Twitter: @Israelgmontejo
El Atlético de Madrid está repitiendo los errores que han llevado a la ruina al fútbol sudamericano en un tiempo récord y que, entre otros efectos, han tenido como punta de lanza el mediático desdecenso de River Plate a la Segunda División. No es una exageración lo que digo. El Atleti está en la misma senda que iniciaron hace una década los clubes argentinos. Las consecuencias han sido funestas. En esa línea estala entidad rojiblanca: su gestión está sumida en numerosas sombras; las figuras no quieren jugar en el Calderón y las que ya forman parte de la primera plantilla se quieren ir a toda velocidad. La dirigencia, como dicen en Argentina, tiene mentalidad vendedora y -la guinda- la venta de De Gea al Manchester United confirma que se ha subido el último escalón, que no es otro que el de traspasar a los jóvenes talentos de la cantera en cuanto firman una buena temporada, sin dar tiempo alguno a rentabilizar deportivamente a un futbolista criado en la filosofía del club, si es que está sigue vigente. El panorama es desolador. Si el Atleti persiste en esta línea, llegará un momento en el que la caja del club esté vacía, el césped huérfano de talento y no quede futbolista interesante que vender. Entonces llegarán los llantos. Exactamente igual que en el Monumental de River Plate.
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Lo que está sucediendo en el Atlético de Madrid es lo más parecido a un cierre por liquidación que he conocido en la historia del fútbol. A poco menos de tres semanas de que el club del Manzanares comience la temporada, los rojiblancos saben a ciencia cierta que no contarán con su estrella (Kun Agüero) y su portero titular (De Gea), sus dos perlas más preciadas. Además, acaban de vender a su mejor defensa (Ujfalusi); tienen en el escaparate a su goleador Bota de Oro y Balón de Oro mundialista (Diego Forlán) y en el punto de mira de otros clubes a su mejor extremo (Reyes). A esto se le une que el pasado diciembre vendieron a su extremo derecho (Simao); que hace un mes y medio perdieron al entrenador que les ha dado sus últimos títulos (Quique) y que su director deportivo de las últimas cinco temporadas ha salido por la puerta chica (García Pitarch). Por si fuera poco, han fracasado en la ‘operación secreta’ de reconstrucción institucional (Kiko y Toni Muñoz). A cambio de tanto desaguisado, ha llegado un entrenador como Manzano, que cumple su segunda etapa en el club; Pérez Caminero como director deportivo y algunos fichajes de la anterior etapa como Miranda y Silvio que a nadie ilusionan. Con este panorama, ¿qué se puede esperar este año del Atleti? Huele a escabechina.
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Vamos a ser lo más claros posibles: el Kun, si lleva algún equipo en su corazón, ese es el Independiente de Avellaneda, no el Atlético de Madrid al que, no lo pongo en duda, tendrá simpatía. Digo esto porque el argentino no tuvo inconveninente de salir de Independiente y fichar por el Atleti y ahora hará lo mismo porque, como todo jugador profesional, los colores se quedan en casa y de lo que se trata es de ganar más dinero y títulos, cosas que el club del Calderón no puede garantizarle. Es decir, que el Kun se va porque quiere. Nadie le obliga y eso es algo que deberían tener en cuenta los seguidores rojiblancos. Dicho esto, en el Atleti hay problemas de fondo que contribuyen a que el crack argentino haya tomado la decisión de irse.El más importante es que el Atleti ganó el año pasado UEFA y Supercopa de Europa y disputó la final de la Copa del Rey. Un gran bagaje que en vez de significar el punto de partida para hacer un proyecto ganador se ha convertido en un acelerador destructivo. La directiva dilapidó ese potencial al no hacer los fichajes adecuados que apuntalasen un gran grupo. Sus tres puntales (De Gea, Kun y Forlán) están en la rampa de salida. Algo inaudito si quieres ganar títulos y lo están casi desde el día después de levantar la UEFA. El Atleti se ha convertido en una estación de tránsito, no de destino. Además, Gil Marín y Cerezo dicen una cosa y hacen otra. La estructura del club es anquilosada y personalista. Se pierden oportunidades como la de crear una estructura moderna con Kiko y Toni Muñoz por rencillas personales y el club, en general, tiene la inercia de un club pequeño vendedor y no grande y comprador y cuando ficha lo hace apostando por medianías, algunas de ellas impropias para una entidad de la historia del Atleti. Todo eso afecta a los futbolisas que se sienten con capacidad de aspirar a cotas mayores. El Kun se va, por tanto, porque quiere pero también porque este Atleti no es el que le prometieron ni lo va a ser mientras no cambien muchas cosas.
