Le ha costado un mundo, casi como si fuera la maratón de las arenas; han sido tres años muy cuesta arriba, viendo al eterno rival ganar y ganar títulos como si de una máquina creada por Bill Gates se tratara. Han sido tres años salpicados de goleadas históricas (2-6 en el Bernabéu, 5-0 en el Nou Camp) pero el Madrid siempre vuelve. No falla. El Madrid quedo herido de muerte tras la goleada en el Nou Camp. El pozo parecía no tener fondo y las velas de la nave azulgrana se izaban henchidas. Seis meses después, todo ha cambiado. Aún queda el doble enfrentamiento de Champions, donde pienso que el Barcelona hará valer el factor campo y por ello es favorito pero antes de esta Final Four, el Barcelona soñaba con un 0-4 y con goleadas incluidas. A mitad de la serie, el Madrid tiene un título, hace unos meses considerado menor pero que hoy por hoy vale su peso en oro no por lo que la Copa significa como torneo sino porque cambia la historia de golpe y porrazo. Lo dicho, el Madrid siempre vuelve.
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No sé si será verdad, porque los rumores vuelan con una facilidad pasmosa, pero ayer corrió la especie de que el Barcelona quería jugar la final de la Copa del Rey en el Santiago Bernabéu. De ser cierto, a los azulgrana se les habría visto el plumero de forma clamorosa. Su ‘petición’ demostraría dos cosas: lo mal que sentó en el Nou Camp el no poder disputar la final de la Champions en el coliseo blanco y, dos, que se sienten tan fuertes y superiores al Real Madrid como para estar totalmente seguros de que van a dar la vuelta de honor en casa del eterno rival y después, ya de paso, celebrar el título por el Paseo de la Castellana y la mismísima Cibeles. La petición, en todo caso, desenmascara al Barcelona. Los azulgranas se sienten mejores (hoy por hoy lo son) pero tan superiores como para querer montar la fiesta en casa del eterno rival. Ese planteamiento casa mal, muy mal con sus declaraciones públicas. Cuando desde el club se habla de forma oficial siempre se apuesta por la humildad, por el respeto al rival, por no dar un partido por ganado de antemano, por considerar que el contrario tiene sus armas y puede utilizarlas para complicar la vida al equipo…es decir, exquisito respeto de puertas para afuera. Pero claro, la petición de jugar en el Bernabéu desenmascara que ese discurso no es más que una pose. En Barcelona se saben mejores y quieren demostrarlo en el feudo del rival. Todo un alarde de humildad que saca a la luz cual es la obsesión del vestuario culé: dar una vuelta de honor en el Santiago Bernabéu sea como sea.
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A mi, lo del video de las pinturas de guerra sevillistas para el partido de esta noche en el Pizjuan, me produce risa. Ni me indigna, ni creo que incite a la violencia (a pesar de la última frase en portugués, que está absolutamente fuera de lugar e incide en la corriente antimourinho que se ha puesto de moda en el fútbol español). El vídeo es una muestra más del chabacanismo imperante en una España de pandereta de la que Del Nido, el presidente sevillista, forma arte y parte destacada. El máximo dirigente del Pizjuan es un personaje apto para cualquier programa que quiera audiencia fácil. Da juego hasta debajo del agua y, además, sabe de todo, desde ‘rabo de leones’ a producciones cinematográficas. La idea del departamento de marketing de Nervión hace aguas de principio a fin, por eso hay que verlo como un asunto con su gracia. Del Nido, el principal protagonista del comic, tuvo su momento de gloria anoche en el programa ‘El Larguero’ cuando, ante las acusaciones de que el documento incitaba a la violencia, calificó al autor del video de “genio” y aseguró que le había “ascendido” después, eso sí, de haberle dado “una paga extra”. De chiste. Pero hay más. En el documental aparecen jugadores tan ’sevillistas’ como Romaric, Martín Cáceres y Negredo. Otros como Palop y Navas llevan más en el ADN los colores de Nervión pero aún así, la ‘musculatura’ que exhiben el uruguayo Cáceres y el canterano Navas ‘asusta’ hasta al campeón del mundo de wrestling. Siguiendo con la comicidad, hasta el lema es esperpético: “¿Quieres otra Copa”?. Solo falta que para completar el cuadro, aparezca Pere Navarro o la ministra de Sanidad multando al Sevilla por incitar al consumo de alcohol. El panderetismo, en este caso del Sevilla, es apoteósico pero bienvenido sea en estos tiempos de crisis, de frío ambiental y cuesta de enero. Con Del Nido, al menos, las risas están aseguradas.
