Punto final a una temporada 2009/10 que pasará a la historia como el torneo de los récords pero que, a mi, me deja un regusto amargo desde el punto de vista general: la Liga camina hacia una peligrosa espiral en la que el fantasma de una liga a la escocesa cada vez se hace más y más visible. El Barcelona es el justo vencedor de un campeonato que se ha apuntado siendo fiel a su forma de entender el fútbol. Los azulgrana han jugado siempre a lo campeón, aunque en ocasiones no les salieran las cosas tal como Guardiola las tenía escritas en el guión. Son, además, el campeón con más puntos de la historia (99), una cifra alcanzada ante el extraordinario nivel de exigencia al que le ha sometido un Real Madrid que con 96 puntos hubiera sido campeón en todas las ediciones de la historia y que se ha ido hasta los 102 goles impulsado por el poder artillero de Cristiano Ronaldo e Higuaín. El Barcelona completa un ciclo de siete títulos. De la mano de Guardiola han llegado un Mundial de Clubes, una Champions, una Supercopa de Europa, dos Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa de España, un botín sin precedentes que confirma que el fútbol español vive un cambio de ciclo. La cuestión es dilucidar cuánto durará éste y la intensidad que tendrá. El Barça gana tiempo en la formación de sus jóvenes estrellas canteranas al tiempo que no pierde la costumbre de ganar. La ilusión frustrada por ganar la Champions en el Bernabéu ensombrence solo en la mente de los más fanáticos una temporada a la que no se puede calificar más que como sobresaliente. El Barcelona es el justo y un gran campeón. Así hay que reconocerlo.
Qué curioso es el fútbol. El Real Madrid está en manos de Javier Clemente, uno de los hombres menos sospechosos de ser madridista que se puedan encontrar no sólo en España sino en el mundo entero. Cierto es que el de Barakaldo está en la tesitura de hacer campeón de Liga al Madrid porque ha sido capaz de hacer el milagro de que el Valladolid llegue a la última jornada fuera del descenso y con posibilidades de salvación. Algo increible hace tan sólo seis jornadas. Lo malo para los pucelanos es que se juegan las alubias contra el Barcelona, el mejor equipo del mundo y que, además, se juega la Liga. Los dos tienen que ganar. Uno para ser campeón y otro para salvarse. Lo curioso es que el triunfo del Valladolid supondría el del Madrid (siempre que el Madridn venza) y en este caso estaríamos ante una de las mayores sorpresas de la historia del fútbol y ante paradoja memorable: el encumbramiento del Madrid por parte de Clemente.
Hoy comienza la jornada 36 de la Liga, a dos del final del campeonato, un torneo con todo por decidir, tanto para el título de Liga como para la Champions, la Europa League y el dramático descenso. Seguramente, los seguidores azulgrana tengan señalado esta jornada en rojo. Es la que piensan que el Madrid puede pinchar, los que les convertiría en virtuales campeones de la Liga. El Barca juega con el Tenerife en casa y el Madrid lo hace contra un Mall0rca intratable en Son Moix. El problema es que los azulgrana juegan ante un equipo que se juega la vida y el Madrid c0ntra otro que se juega la subsistencia porque necesita los millones de la Champions League para eludir la quiebra. Lo razonable – si en le fútbol existiera lo razonable- sería que el Barcelona ganase y el Madrid sufriera. Si esto sucede, habrá campeón. De lo contrario, las tornas cambiarán y el subrayado en rojo cambiará de acera y el sábado el Madrid jugará en casa ante el Athletic y el Barca en Nervión ante el Sevilla. Pero la clave, y en este punto coincido con el barcelonismo, está mañana en Son Moix. Si el Madrid salva el enorme escollo que suponen los hombres de Manzano, pienso que será campeón. De no hacerlo, el título irá a la Ciudad Condal.
Mourinho no sabe ganar. El portugués es veneno puro. Provocador y altanero es imposible que su actitud ante el rival solamente sea una pose. No se puede fingir tanto. Seguramente Mourinho sea así por lo que no me gustaría contarme entre sus amigos. No me gustan los tipos que te están retando continuamente y, encima, cuando ganan se ríen de ti. Futbolísticamente hablando, genera violencia. La UEFA debería pararle los pies. Dicho esto, el Barcelona no sabe perder. Un club que se supone de entre los más grandes del mundo, está dando muestras últimamente de habérsele subido el éxito a la cabeza y no saber digerir los malos tiempos cuando estos vienen en forma de derrota. Hay ejemplos durante las últimas semanas pero el de ayer por la noche es especialmente lamentable. Poner los aspersores cuando el rival celebra el pase a la primera final de la Copa de Europa en 38 años es impropio y barriobajero, más si cabe cuando los propios futbolistas del Barcelona celebraron con saltos en el centro del campo el triunfo en un partido de liga, que no el pase a una final, en la cancha del Real Madrid, el eterno rival. Nadie les puso a ellos los aspersores en el Bernabéu. Hacerlo anoche es un síntoma de falta de caballerosidad, elegancia y buen gusto. No he visto una actitud igual ni en campos de regional en barrios de mala muerte. Igual vale para Valdés. Ir a coger del cuello a Mourinho es patético. Que el luso sea un impresentable no es excusa para que tú también lo seas. Si Mourinho no supo ganar, el Barca no supo perder y en la vida es tan importante lo uno como lo otro.