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Resulta ahora que Quique Sánchez Flores, reputado ex valencianista y ex madridista de pedigrí, es más colchonero que mis amigos Norberto y Fernando Santos, alias el ‘negro’, juntos, que ya es mucho decir. Lo cierto es que Quique se ha aprendido la lección y a su manía de hablar en plural ha unidReal Madrid o la estrategia de repetir en rueda de prensa y en la mayoría de sus declaraciones como si de un mantra se tratara una serie de conceptos que van dentro del adn de la gente del Atleti, esa que lo es de toda la vida y que sufre con un equipo que desde hace muchos años no da la cara. Su último mensaje de cara a la galería fue antes del derbi, cuando aseguró poco más o menos que ganar al era cerrar la cuadratura del círculo. Cabría preguntarle al técnico rojiblanco, más del Atleti que nadie, que es eso de la cuadratura del círculo en un equipo otrora grande que transita a más de treinta puntos de la cabeza de la Liga, ve con prismáticos la clasificación para la Champions League y tiene más que complicado el entrar en la Europa League. Pero claro, lo que a Quique le interesa no es que se hable de eso sino de alentar el espíritu antimadridista, que vende y mucho en el Vicente Calderón. El mensaje de Quique era taimado y tramposo: si se ganaba al Madrid se salvaba la temporada y eso llevaba implícito que su labor al frente del equipo era positiva. Nadie con un dedo de frente entre los aficionados del Atleti puede considerar eso como cierto aunque, evidentemente, ganar al eterno rival sea una enorme satisfacción. La afición del Atleti ha visto mucho y muy bueno para que los vendedores de crecepelos del lejano oeste les vendan un elixir milagroso. Amigo Quique Sánchez Flores, la temporada del Atleti es vergonzosa y usted es el responsable. No intente dar gato por liebre a una afición que sabe de fútbol mucho más de lo que se cree y que, por cierto, lleva puesta la rojiblanca desde que nació.
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El Atléti nos tiene acostumbrados a dispararse en el pie pero su última actuación es digna de un TBO de Ibáñez, a lo ‘Mortadelo y Filemón’. Resulta que a Forlán le llaman en el vestuario ‘la rubia’ y que no le dan balones en un ataque de celos que sufren alguno de sus compañeros. De patio de colegio. Además, el entrenador alienta el conflicto cambiándole continuamente y la afición que le tiene tomada la matrícula le pasa cada vez menos. El problema para el Atleti es que Forlán es, con permiso del Kun, el mejor futbolista en una plantilla donde hay jugadores ‘venerados’ como Perea o Antonio López y es, además, otra vez junto al Kun, el único futbolista de talla mundial en un plantel para andar por casa y que de hecho anda por casa haciendo el ridículo en la mayoría de las ocasiones. Forlán no tiene nada que demostrar a nadie. En el Calderón ha ganado una Bota de Oro y ha hecho goles de todos los colores. Como todos los futbolistas, pasa por rachas mejores y peores pero su estilo de juego provoca que estalle de cara al marco contrario en el tercio final de las temporadas. El hecho de que en el vestuario le llamen ‘la rubia’ y que no le den balones en algunas situaciones ventajosas denota dos cosas: la inmadurez del vestuario y la poca profesionalidad de algunos futbolistas, que anteponen sus filias y fobias al bien de la entidad. El Atleti empieza a parecerse a un circo y en ese mundo de pandereta que es el vestuario rojiblanco, los únicos perjudicados son los socios y aficionados del Atleti, que no se merecen lo que tienen en casa.
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El Atletico de Madrid hace ya unas temporadas que ascendió de Segunda pero en su relación con el Real Madrid, otrora archirival, sigue sumido en las catacumbas de la División de Plata. Lo de los rojiblancos con sus vecinos de Chamartín es estructural, un síndrome inexplicable que convierte a las diferentes generaciones de jugadores que visten la elástica del Manzanares en rehenes de un extraño mal que les impide no ya ganar al Madrid sino siquiera oponer la más mínima y decente oposición. El Atleti lleva sin ganar a los blancos once años o, lo que es lo mismo, veinte derbis. Una estadística que desafía las leyes de la más elemental lógica. La afición colchonera vive esta situación atónita. Es algo inexplicable. El mal que aqueja a los dueños del Calderón les permite tener el cuerpo en Primera, en la autodenominada Liga de las Estrellas pero en mente y espíritu siguen en Segunda División. Un cordón umbilical completamente invisible que no serán capaces de romper hasta que de una vez por todas tumben al Madrid. El club, como entidad y sus jugadores como sus representantes visibles le deben una disculpa a su afición, una hinchada que lo que más desea es hincar el diente al vecino. La disculpa no llegará porque los rectores del Atleti no se han dado cuenta de que con mentalidad de Segunda División, fichando medianías, vendiendo a los mejores hombres, sin proyecto a largo plazo y anteponiendo los intereses económicos a los deportivos, seguirán transitando con más pena que gloria y pisando la historia de un equipo que hace no tanto era un grande de España y, cuando se enfrentaba al Real Madrid, le ponía contra las cuerdas en más de una ocasión.
