Para los que rondamos los cuarenta, jugar contra Alemania era sinónimo de derrota. La cuestión era ver cuánto nos iban a caer o, si hacíamos un gran partido, cuánto aguantaríamos hasta que los ‘briegel’, ‘breitner’, ‘rummenigge’ o ‘matthaus’ de turno nos arrollarán al estilo panzer. Anoche, La Roja dio la última paletada de tierra a más de cien años de pesimismo y derrotas mínimas, a veces injustas, a veces increibles, a veces incomprensibles. Copenhague (1-3 a Dinamarca) fue el comienzo del camino; Viena un punto culminante cuando Iker alzó la Eurocopa al cielo austriaco y Durban, un lugar para incluir en el santoral futbolístico. La España que anoche arrolló jugando un fútbol primoroso a una Alemania que había goleado a Inglaterra y Argentina, dos colosos, firmó una noche memorable de fútbol, una noche para el recuerdo pero que no es más que la noche antesala de las más grande que cualquier aficionado al fútbol español puede vivir: la final del Campeonato del Mundo. Eso será el próximo domingo, ante Holanda, otra selección a la que el fútbol le debe un título. Hasta dentro de cuatro días habrá que disfrutar de lo visto hasta el momento. Por fin veremos una final del Mundial con España de protagonista. Se dice pronto.
Hoy es uno de los días más importantes de la historia del fútbol español. No diría que el que más pero sí la antesala del que puede ser el partido más decisivo de cuántos ha jugado La Roja en su historia. Nunca antes jugó España una semifinal. En el 50 participaron 13 equipos y hubo una liguilla entre los cuatro primeros de grupo. De esa liguilla, el equipo de Zarra y Ramallets (dos leyendas) sacó un empate ante Uruguay, que fue la campeona, y dos derrotas. Quedaron cuartos. Hoy es una semifinal en toda regla a la que se llega tras una fase de clasificación y un Mundial con 32 equipos en liza. Y, por si fuera poco, en frente esta Alemania, tres veces campeona del mundo y que, desde 1966, ha jugado las finales del 66, del 74, del 82, del 86, del 90 y del 2002. Seis de diez. Y en las que falló, como en la del 2006, estuvo en semifinales. Los germanos son un hueso. Por eso, de ganar, la victoria sabrá aún mejor. Yo, que tengo 38 años, nunca he visto unas semifinales con España de protagonista. Como yo, la mayoría de los españoles. Por eso hoy, para todos nosotros, es un día muy grande.
La Roja emite señales muy inquietantes. Por lo visto hasta ahora, no pinta bien el Mundial. Es cierto que se perdió de forma injusta con Suiza y que se pudo golear a Honduras pero es en esos ‘casi’ donde reside el ‘kid’ de la cuestión. España, por lo visto hasta el momento, siembra dudas. Muchas dudas. Hay sombras en las dos áreas y en futbolistas puntuales. En el área propia, Iker genera inseguridad. No está bien el gran portero madridista y se le nota donde se le suele notar a los arqueros: en los balones cruzados y las salidas. Arriba, en el área ajena, se falla más que una escopeta de ferias y cuando eso sucede en futbolistas de la talla de Torres es porque les falta un punto de forma y para ganar un Mundial hay que estar en plena forma. Si a un equipo le fallan los dos extremos del campo, es una utopía el pensar que puede llegar lejos. Pero aún hay más. Xavi está tieso físicamente, igual que Iniesta, dos futbolistas clave y Capdevila muestra síntomas de agujero negro en el lateral izquierdo de la defensa. Su falta de rigor convierte algunas acciones defensivas de La Roja en un ejercicio al límite. Chile, el primer rival de cierto nivel con el que nos enfrentaremos ahondará en ese agujero izquierdo y esa circunstancia obligará a Piqué y Puyol a multiplicarse y dejar más huecos. Todo ello junto dibuja un escenario temible para los hombres de Del Bosque. O mejoran o mucho me temo que lo que toca ahora es ir sacando el billete de vuelta para España, ya sea en el último partido del grupo o en el partido de octavos.