Mourinho se debe estar frontando las manos desde su casa en el lago de Como. El Barca-Inter de Milán de este miércoles está justo donde él quería que estuviera: con una dosis de extramotivación por parte de los jugadores del Barcelona; con el barcelonismo hablando de árbitros y mesetas centrales; con el plantel sacando camisetas en las que aseguran que se van a dejar la piel (demagogia pura que gusta a los aficionados) y con el hincha culé pensando que el partido ante el Inter es poco menos que el fin de los tiempos que pronosticaron las profecías mayas. En pocas palabras: se habla de todo menos de fútbol, de estilo, de filosofía futbolística. Justo el punto en el que el Barcelona es mejor que el Inter. Los azulgrana están olvidando que para eliminar a los italianos y jugar la final del Bernabéu, sólo tienen que apostar por ser fieles a su forma de entender el fútbol. Y eso lo están olvidando. Están inmersos en una guerra dialéctica y exarcebada en la que están poniendo por delante la sangre a la calidad. Si el partido de vuelta se convierte en una batalla campal, en una guerra de conquista, el Barca estará eliminado. Para pasar tienen que jugar al fútbol como saben. Seguir el camino que les ha traído a la puerta de su segunda final consectuvia. Mourinho ha ganado el primer asalto y todo parece indicar que cuando desembarque en El Prat, liará alguna más y el barcelonismo volverá a caer en la trampa. De seguir así, el Barca lo lleva crudo.
Anoche hubo partido grande en San Siro/ Meazza. Fue un duelo de los de antes, de verdad, con el cuchillo entre los dientes y en el que tanto futbolistas como público eran plenamente consciente de lo que estaba en juego. La hinchada interista apretó a muerte, haciendo honor a la fama de San Siro/ Meazza, un estadio mítico, de los más grandes de Europa por la cantidad de partidos memorables que se han jugado en él. Con San Siro/Meazza en pie de guerra, el encuentro estaba justo en el lugar que más convenía a un Inter de Milán con mucho menos fútbol que el Barcelona pero con las cosas muy claras. No hay equipo más peligroso que aquel que es consciente de sus limitaciones y del papel que le toca interpretar. En eso, los italianos son maestros. Los interistas de ‘Mou’ saben que su única posibilidad de eliminar al Barcelona es jugar con la fiereza de la ley de la selva. Y así jugaron. Convirtieron cada balón en una batalla y cada centímetro del césped milanés en una trichera. Como tampoco son cojos, lo demás vino por sí solo. El Barcelona no se puede quejar. Cada uno juega según su argumentario y a nadie puede sorprender a estas alturas de la película que el del Inter se basa en eso: fuerza, coraje, batalla sin tregua y fútbol de relámpago. Con eso, ayer les bastó. Seguramente, el Nou Camp será otra cosa pero de lo que sí estoy convencido es que volveremos a ver otro partido jugado a cara de perro.
Llevo dos días escuchando la ’sorprendente’ noticia de que el Barcelona viaja en autobús hacia Milán para disputar la ida de las semifinales de la Champions League en San Siro ante el Inter de Milán. No hay duda de que, acostumbrados a viajar en avión y charters privados, el viaje en autocar es, a todos luces, un engorro pero de eso a convertirlo en una hazaña mediática media un abismo. Cierto es que nadie del Barca dice ni mu y que en este caso la culpa íntegramente es nuestra, de los medios de comunicación. Con nuestras informaciones convertimos a unos tíos de carne y hueso en héroes de forma continua, una tendencia que raya el ridículo más espantoso cuando esa categoría prácticamente se otorga por cogerte un autobús de lujo y hacerte un viaje que no llega a los 1.000 kilómetros, algo que hacen todos los niños del antiguo Octavo de EGB con el viaje de fin de curso o todo aquel que se coge el coche al salir de trabajar y se va a la playa de Málaga o de La Coruña a pasar el fin de semana y vives en el centro de la península. Los periodistas llevamos varios días hablando del viajecito en autobús, persiguiendo el autocar con el escudo del Barca por las carreteras del sur de Francia y ensalzando un hecho que todos los fines de semana hacen los equipos de Segunda B y muchos de Segunda para jugar sus partidos. A mi, esta forma de cubrir la información de los clubes grandes me empieza a producir un poco de vergüenza ajena. Seguro que a algunos jugadores del Barcelona, también.
