equipo en la banda derecha. La defensa tampoco ha sido esa zaga rocosa del Europeo. Ramos está estancado en la derecha; no hay recambio de garantías para un Capdevila que tampoco es un grandísimo lateral izquierdo y Piqué y Albiol son jóvenes y con gran futuro pero demuestran una gran vulnerabilidad en los balones cruzados por alto y en las jugadas a balón parado. La defensa concede muchas oportunidades ; el centro del campo no ha tejido como antes y Torres y Villa, a pesar de su indudable capacidad goleadora, han hecho mucho la guerra por su cuenta. Es difícil encender las señales de alerta cuando el equipo ha perdido un partido de 37, algo memorable, pero lo cierto es que el equipo no está al nivel de hace unos meses y el próximo reto es el mayor de la historia de España: el Mundial. Para ganarlo habrá que jugar, esta vez sí, al ciento por ciento, sin errores defensivos; apostando por nuestro estilo de toque y asociación pero teniendo alternativas por si nos cogen el truco y con unos delanteros que mezclen bien.
Hubo una jugada ayer que encendió todas mis alarmas: mediada la primera parte, Xavi abrió un balón raso a la banda derecha, por donde se incorporaba Sergio Ramos, Cesc, que andaba por allí, se interpuso sin querer en la trayectoria del esférico y éste le golpeo, cortando la jugada. Xavi y Cesc se miraron con cara de pocos amigos y -esto es lo peor- se quedaron clavados mientras Estados Unidos recogía el rechace y salía como una flecha hacia la portería de Casillas. Cuando terminó la jugada, Puyol, Piqué y Casillas se encararon con los dos centrocampistas, que seguían a lo suyo deambulando por la medular. Todos los que hemos jugado al fútbol sabemos que una jugada de ese calibre es un indicador de que algo no funciona bien. Una grieta en el extraordinario ecosistema construido por la roja durante los dos últimos años. España terminó perdiendo el partido ante una selección menor, se quedó sin el récord en solitario de imbatibilidad y mandó el mensaje de que no todo es perfecto en la campeona de Europa. La Copa Confederaciones ha mostrado algunas carencias en el equipo, que ha perdido la frescura y parte del toque de hace unos meses. Del Bosque está cambiando cosas y el equipo no las está asumiendo con facilidad. Puede que sea el cansancio tras una larga temporada o que la Confederaciones no motiva demasiado pero lo cierto es que la campeona de Europa puede pero no debe perder ante Estados Unidos. A España se le ha fundido algún fusible estas últimas semanas y es misión de Del Bosque restablecer el correcto funcionamiento del sistema. De momento, le aconsejo que analice la jugada de marras. Es, como las décimas en un enfermo, un indicador de que algo no va bien.