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Ni me gusta ni entiendo la norma que se ha sacado de la manga la Liga de Fútbol Profesional por la que cualquier futbolista, independientemente del número de partidos que haya disputado, puede fichar por otro club hasta el 31 de enero. No la entiendo porque pienso que pervierte el espíritu de la competición. El primero que se ha agarrado a la norma ha sido el Atlético de Madrid para fichar a Juanfran, titular indiscutible con Osasuna, que ha cambiado de aires y el domingo defendió la camiseta rojilla en el antiguo Sadar y ayer ya jugó con el Atlético de Madrid. No ha terminado ni la primera vuelta por lo que podría darse el caso de que Juanfran, si juega contra el Mallorca en el Calderón, haya jugado dos veces en la primera vuelta contra los bermellones. El fichaje de Juanfran se ajusta punto por punto a la legalidad pero la norma me parece una estafa al orden deportivo. No la comparto ni me parece bien que Juanfran o cualquier otro tras marcar, jugar y ser determinante con una camiseta cambie de aires en medio del trayecto. Nadie abandona el barco en mitad de la tempestad y eso es, precisamente, lo que permite esa norma. ¿Se imaginan que el Real Madrid se acercase con la talegada a San Mamés y se llevase a Llorente la semana que viene? La que se montaría. Seguro que se hablaría de adulteración de la competición. Pues el primero que lo ha hecho, eso sí, amparándose en la ley, ha sido el Atlético de Madrid. Lo harán muchos más. Y no me gusta.
5.000 personas, siendo generosos en el Vicente Calderón para ver los octavos de final de la Copa del Rey ante la Universidad de Las Palmas. Sí, es cierto, la eliminatoria estaba solventada, el rival era un Segunda B sin pedigrí alguno y, como es noviembre, hacía frío a orillas del Manzanares. Sí, todo eso es verdad, pero también es verdad que cuando se lleva la vitola de mejor afición de este país, hay que estar a las duras y a las maduras. Me decían unos amigos, socios del Atleti ellos, que no iban porque estaba todo sentenciado, que no merecía la pena. Como ellos, pensaron la gran mayoría de abonados e hinchas del club rojiblanco. Ayer, la autodenominada mejor afición de España, desertó de sus colores. Cuando se es socio de un equipo, a no ser que haya imponderables de primer orden que impidan la asistencia, se debe ir siempre a ver a tu club, llueve o truene o esté la eliminatoria decidida. No es la primera vez que sucede eso en el Calderón pero claro, alguien seguirá diciendo que son los mejores hinchas de este país. Ver para creer.
Me da la impresión de que yo vi un partido ayer en el Bernabéu radicalmente distitinto al que Quique Sánchez Flores contempló desde el banquillo. Quizás sea porque su posición está al ras del césped y no se el mismo fútbol que desde las gradas pero yo, si fuera aficionado del Atlético de Madrid, hoy estaría absolutamente indignado. Ya son 18 los derbys sin que los rojiblancos hinquen el diente al Madrid pero la sensación que me queda del partido de ayer es que la diferencia es tan grande entre uno y otro que el entrenador del Atleti se fue tan contento por haber evitado “salir escaldado”, según sus propias palabras. Quique vio un equipo “fuerte, disputando la posesión y dominando todas las fases del juego”, según sus propias palabras. Yo, en cambio, vi un Atleti derrotado de antemano, sin fuerza, conformista y sin buscar nunca la remontada por el miedo de recibir un saco de goles a la contra. Forlán estuvo dimitido, los laterales nunca subieron, el centro del campo no construyó nada y si salieron con un 2-0 “digno” fue porque el Madrid sesteó tras ponerse en ventaja. Yo, que soy de Madrid, empiezo a añorar los derbis de antaño, plenos de fuerza y competitivdad. El ‘clásico’de ahora se parece cada vez más a una pachanga en la que uno de los dos supuestos rivales comparece con la bandera rendida desde el túnel de vestuarios. Una pena, pero que al menos no nos venda Quique que han bordado el fútbol porque no no lo creemos.
Esta noche Álvaro Negredo podrá jugar con el Sevilla la final de la Copa del Rey. Una buena noticia para el fútbol. Seguramente, la gente del Atlético de Madrid no lo verá así pero yo, que no soy ni del Sevilla ni del Atlético de Madrid creo que Negredo debe jugar y no lo pienso por algo tan intangible de que es mejor para el espectáculo o que los buenos futbolistas deben estar en las finales sino porque me parece injusto e incomprensible que las tarjetas que un futbolista recibe en una competición, cuenten para otra completamente distinta. No entiendo que una roja en Liga prive de jugar un partido de Copa. Es una norma que la Federación debe plantearse cambiar. Hace unos años le sucedió al Madrid que contó en una final de Supercopa de España con dos expulsados y estos no pudieron jugar la siguiente jornada de Liga. Me parece un fraude y una adulteración de la competición. La FIFA de cara al Mundial también ha suprimido que la acumulación de amonestaciones prive a un futbolista de jugar la Final del torneo. También me parece bien. Sólo habrá sanción para la final si hay una roja directa. En este caso estamos hablando del mismo torneo y me parece correcto para evitar que unas semifinales se conviertan en una batalla campal pero en el caso de dos torneos distintos como son la Copa o la Liga me parece injusto que las tarjetas de uno cuenten para lo otro.