A Vicente Del Bosque monta un circo y le crecen los enanos. De otra manera no se entiende la racha de lesiones que está asolando a la selección en sus hombre clave. Desde que comenzó la temporada, varios de los puntales de ‘la roja’ han pasado por la enfermería aquejados de lesiones musculares o, en algunos casos, percances más graves. Los últimos en caer han sido Cesc, Iniesta y Torres. Los tres llevan un año repleto de contratiempos y los tres son básicos en el esquema y el estilo de la Selección. También han pasado por la enfermería a lo largo del curso Xavi, Villa (que por momentos ha dado la impresión de estar machacado), Silva y Marcos Senna. Prácticamente todo el centro del campo, la zona clave en el esquema de juego de Del Bosque, está tocado así como sus dos delanteros titulares. La situación, en todo caso es más que preocupante. España está en el mejor momento de su historia. La Roja tiene opciones reales de ser campeona del mundo pero para lograrlo se necesita estar durante un mes en plenitud técnica, colectiva y física. Hoy por hoy, los augurios no señalan nada bueno. La Selección llegará a Sudáfrica machacada. Será necesario un trabajo de recuperación a gran escala, algo que ya hizo Jesús Paredes, preparador físico de entonces en la Selección, antes de la Eurocopa de Austria y Suiza con los resultados por todos conocidos.
España suda y suda para sacar adelante compromisos menores. Ayer remontó un 2-0 en contra ante Macedonia, igual que se vio obligada a remontar hace apenas un mes y medio ante Sudáfrica en la Copa Confederaciones. Da la sensación de que a la ‘roja’ la han cogido en cierta manera el truco y que Vicente Del Bosque acumula algunas dudas tácticas y no hay nada peor para un grupo que viene lanzado que vislumbrar sobre la cubierta a un timónel con algunos acertijos que resolver. España sigue ganando porque es un equipazo y porque tiene calidad y pólvora suficiente como para solventar cualquier problema que se le ponga por delante. Dicho esto, hay lagunas en el juego que el técnico tendrá que solventar si no quiere que terminen por convertir en mares imposibles de surcar. El principal de esos ‘charcos’ es decidir si el modelo español apuesta por un punta o por dos. Da la sensación de que con Villa y Torres el equipo tiene pólvora para dar y tomar pero pierde ligazón mientras que cuando juega un sólo delantero, las llegadas y la capacidad de dar el último pase, se multiplican. Tampoco parece Del Bosque haber dado con la tecla para sustituir a Senna mientras que el papel de Cesc sigue sumido en la ambigüedad. Defensivamente también advierto problemas, sobre todo para cerrar los contraataques (EEUU nos marcó así en la Confederaciones y ayer Macedonia encontró una vía de agua que aprovechó sin complejos) y en lateral izquierdo, aunque en este punto sí que se están probando cosas como demuestra la convocatoria de Monreal. En resumen, España sigue a gran nivel pero hay fisuras y esas grietas ante Sudáfrica o Macedonia son subsanables pero esa ya no es la guerra de la ‘Roja’ sino el Mundial del año que viene, donde acude como máxima favorita.
