Al Athletic se le va a caer el pelo. La batalla campal en que se convirtió el césped de San Mamés al final del partido entre Athletic y Anderlecht no es de recibo. Los hinchas belgas, la mayoría de ellos mamados hasta las cejas, provocaron y provocaron, al parecer, durante las horas previas, antes y durante el partido pero las imágenes no dejan en buen lugar a muchos aficionados del Athletic que entraron al trapo y, mucho menos, a aquellos que se decicaron a lanzar objetos contra los belgas desde las gradas superiores o mear en dirección a la hinchada de Bruselas. Mención aparte merece la policía vasca, completamente desbordada y fuera de sitio. Los incidentes quedaron en mera algarada pero la ausencia de policía y el nivel de mamados presente en el estadio al final del partido podía haber provocado una auténtica tragedia. Lo malo para el Athletic es que hace apenas un par de meses, ante el Austria de Viena, también se produjeron incidentes e invasiones de campo. Algo falla cuando juega el club de Bilbao. De momento, si los leones pasan ronda, que vayan buscando estadio y, por supuesto, si yo fuera seguidor del Athletic no viajaría a Bruselas. Huele a caza del vasco.
Estuve el pasado martes haciendo varios reportajes sobre el Athletic Club de Bilbao en Lezama, uno de los templos del fútbol español. Junto al fotógrafo Fernando Villar hicimos una jornada intensa. Por la mañana Aitor Ocio y Amorebieta más una entrevista con Llorente y por la tarde, previa comida con el mítico Walter Evans (gracias por la invitación, Walter), en un restaurante argentino en pleno centro de la ciudad, charla futbolística con Jabo Irureta en su despacho de Lezama. La verdad es que gracias a Walter, la entrevista con Jabo me sirvió para entrar de lleno en el proyecto que el veterano entrenador quiere implantar en las categorísa inferiores del Athletic. En el próximo número de FUTBOLISTA publicaremos la entrevista íntegra pero puedo adelantar que la intención de Irureta es dar la vuelta como un calcetín a la idea y al fútbol que se ha venido practicando en el Athletic tradicionalmente. Jabo quiere cambiar métodos de entrenamiento, estilo y hasta prototipo de futbolista que se cría en Lezama. Es un proyecto ambicioso y para el que se necesita tiempo y paciencia, algo de lo que normalmente carece el fútbol. Bien haría el Athletic en mirar a largo plazo y apostar sin fisuras por Lezama y la idea que Irureta lleva bajo el brazo.
Escribo este post después de que Toquero haya calmado con su gol y los tres puntitos ganados ante un alicaído Espanyol a una afición que comienza a temerse un año de cuchillos largos por La Catedral. A pesar de que el Athletic empezó la Liga ganando, el proyecto de Jokim (Joaquín) Caparrós parece más acabado que un bollo a la puerta de un colegio a la hora del recreo y eso que el utrerano, que conoce bien los tiempos y la idiosincracia de su afición, no ha dudado de poner sobre el césped a canteranos ilusionantes como Muniaín o De Marcos. Con ello, ha ganado tiempo pero la realidad es testaruda. El Athletic las ha pasado canutas ante el Young Boys y el Tronso (se escribe así?) noruego en la fase previa de la Liga Europa. Decir canutas es tirar de eufemismo para definir el nulo juego y el escaso poder de un equipo embarrancado ante clubes menores. Quizás la palabra adecuada sería esperpéntico, y me quedaría corto. Lo del Nou Camp en la Supercopa es directamente hacer el ridículo. El Equipo no ha crecido y, lo que es peor, parece inmerso en la complacencia y la autopalmada en la espalda tras la final de la Copa disputada el pasado mes de mayo. Europa es un gran premio para una afición que se lo merece todo pero para este Athletic jugar la Liga, la Copa y la extinta UEFA esta temporada, con el nivel mostrado hasta el momento y con Caparros haciendo demagogia desde la primera jornada de Liga es poco menos que una invitación a asomarse al barranco de la Segunda División. El tiempo dirá si tengo o no tengo razón. Ojalña me equivoque pero este Athletic huele muy mal.