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El Real Betis Balompie, actualmente en Segunda e inmerso en una enorme crisis económica, dio anoche una auténtica lección de humildad a los 19 clubes que componen la Primera División española y que hace tiempo que arrojaron la cuchara cuando de enfrentarse al Barcelona se trata. El Betis les enseñó que el mejor equipo del mundo no es intocable, que en el fútbol nada es imposible y de lo que se trata en este juego fundamentalmente es de no rendirse nunca, de jugar con la cabeza bien alta y poniendo toda la carne en el asador. Además, puso contra las cuerdas al Barcelona jugando al fútbol de forma primorosa: tocando el balón, asociándose, presionando, yendo a por el rival y todo ello en medio de un enorme despliegue físico y con las ausencias de hombre de peso como Emana o Rubén Castro, algo así como si al Barcelona le faltan Messi y Xavi. Entre tanta bajada de bandera ante el Pep Team (equipos que alinean suplentes, o entrenadores que se rinden una semana antes de jugar -Lotina example-) y clubes que se ‘cagan’ con sólo ver el Nou Camp (Real Madrid, sin ir más lejos), el Betis mostró que lo primero en esto del fútbol es competir y lo segundo, volver a competir. Con el cuchillo entre los dientes o con el balón cosido al pie. El Betis cogió el segundo camino y ahí agrandó su leyenda. Desde ayer, el Betis, líder de Segunda, es el ejemplo a seguir para todos aquellos que quieran lidiar cara a cara con el Barcelona de Guardiola. Gran Betis y gran trabajo de Pepe Mel, al que sigo desde sus tiempos en el Coslada madrileño, y su equipo de ayudantes, donde hay gente que sabe de fútbol y lleva muchos años en esto. Y lo demuestran con ‘cosas’ como las de ayer.
El Real Betis Balompie salió escaldado ayer del Nou Camp (5-0) y el Athletic, club copero por excelencia, ya está eliminado del torneo del KO pero tanto uno como otro han demostrado que al Barca se le puede jugar y poner en apuros, que es posible enfrentarse al Pep Team sin arrojar la bandera de antemano y, con tus propias armas, hacer que los Messi, Xavi, Iniesta y compañía tengan que poner toda la carne en el asador para pasar. Es decir, Betis y Athletic Club compitieron. No se rindieron, plantearon batalla y fueron a por todas, aunque las cosas no les salieran. Todo lo contrario del resto de equipos, Real Madrid incluido. Se ha corrido la especie de que el Barcelona es imbatible y eso afecta a unos y a otros de diferente manera. El Madrid salió con trauma psicológico desde el vestuario; otros como Sevilla, Racing o Sporting se dejan a los titulares en casa y algunos más como el Deportivo o el Almeria tienen el síndrome de Estocolmo. En esas aparece un Athletic que lucha, pelea y convierte el rectángulo de juego en un campo de minas o un Betis de Segunda que presiona, toca el balón, mueve al Barcelona y va a por el partido. Vamos, que no se ‘acojonan’. Han perdido porque el Barcelona es de otra galaxia pero han demostrado que no son intocables, que al Barcelona se le puede jugar y poner en aprietos… Una lección para todos, incluso para ‘Mou’.
