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Se va Ronaldo. Anuncia su retirada un jugador superlativo que siendo mucho en el mundo del fútbol fue menos de lo que hubiera podido llegar a ser. Contra él, siempre pudieron más que los rivales, las lesiones, los kilos de más y una tendencia irrefrenable a las juergas. Tres elementos incompatibles para un futbolista con cualidades suficientes como para haberse retirado con un puesto fijo entre los cinco mejores futbolistas de todos los tiempos. Ronaldo, en todo caso, ha sido un delantero excepcional. Un matador en toda regla y uno de los pocos jugadores capaces de levantar un murmullo de miedo en el graderío cada vez que tocaba un balón, estuviera en la parte del terreno de juego que estuviera. El brasileño, lo más parecido en formato jugador a una manada de búfalos desbocada cuando enfilaba en carrera el área local vivió su momento de gloria en el año 2002, cuando fue pieza indispensable y máximo goleador del Mundial de Corea y Japón. Por aquel entonces ya se había sufrido una lesión que a cualquier otro futbolista le hubiera costado su carrera. Los goles de aquel Mundial más lo que hizo en el 2006 y en el 98 le sirvieron para ser el máximo goleador de la historia del campeonato, un premio que le encumbra como el gran jugador que fue y que en cierta manera le compensa de su máxima frustración: el no haber ganado la Copa de Europa. Nunca estuvo cerca de conseguirlo aunque en su palmarés figura un Mundial, copas de América, ligas, copas en varios países, UEFAS y hasta una Recopa de Europa. Aún así, su mejor aval fueron sus goles. Los hizo de todos los colores pero para el recuerdo siempre quedará la imagen del búfalo desbocado sorteando rivales en el multiusos de San Lázaro de Compostela. Aquella jugada describió mejor que mil palabras la esencia del gran Ronaldo.
Brasil ha vendido su alma al diablo. Posiblemente ganará la Copa Confederaciones, se clasificará con facilidad para el Mundial 2010 y, con un poco de suerte, levantará su sexto Mundial dentro de doce meses pero esta canarinha dirigida por Dunga y liderada por Kaká en nada se parece a la Brasil que, a lo largo de los últimos sesenta años, ha contribuido a que el fútbol sea el deporte más popular del mundo. Ela pacto de Dung con el rey del averno consiste en títulos y triunfos a cambio de convertir a Brasil en un equipo rácano, sin estilo, sin alegría, sin baile, sin samba, sin ilusión. Un equipo que se identifica con el catenaccio y con el sudor industrial que siempre ha caracterizado a los equipos germanos. Brasil ganará pero no convencerá y a Dunga se le olvida que la canarinha es grande y es admirada porque fue capaz de ganar Mundiales haciendo un fútbol de ensueño. Ahora se quieren parecer a italianos o alemanes, otros que suelen ganar más o menos cuando quieres, pero, claro, en el adn de germanos y trasalpinos está esa forma de concebir al fútbol. El refranero dice que honra merece el que a los suyos se parece y esta Brasil de Dunga se parece a cualquiera que entienda el fútbol como un trabajo riguroso de oficinista y no como lo entendieron o vieron Pelé, Eder, Zico, Toninho Cerezo, Garrincha, Sócrates, Carlos Alberto, Didi, Leonidas...y tantos y tantos jugadores brasileños. ¿Qué pensarán todos ellos de Dunga?
Ronaldo golea de nuevo. Lo hace en el Brasileirao, una liga menor y sin el poder competitivo de España o Italia, las plazas donde ‘el fenómeno’ cimentó su leyenda pero, quien piense que está de retiro, se equivoca. Viste la camiseta del Corinthians, uno de los grandes de Brasil. Quien conozca un poco el fútbol brasileño, sabrá que la ‘torcida’ del ‘timao’ es exigente al nivel de cualquiera de las hinchadas de los grandes europeos. Ronaldo podía haberse ido a cualquier club pequeño de Brasil, sin objetivos, sin historia y sin presente, pero eligió el Corinthians con un objetivo claro: el Mundial de 2010, en Sudáfrica. ‘El fenómeno’, máximo goleador de la historia de los Mundiales por encima de hombres como Gerd ‘torpedo’ Muller, quiere irse del fútbol por la puerta grande, vistiendo por última vez la camiseta de la ‘canarinha’. Lo que parecía un reto imposible, una utopía, hace apenas un año, cuando volvió a romperse de gravedad, es ahora más que factible. Ronaldo no se rinde. El mejor goleador de las dos últimas décadas ya golea en Brasil y lo hace con la idea clara de ser el capitán de Brasil que levante la sexta copa de campeones del mundo. Una aventura a la altura de ‘el fenómeno’.