España ha bajado su extraordinario nivel de juego en las últimas semanas. Cierto es que teníamos un listón tan alto que cualquier bajón nos asusta y, quizás, no sea para tanto pero no cabe duda de que ‘la roja’ no ha mantenido su línea de juego. A mi entender, durante la Copa Confederaciones al equipo se le han visto grietas y algunas lagunas preocupantes. La gran cita no es esta Confederaciones sino el Mundial, donde no habrá espacio alguno para errores. El principal problema que he visto a España es su escasa variedad de recursos. No tiene un plan B al toque-toque que ha encumbrado a nuestra selección. Sin Iniesta, con Silva mermado y Xavi tapado, ‘la roja’ ha sido un equipo previsible y falto de alternativas. En ese sentido, Busquets está a años luz de Senna aún y la opción Riera en la banda es buena pero deja al descubierto las carencias que tiene el equipo en la banda derecha. La defensa tampoco ha sido esa zaga rocosa del Europeo. Ramos está estancado en la derecha; no hay recambio de garantías para un Capdevila que tampoco es un grandísimo lateral izquierdo y Piqué y Albiol son jóvenes y con gran futuro pero demuestran una gran vulnerabilidad en los balones cruzados por alto y en las jugadas a balón parado. La defensa concede muchas oportunidades ; el centro del campo no ha tejido como antes y Torres y Villa, a pesar de su indudable capacidad goleadora, han hecho mucho la guerra por su cuenta. Es difícil encender las señales de alerta cuando el equipo ha perdido un partido de 37, algo memorable, pero lo cierto es que el equipo no está al nivel de hace unos meses y el próximo reto es el mayor de la historia de España: el Mundial. Para ganarlo habrá que jugar, esta vez sí, al ciento por ciento, sin errores defensivos; apostando por nuestro estilo de toque y asociación pero teniendo alternativas por si nos cogen el truco y con unos delanteros que mezclen bien.
Hubo una jugada ayer que encendió todas mis alarmas: mediada la primera parte, Xavi abrió un balón raso a la banda derecha, por donde se incorporaba Sergio Ramos, Cesc, que andaba por allí, se interpuso sin querer en la trayectoria del esférico y éste le golpeo, cortando la jugada. Xavi y Cesc se miraron con cara de pocos amigos y -esto es lo peor- se quedaron clavados mientras Estados Unidos recogía el rechace y salía como una flecha hacia la portería de Casillas. Cuando terminó la jugada, Puyol, Piqué y Casillas se encararon con los dos centrocampistas, que seguían a lo suyo deambulando por la medular. Todos los que hemos jugado al fútbol sabemos que una jugada de ese calibre es un indicador de que algo no funciona bien. Una grieta en el extraordinario ecosistema construido por la roja durante los dos últimos años. España terminó perdiendo el partido ante una selección menor, se quedó sin el récord en solitario de imbatibilidad y mandó el mensaje de que no todo es perfecto en la campeona de Europa. La Copa Confederaciones ha mostrado algunas carencias en el equipo, que ha perdido la frescura y parte del toque de hace unos meses. Del Bosque está cambiando cosas y el equipo no las está asumiendo con facilidad. Puede que sea el cansancio tras una larga temporada o que la Confederaciones no motiva demasiado pero lo cierto es que la campeona de Europa puede pero no debe perder ante Estados Unidos. A España se le ha fundido algún fusible estas últimas semanas y es misión de Del Bosque restablecer el correcto funcionamiento del sistema. De momento, le aconsejo que analice la jugada de marras. Es, como las décimas en un enfermo, un indicador de que algo no va bien.
Siempre he defendido que una de las razones por las que el fútbol es tan grande es por la carga de leyenda, de conectar con los mitos de otros tiempos que atesora. Todo lo que sucede en el fútbol actual ocurre porque hay una conexión directa con el pasado. Por eso, la racha que está viviendo la selección española (32 partidos sin perder, un campeonato de Europa y enfrentamientos directos con Italia, Argentina, Alemania, Francia e Inglaterra, incluidos) es sencillamente memorable. En la mitología del balón se encuentran equipos como el Brasil del Mundial 82; la Holanda de la Naranja Mecánica, la Hungría de los años 50; la Francia de Zidane…a todos los ha superado ya está selección que creó casi desde la nada Luis Aragonés y que ahora tan bien gestiona Vicente Del Bosque. La ‘roja’, tras ganar ayer 0-6 a Azerbayan, encadena 32 partidos sin perder, más que todas las selecciones de leyenda de la historia y a tres partidos de la Brasil de los años noventa, aunque la FIFA considere ya que españoles y brasileños están empatados (en la Copa América del 95, la canarinha perdió por penalties ante Uruguay y el máximo organismo internacional contabiliza ese partido como derrota). España debe ir paso a paso. Tiene por delante la Copa Confederaciones, un buen torneo a pesar de su escaso pedigrí, y a doce meses vista la gran cita de su historia: el Mundial de Sudáfrica, donde acude como máxima favorita. Hay que vivir el presente, pero este presente nos conecta con el pasado más glorioso de este país y nos hace mirar el futuro con optimismo. La roja ya es leyenda del fútbol. Ahora toca trabajar para agrandarla con el título de campeones del mundo.
