Esta noche hay partido grande en el Nou Camp: duelo de vuelta de los cuartos de final de la Champions League entre el Barcelona, actual campeón de todo, y el Arsenal, el club menos inglés de cuantos juegan en la Premier League. El que pase estará a un paso de disputar la final en el Santiago Bernabéu, una necesidad histórica para los ‘gunners’ y un regocijo histórico para los azulgrana. Al partido se le pueden poner todos los adjetivos que se quieran pero aún así no se me va de la cabeza que va a ser un encuentro fácil para los hombres de Guardiola, a pesar de que el entorno del club se ponga todas las vendas que se está poniendo. El Barca es muy superior al Arsenal en todas las líneas. El problema para el equipo de Wenger es que su filosofía futbolísitica y sus planteamientos son muy similares en esencia que los del Barcelona con la salvedad de que sus jugadores son peores que los azulgrana. Si dos equipos juegan a lo mismo, suele ganar el que mejores ‘peloteros’ tiene. El Arsenal debería innovar, jugar de otra forma pero eso es imposible. Por si eso fuera poco, Cesc, Van Persie y Arshavin, tres de sus mejores hombres y los que mejor interpretan a Wenger, están fuera de combate. Lo mismo que Gallas y Song, dos bajas que se pueden equiparar a las de Pique y Puyol. Por todo ello, el Arsenal esta noche será una víctima propiciatoria.
Al Arsenal le falta a un hervor, un giro de tuerca, un paso que no termina de dar. Wenger, obediente y hombre de club, se empeña en construir un equipo a largo plazo mientras hace las veces de contable ‘gunner’ y forma futbolistas con la intención de venderlos y de esta forma pagar la factura del Emirate Stadium. Nada de objetar a un técnico que trabaja de esa forma y es capaz de meter a un equipo casi de juveniles en las semifinales de la Champions pero lo cierto es que este atractivo y sugerente Arsenal promete y promete y no cuaja por más que se lo prop0nga. La pregunta es ¿hasta cuando? El Arsenal es un grande de Inglaterra y su trayectoria en Europa en los últimos años le obliga a comenzar a sumar títulos. Supongo que el plan de Wenger y los gestores londinenses es cuadrar cuentas, mantener hasta entonces un nivel competitivo medio-alto y, una vez que la economía esté saneada, afrontar retos mayores. El lugar, no debe ser otro, que el trono que ahora ocupa el Manchester United. Los cañones que tanto rugieron en el antiguo Highbury, deben disparar de nuevo.
Esta noche juegan Villarreal y Arsenal los cuartos de final de la Champions League. Se enfrentan dos mundos contrapuestos. El Arsenal es club añejo, repleto de historia, con decenas de miles de aficionados detrás de él mientras que el Villarreal es un club con muchos menos años, con poca historia y mucho presente y apenas unos miles de incondicionales. La diferencia entre uno y otro se resumen en la magnitud de las ciudades a las que representan. El Arsenal es un símbolo de Londres, urbe de millones de habitantes, capital del mundo multiétnico; mientras que Villarreal es mucho más terrenal: apenas 40.000 habitantes, poco más de dos tercios del aforo del Emirates, el lujoso feudo del Arsenal. Para rizar el rizo, los de Wenger llegan con todo, incluido su mejor hombre, Cesc Fabregas recién salido de una lesión mientras que el Villarreal acaba de perder para el resto de la temporada a su mejor espadachín, Cazorla. Si esto fuera una mera cuestión de lógica, el Villarreal no tendría opción alguna de eliminar al Arsenal pero resulta que los castellonenses juegan al fútbol de maravilla y como dice Godín hoy en una entrevista en El País, son completamente inclasificables. El Arsenal es un gran equipo y tiene todo a favor, entre otras cosas, porque también juegan al fútbol de maravilla pero tengo la impresión de que este ’submarino amarillo’ nada tiene que envidiarle.
Arsene Wenger tiene fama de gran entrenador. Fama labrada a lo largo y ancho de sus trece temporadas al frente del Arsenal. En ese tiempo se ha fabricado la leyenda de hombre métodico, con capacidad para trabajar a largo y plazo y convertir jugadores jóvenes en figuras del fútbol. Por sus manos han pasado futbolistsa como Bergkamp, Henry, Cesc, Van Persie, Vieira, Rosicky, Adebayor…a todos los ha sacado un buen rendimiento aunque por el camino se le quedaran algunos como Reyes. La capacidad de Wenger para sacar una hornada de buenos futbolistas tras otra y hacer que su equipo juegue bastante bien está más que comprobada pero el problema radica en que el Arsenal es un gran club que necesita títulos y ahí es donde la pericia de Wenger empieza a estar en duda. El francés no gana un título desde 2005 (la FA Cup) y no conquista la Liga desde el 2004. En Europa lo llevó hasta la final de la Champions de 2006 pero no olvidemos que Wenger lleva en el cargo desde 1996. El equipo ha perdido terreno con respecto al Manchester United o el Chelsea y aunque la factoría del Emirates sigue dando buenos productos, estos no terminan alcanzado los resultados esperados. A Wenger le falla algo. Trabaja bien los equipos, los construye y los hace jugar. Pero los títulos se los llevan los demás. Algo falla. O a Wenger le adelantan los rivales por la derecha o la formulá del francés ya está amortizada.