5.000 personas, siendo generosos en el Vicente Calderón para ver los octavos de final de la Copa del Rey ante la Universidad de Las Palmas. Sí, es cierto, la eliminatoria estaba solventada, el rival era un Segunda B sin pedigrí alguno y, como es noviembre, hacía frío a orillas del Manzanares. Sí, todo eso es verdad, pero también es verdad que cuando se lleva la vitola de mejor afición de este país, hay que estar a las duras y a las maduras. Me decían unos amigos, socios del Atleti ellos, que no iban porque estaba todo sentenciado, que no merecía la pena. Como ellos, pensaron la gran mayoría de abonados e hinchas del club rojiblanco. Ayer, la autodenominada mejor afición de España, desertó de sus colores. Cuando se es socio de un equipo, a no ser que haya imponderables de primer orden que impidan la asistencia, se debe ir siempre a ver a tu club, llueve o truene o esté la eliminatoria decidida. No es la primera vez que sucede eso en el Calderón pero claro, alguien seguirá diciendo que son los mejores hinchas de este país. Ver para creer.
El Atleti está ante una oportunidad única de iniciar el camino de la recuperación de la grandeza perdida. En apenas un mes puede ganar su primer título en más de quince años y, si la vuelta de la Europa League en Anfield la juega al mismo nivel que ayer, estará presente en su primera fianl europea del último cuarto de siglo (la anterior fue ante el Dinamo de Kiev en el año 85 en Lyon. Perdió 3-0 en la extinta Recopa). Disputar la final de Hamburgo sería una inyección de prestigio que los rojiblancos deben aprovechar. Éste sería el camino a seguir:
1-Ganar la Copa garantiza ingresos vía competición europea. Esenciales para sobrevivir.
2-Jugar la final de la Europa League eliminando al Liverpool sería poner al Atleti en el mapa europeo.
3-De ganar la final, se jugaría la Supercopa de Europa ante el campeón de Europa. Otra inyección de prestigio, algo de lo que está muy necesitado el Atlético de Madrid tras quince años en las catacumbas.
4-El prestigio y los títulos atrae la atención de los buenos jugadores. Fichar futbolistas de nivel sería más fácil. Los tiempos de Richard Núñez tocarían a su fin.
5-Retener a las figuras. Para la directiva actual, retener a Agüero y Forlán es una utopía si no se les garantizan réditos deportivos.
6-Reforzar la plantilla actual sin perder a sus principales activos (Reyes, De Gea, Simao, Domínguez, Forlán y Agüero)
7-Potenciar el trabajo de cantera que se está llevando a cabo. Dar más medios y tiempo al equipo formado por Amorrortu.
8-Pacificar el club institucionalmente.
10-Rentabilizar al máximo el traslado a la Peineta. El nuevo estadio debe ser un polo de generación de ingresos que deben servir para reformar el proyecto de futuro.
Si el Atleti cumple todos estos requisitos, el futuro rojiblanco será sustancialmente mejor que el que ha padecido durante lo que llevamos durante todo este siglo XXI, que no es poco.
Este viernes sale a los puntos de venta habituales un nuevo número de la revista Futbolista. En ella aparecerá la que ya es la última entrevista a Manolo Jiménez, el hasta anoche entrenador del Sevilla. Una entrevista a doble página realizada por Julio Ocampo en el que el entrenador sevillista dejaba muchos titulares. Ninguno de ellos lo va a poder hacer realidad. Jiménez ha llevado al Sevilla a la final de la Copa del Rey. Un logro para un club que durante sesenta años malvivió en la mediocridad y que se ha acostumbrado muy rápido a lo bueno. El técnico sevillista soñaba con ganar la Copa y dedicársela al malogrado Antonio Puerta y a un jugador con el que contaba al principio de año y que está al borde de la retirada prematura como es Sergio Sánchez. Del Nido no le ha dejado hacerlo. El Sevilla, en esta ocasión me ha decepcionado. Dice Monchi que es la primera destitución de Del Nido en once años. No es una destitución cualquiera. Jiménez es historia viva del sevillismo. Toda su vida deportiva se la ha dedicado al club. Como jugador, como técnico de base que llevo al filial hasta Segunda División y sacó futbolistas que han dado muchos millones a las arcas de la entidad y ahora como un entrenador que había dejado al equipo en disposición de ganar un título, algo de lo que no andan muy sobrados por Sevilla. No sé si habrá algo más detrás de la destitución pero a día de hoy me quedo con las palabras de Jiménez en su última entrevista: “Para mi entrenar al Sevilla es todo un honor”. Eso no lo puede decir cualquiera.