España juega esta noche en el Ali Sami Yen, el archifamoso infierno turco, que, a la postre, no lo es tanto. El estadio del Galatasaray toma su nombre de un estudiante nacionalista fundador del Galatasaray al princio del siglo XX. Ali Sami Yen fundó el club con un propósito fundacional muy claro: luchar contra los ingleses y potenciar a la juventud turca. Eran los tiempos de Atarturk, el fundador de la Turquía moderna, la que enterró el Imperio Otomano y que tan presente sigue hoy en todos los rincones del país islámico más europeizado del mundo. En ese contexto se juega España esta noche el dejar finiquitado el pase para el Mundial de Sudáfrica, el torneo que está señalado en rojo en el calendario de ‘la roja’ y que puede cambiar la historia futbolística y la no futbolística de este país. Los hombres de Del Bosque tienen hoy un partido de postín. Juegan en un ambiente hostil, caliente y enfervorizado aunque no violento ni agresivo con los futbolistas españoles, a los que la hinchada turca admira. El aficionado turco anima sin parar y vive en permanente estado de exaltación nacionalista y eso convierte el partido de hoy en más interesante si cabe. El Turquía- España de esta noche es un gran partido de fútbol y una prueba más para el formidable combinado nacional. Salir indemne del Ali Sami Yen supondrá un paso más en la escalera que lleva a la Selección al trono del mundo. No sólo va a ser un partido de pierna fuerte sino que en frente está Turquía, semifinalista de la pasada Eurocopa y semifinalista del Mundial 2002. Una Turquía que se la juega ante la irrupción de Bosnia en la fase de clasificación. España tiene muchos partidos en el partido de esta noche. El más importante está en conseguir los tres puntos pero en juego están muchas más cosas. Para mi, una victoria poderosa en el Ali Sami Yen significaría que este equipo empieza a ser capaz de cualquier cosa. Y el Mundial es precisamente lo que todos queremos.
Corre con fuerza entre los medios de comunicación la idea de que la Selección española realice un homenaje a Raúl en el Santiago Bernabéu, algo que, desde mi punto de vista, me parece absotulamente inaudito y fuera de lugar. Nadie, sea raulista o antiraulista, puede obviar los méritos del capitán del Real Madrid. Raúl lo ha ganado todo a nivel de clubes y es, entre otras muchas cosas, el máximo goleador de la historia de la Champions League, del Real Madrid y de España amen de ser el futbolista de campo que más veces ha vestido la ‘roja’. Una carrera jalonada de éxitos que merece un homenaje….cuando el propio Raúl la dé por finiquitada. Raúl se quedó fuera de la Eurocopa por razones técnicas y por algunas razones no tan técnicas que los protagonistas del ‘affaire’ han hecho muy bien en mantener en un segundo plano por aquello de que las cosas del vestuario se quedan dentro del vestuario. Sin Raúl, España ganó la Eurocopa y sin Raúl, la ‘roja’ es la mejor selección del mundo y tiene una pareja de delanteros imparable como son Villa y Torres además de un buen relevo en Llorente. Dicho esto, Raúl, por su buen momento de forma que no por su trayectoria, tiene todo el derecho del mundo en pensar que tiene un hueco con España. Por eso la idea del homenaje a un Raúl en activo y con ganas de vestir la roja una vez más por méritos propios es un insulto al propio Raúl y a una generación de jugadores que, como Zubizarreta, no recibieron homenaje alguno y eso a pesar de ser el futbolista con más internacionaliades de la historia. Homenajear a Raúl es un insulto, un desagravio, un peloteo y una patochada. Así de claro. Los homenajes, cuando se retire.