Hoy hay partido de fútbol, partido de los de antes, grande, definitivo, un no va más cargado de pasión y en el que se enfrentan dos estilos de fútbol completamente diferentes y que cuentan con un respaldo social de incondicionales absolutamente excepcional. El fútbol, pues, se viste de gala a pesar de que la fiesta comience a las diez de la noche y en un día laborable. Culpa de la Federación, empeñada en minar un torneo legendario. Hoy juegan Athletic y Barcelona, los dos gigantes de la Copa del Rey. Entre los dos suman 47 entorchados y la friolera de 69 finales. Valencia ya esta invadida por aficionados, sobre todo del Athletic, inmunes a la hora y el día de trabajo. El partido cuenta, además, con unos alicientes y condicionantes que lo convierten en un hecho diferencial. El Barca tiene su primera parada hacia el triplete, un hito que nadie en el fútbol español ha logrado jamás. La Copa puede ser el primer título de la era Guardiola y reafirmaría a los azulgrana en su modelo de fútbol-toque-ambición y asociación. En cambio, el Athletic es más tribal. Caparrós y Vizcaya apelan a la tribu para su cita con la historia, su partido más importante en el último cuarto de siglo. Modelo contra tribu. Barcelona contra Athletic. Y el título de Rey de Copas sobre el tapete de Mestalla. Y todo eso a las diez de la noche y en día laborable por capricho federativo.
El Athletic ya está en Valencia preparando el que es el partido más importante de sus últimos 25 años, la final de Copa del Rey ante el Barcelona. Pocas veces en la historia reciente del fútbol español un equipo acude a la cita con un apoyo tan masivo y unánime como el de los rojiblancos. La expedición del Athletic cogió ayer el avión para su cita con la historia en olor de multitudes, aclamado por una afición ansiosa de recuperar su glorioso pasado. La responsabilidad para los jugadores es enorme. 20.000 leones jalearon en las gradas de San Mamés el entrenamiento de los suyos. ¡20.000! ni más ni menos. Después, romería rojiblanca hasta el aeropuerto; pasión en la despedida, clamor a la llegada a Valencia, manifestación a la entrada del hotel…pasión en estado puro…y presión para unos jugadores que ya saben que el partido del próximo miércoles es mucho más que un partido: es una cuestión de estado. Juega el Athletic, juega Vizcaya y juegan miles de leones. Mucha presión y mucha responsabilidad pero no veo mejor motivación para afrontar el partido de toda una vida.
Lo siento por el histórico Athletic pero los leones huelen a Segunda. El Athletic, su afición, Caparrós, los jugadores y hasta el mismísmo San Mamés viven un espectacular síndrome de Estocolmo, secuestrados y embelesados por la final de Copa que disputarán dentro de apenas quince días. Al Athletic se le olvidó jugar al fútbo, tan encantado estaba de conocerse por volver a una final de su torneo un cuarto de siglo después. Desde aquella noche memorable ante el Sevilla, no han hecho nada de nada, excepto perder partidos. Uno tras otro. Ahora, a falta de un mes para el final del campeonato se ve con el agua al cuello, sin la mentalidad que tienen otros clubes más acostumbrados que ellos a vivir y sobrevivir entre el lodo y el fango; con la mente aún puesta en la final de Copa y en cómo navegaría la re mozada gabarra. Huele a un Athletic de UEFA o campeón de Copa pero en Segunda. Un desastre que dice muy poco de la seriedad de una plantilla que se llenó de glamour y olvidó que el mundo es el día a día. Lo siento por el Athletic, pero lo que está haciendo esta segunda vuelta de la Liga no es de recibo.
No soy aficionado del Athletic ni tampoco del Sevilla pero, por muchos motivos, estoy encantado con el partido de esta noche en San Mamés. Athletic y Sevilla se citan con la historia a partir de las ocho de la noche, en duelo titánico, con La Catedral a reventar y en noche lluviosa. Tal como cuentan las crónicas que eran los partidos hace medio siglo, justamente cuando el Athletic cimentaba su leyenda de Rey de Copas. Me gusta el partido porque eleva a la Copa a la categoría que se merece; me gusta el partido porque sobre el céspde de San Mamés habrá dos equipos que se dejarán el alma por estar en la final de Valencia; me gusta el partido porque lo protagoniza el histórico y romántico Athletic y el renacido, poderoso y no menos histórico Sevilla; me gusta el partido porque dos ciudades enteras están hoy pendientes de la televisión y me gusta el partido porque reivindica el fútbol mucho más allá de Real Madrid y Barcelona. Bilbao está engalanada y se respira ambiente de noche grande, de noche de otros tiempos. Quizás sea un romántico del fútbol pero de lo que estoy seguro es que este deporte me gusta por noches como ésta. Más allá de que mi equipo no juegue. Que gane el mejor.