Los aficionados al fútbol suelen tener una memoria más bien escasa, selectiva e interesada. Es un mal común a todas las aficiones. La del Sevilla, anoche tras la eliminación de su equipo ante el CSKA de Moscú en la ronda de octavos de final de la Champions League, dio una muestra fehaciente de ello. La grada del Pizjuan estalló en un ¡Jiménez veta ya¡ sangrante y reiterativo al finalizar el partido. Un grito que olvida varias cuestiones de máxima importancia: Jiménez es historia viva del club, el hombre que más veces ha vestido la camiseta de Nervión y, al mismo tiempo, como si esos méritos no valieran, el entrenador que tiene al equipo luchando por la tercera plaza en la Liga, ha llevado al equipo hasta la Champions League por segunda vez en su historia y lo ha clasificado para la final de la Copa del Rey. Unos números magníficos para una entidad que en sesenta años no ganó nada, no jugó final alguna, merodeó siempre por la mitad de la tabla en Primera División y conoció de sobra las profundidades de la Segunda. Pero claro, al aficionado sevillano se le han olvidado esos tiempos oscuros que forman el grueso de su historia. Ya sólo recuerdan los títulos de Juande Ramos, las dos UEFA, la Copa o las Supercopas ganadas en dos años mágicos. Jiménez tiene el mérito de haber mantenido las expectativas, de haberlo hecho siguiendo la línea de trabajo marcada en el club; aguantando el nivel tras la venta de muy buenos jugadores y soportando el paso de los años de puntales como Kanouté, Renato o Palop. El Sevilla de Jiménez es un gran equipo, competitivo y duro de batir, que puede ganar un título este año y que lucha por ser el campeón de la liga que forman todos los equipos de España que no son el Madrid y el Barcelona. Este Sevilla está en su límite histórico pero la gente grita ¡Jiménez vete ya¡. Corta memoria.
A Palop le llegó la gloria tarde. El meta valenciano supo aguantar y vivir a la sombra de Cañizares en el Valencia durante muchísimas temporadas. Su carrera parecía abocada a vivir siempre en un segundo plano, jugando partidos ‘de la basura’; entrenando y poco más. Ni siquiera una cesión en Villarreal, en la que demostró su valía como titular firmando grandísimos partidos, le valió para mejorar su estatus en Mestalla. Cuando retornó ‘a casa’ volvió a ‘chupar’ banquillo de manera constante. Palop aguantó. Aguantó y espero su oportunidad. Ésta le llego de la mano de ese descubridor de talento en estado puro que es Monchi. El director deportivo del Sevilla vio en este arquero de maneras clásicas al sostén necesario para cimentar con argamasa su proyecto en Nervión. En el Pizjuan se le ha hecho justicia. A Palop nadie le ha regalado absolutamente nada. Ha crecido paso a paso, siempre fiel a su estilo y a su forma de entender el fútbol. Forma parte ya del imaginario colectivo del sevillismo. En sus vitrinas se guardan ya dos Copa de la UEFA, una Copa del Rey, una Supercopa de Europa y otra de España. Es ya una leyenda de la historia del Sevilla. Ahora jugará una final de Copa más. Para un club que estuvo sesenta años sin ganar nada, es importantísimo. En buena parte se lo debe a Palop. Por si fuera poco, en la Eurocopa que España ganó y en la que fue como tercer portero, Palop demostró tener memoria y venerar a los mitos del fútbol: su camiseta de Arconada en la entrega de trofeos era un guiño al pasado que Adidas convirtió en la línea de ropa con la que La Roja aspira a ganar el Mundial. Palop, un grande del fútbol.