Hubo una jugada ayer que encendió todas mis alarmas: mediada la primera parte, Xavi abrió un balón raso a la banda derecha, por donde se incorporaba Sergio Ramos, Cesc, que andaba por allí, se interpuso sin querer en la trayectoria del esférico y éste le golpeo, cortando la jugada. Xavi y Cesc se miraron con cara de pocos amigos y -esto es lo peor- se quedaron clavados mientras Estados Unidos recogía el rechace y salía como una flecha hacia la portería de Casillas. Cuando terminó la jugada, Puyol, Piqué y Casillas se encararon con los dos centrocampistas, que seguían a lo suyo deambulando por la medular. Todos los que hemos jugado al fútbol sabemos que una jugada de ese calibre es un indicador de que algo no funciona bien. Una grieta en el extraordinario ecosistema construido por la roja durante los dos últimos años. España terminó perdiendo el partido ante una selección menor, se quedó sin el récord en solitario de imbatibilidad y mandó el mensaje de que no todo es perfecto en la campeona de Europa. La Copa Confederaciones ha mostrado algunas carencias en el equipo, que ha perdido la frescura y parte del toque de hace unos meses. Del Bosque está cambiando cosas y el equipo no las está asumiendo con facilidad. Puede que sea el cansancio tras una larga temporada o que la Confederaciones no motiva demasiado pero lo cierto es que la campeona de Europa puede pero no debe perder ante Estados Unidos. A España se le ha fundido algún fusible estas últimas semanas y es misión de Del Bosque restablecer el correcto funcionamiento del sistema. De momento, le aconsejo que analice la jugada de marras. Es, como las décimas en un enfermo, un indicador de que algo no va bien.
Hace poco más de un año entreviste a Alfredo Di Stéfano en su despacho de la asociación de veteranos del Real Madrid. Hablamos de muchas cosas, del fútbol de hoy y del que le toco vivir a él y entre tantas cuestiones, me dejo una meridianamente clara: “el fútbol del futuro es para África. ¿Por qué?, le pregunté. “Porque el fútbol es hambre y en África hay hambre”. No sé si el maestro estará o no en lo cierto y está claro que desde la irrupción de Camerún en el Mundial 82, los especialistas vienen avisando del advenimiento del continente negro sin que eso llegue nunca a suceder. Los grandes del fútbol en el 2009 son los mismos que los grandes del fútbol del Mundial 82. Ahí siguen Brasil, Italia, Alemania, Holanda, España…los Camerún, Nigiera, Costa de Marfil o Senegal apuntan pero no terminan de rematar. Aún así, el fútbol africano ha evolucionado considerablemente. Hace veinte años era impensable que en la Premier, España o en Francia jugaran futbolistas del nivel de Essien, Drogba, Keita, Touré…Los tiempos de Zambia en el Mundial 74 ya forman parte de la historia. Viene esto a colación por el gran nivel que demostró ayer Egipto en su partido ante Brasil en su primer partido de la Copa Confederaciones. Los Faraones pusieron contra las cuerdas a la pentacampeona del mundo. Demostraron que el fútbol africano, en este caso el del Magreb, que siempre ha estado por debajo del África Negra, ha crecido enteros. Aún les queda pero el avance que están experimentando augura buenos tiempos. No sé cuantos años faltarán para que una selección africana gane un gran campeonato pero hace cuarenta años los equipos africanos que jugaban un Mundial no sabían ni colocar una barrera (hay pruebas fehacientes de ello) y hoy ponen contra las cuerdas a cualquiera. Quizas Di Stéfano esté en lo cierto. Lo cual, no me extrañaría en absoluto.
Siempre he defendido que una de las razones por las que el fútbol es tan grande es por la carga de leyenda, de conectar con los mitos de otros tiempos que atesora. Todo lo que sucede en el fútbol actual ocurre porque hay una conexión directa con el pasado. Por eso, la racha que está viviendo la selección española (32 partidos sin perder, un campeonato de Europa y enfrentamientos directos con Italia, Argentina, Alemania, Francia e Inglaterra, incluidos) es sencillamente memorable. En la mitología del balón se encuentran equipos como el Brasil del Mundial 82; la Holanda de la Naranja Mecánica, la Hungría de los años 50; la Francia de Zidane…a todos los ha superado ya está selección que creó casi desde la nada Luis Aragonés y que ahora tan bien gestiona Vicente Del Bosque. La ‘roja’, tras ganar ayer 0-6 a Azerbayan, encadena 32 partidos sin perder, más que todas las selecciones de leyenda de la historia y a tres partidos de la Brasil de los años noventa, aunque la FIFA considere ya que españoles y brasileños están empatados (en la Copa América del 95, la canarinha perdió por penalties ante Uruguay y el máximo organismo internacional contabiliza ese partido como derrota). España debe ir paso a paso. Tiene por delante la Copa Confederaciones, un buen torneo a pesar de su escaso pedigrí, y a doce meses vista la gran cita de su historia: el Mundial de Sudáfrica, donde acude como máxima favorita. Hay que vivir el presente, pero este presente nos conecta con el pasado más glorioso de este país y nos hace mirar el futuro con optimismo. La roja ya es leyenda del fútbol. Ahora toca trabajar para agrandarla con el título de campeones del mundo.