Visto lo visto en el Clásico del sábado, habrá que convenir que los futbolistas del Madrid tienen menos sangre que el gran Bela Lugosi a las doce del mediodía en una playa de Cádiz. El Barcelona pasó por encima de los blancos principalmente porque sus jugadores son bastante mejores que los del Madrid y en el fútbol suelen ganar los mejores pero también pasó por encima por la simple razón de que demostraron mucho más oficio y saber estar que muchas de las figuras de Chamartín. Fue un duelo desigual, entre pardillos blancos y una jauría vestida de azulgrana que se dedicó a cazar cuando y cómo quiso al grupo de pardillos que tenía enfrente. Pruebas de lo que digo hay muchas:
1- El gol de Messi viene precedido de un saque rápido de una falta pitada contra el Madrid por Mejuto que los futbolistas del Madrid se quedaron protestanto una décima de segundo de más. Messi, el jefe de la jauría, aprovechó el regalo.
2-Hubo varias faltas en contra del Barcelona que sus jugadores protestaron a una, rodeando hasta siete de sus futbolistas al árbitro. El Madrid contemplaba. El Madrid miraba. El Madrid pardilleaba.
3-Hubo varias jugadas en las que los jugadores azulgrana se quedaban en el suelo el rato que les venía en gana. Nadie del Madrid les recordaba que aquello era el Bernabéu.
4-Messi mira y el árbitro pita, ya sea fuera de banda, falta o miedo. El jefe azulgrana hizo lo que quiso, cómo quiso y cuando quiso. Ningún pardillo le recordó a Messi que eso era el Bernabéu.
5-Guardiola cambia a Milito y éste se va en loor de sus compañeros. Nadie del Madrid se acercó a recordarle que eso era el Bernabéu y que hay que darse prisa cuando te cambian si el Madrid va perdiendo.
Dicho esto, la pandilla de pardillos perdió casi con toda probabilidad la Liga, después de haber perdido la Copa y la Champions. El Barcelona, en cambio, volvió a Barcelona como vino a Madrid, casi sin despeinarse y con la certeza de que hoy por hoy, en España no tiene rival.
La extraordinaria exhibición de Lionel Messi ante el Arsenal tiene un ‘pernicioso’ efecto para su equipo: expolea la ambición de un jugador competitivo y voraz como es Cristiano Ronaldo, que a estar horas sólo estará pensando en una cosa: demostrar al mundo que él, CR9, es mejor que ‘La Pulga’. El duelo entre los dos titanes amenaza con eclipsar lo verdaderamente esencial del choque: quien gane de los dos tendrá tres cuartas partes de la Liga en el bolsillo. Una Liga bipartidista al estilo escocés pero que en la lectura corta muestra que ganarla será más cara que nunca. A Que a estas alturas, los dos gigantes del fútbol español estén con 77 puntos indica la gran diferencia de nivel que hay en el torneo pero en el cortoplacismo muestra que ganar este campeonato está más caro que nunca. La victoria del sábado vale cuatro puntos (los tres en juego y el gol average particular), una distancia prácticamente insalvable tal como están los dos planteles con lo que queda de campeonato. Cristiano y Messi serán actores indispensables en el drama pero para el Madrid existe un problema oculto: Messi no necesita demostrar nada. Cristiano quiere, sin embargo, demostrar que es el mejor y esa ambición le puede llevar a equivocarse, a ahondar en su individualismo, a cegarse en perjuicio del grupo. CR9 se lo debe pensar.
Esta noche hay partido grande en el Nou Camp: duelo de vuelta de los cuartos de final de la Champions League entre el Barcelona, actual campeón de todo, y el Arsenal, el club menos inglés de cuantos juegan en la Premier League. El que pase estará a un paso de disputar la final en el Santiago Bernabéu, una necesidad histórica para los ‘gunners’ y un regocijo histórico para los azulgrana. Al partido se le pueden poner todos los adjetivos que se quieran pero aún así no se me va de la cabeza que va a ser un encuentro fácil para los hombres de Guardiola, a pesar de que el entorno del club se ponga todas las vendas que se está poniendo. El Barca es muy superior al Arsenal en todas las líneas. El problema para el equipo de Wenger es que su filosofía futbolísitica y sus planteamientos son muy similares en esencia que los del Barcelona con la salvedad de que sus jugadores son peores que los azulgrana. Si dos equipos juegan a lo mismo, suele ganar el que mejores ‘peloteros’ tiene. El Arsenal debería innovar, jugar de otra forma pero eso es imposible. Por si eso fuera poco, Cesc, Van Persie y Arshavin, tres de sus mejores hombres y los que mejor interpretan a Wenger, están fuera de combate. Lo mismo que Gallas y Song, dos bajas que se pueden equiparar a las de Pique y Puyol. Por todo ello, el Arsenal esta noche será una víctima propiciatoria.