Twitter: @Israelgmontejo
El Villarreal tiene una cita con la historia, con su singular y modesta historia. Por segunda vez se ha plantado en las semifinales de una competición europea. Hace unos años lo hizo en la de la Champions League. Era el 2006 y un penalty fallado por Riquelme acabó con con el cuento de hadas en el momento más inoportuno. Cinco años después, el Submarino Amarillo vuelve, está vez a la Europa League por lo que sus posibilidades reales de levantar el primer título de su trayectoria son sensiblemente superiores. Para el Villlarreal, la cita europea es una cita con la historia. Nunca ganó un título. Ahora está en el penúltimo escalón para hacerlo. Los más viejos de la ciudad castellonense no paran de frotarse los ojos. Hace apenas veinte soñaban con jugar algún partido de Copa contra uno de los clásicos del fútbol español. En apenas dos décadas, el Villarreal se ha convertido en un grande del fútbol español, respetado por todos y con un estilo de fútbol perfectamente reconocible. Ahora están en disposición de subir su último escalón. La Europa League es la oportunidad que nunca soñaron pero el sueño ya es realidad. Si fuera del Villarreal centraría todas mis fuerzas en esta competición. Merece la pena abrir la sala de trofeos.
Messi, Messi, Messi y nada más que Messi. No parece existir otro jugador sobre la faz de la tierra que el astro azulgrana, al que se le alaba por encima no sólo de rivales en cualquier partido que disputa sino, lo que es mucho más injusto, por encima de sus propios compañeros, aunque estos hayan sido más decisivos que él. Ese fue el caso del partido de ayer. Los comentaristas deportivos pecamos en muchas ocasiones de un mal de complicada curación: la delanteritis aguda. Nos parece que sobre un terreno de juego solamente existe el área donde se cuecen los goles. Encumbramos al delantero que empuja el balón y obviamos al que da el pase. Nos asombramos con la gambeta de turno y olvidamos el rob0 del balón en el centro del campo que propicia el contragolpe mortal o el marcaje perfecto que seca a la figura del rival. Eso paso anoche una vez más en Donestk. Todas las crónicas se centran en Messi, en su gol 48, en su oportunidad para sentenciar partidos….pero se olvidan de Víctor Valdés, el arquero que blindó la meta azulgrana con dos paradas de mucho mérito y di0, en todo momento, sensación de extrema solvencia. No es la primera vez que sucede este año. A Valdés, porque es portero, se le obvia de forma sistemática. Sus actuaciones son igual de decisivas que las del argentino pero no esperen que en tertulia alguna se le nombre como protagonista. Los titulares son para el de siempre. Dichosa delanteritis aguda.
Si yo fuera hincha, socio, simpatizante, jugador, entrenador o directivo del Barcelona, hoy no me fiaría ni un pelo del Shaktar. No tengo razón alguna deportiva ni técnica que justifique mi apreciación pero hoy, al despertarme, tuve un pálpito. Seguramente, mañana haya un coro de lectores riéndose de mi pero sé que el ‘Pep Team’ lo va a pasar mal esta noche. Por varias razones. La primera es porque el Shaktar ya le pudo hacer dos o tres goles al Barcelona en el partido de ida. El 5-1 fue totalmente engañoso. La segunda: los ucranianos son un equipo extraño, hasta cierto punto inclasificable. Si les entra la primera al poco de empezar, pueden hacer el partido de su vida y en ese caso el Barcelona vivirá momentos complicados. La tercera hace referencia exclusivamente al propio Barcelona. El partido de ida dejó varios mensajes preocupantes. El más evidente es la fragilidad defensiva. El Shaktar percutió y percutió por el hueco que dejó Alves en la banda derecha cada vez que éste sube la banda y en el medio campo no le hacen adecuadamente la cobertura. Si Guardiola no ha subsanado ese problema, no puede esperar que los brasileños a la ucraniana se dediquen a disparar el muñeco, tirarla fuera o darla en el poste de manera constante. La cuarta es también evidente: por mucho que lo nieguen, en el Barcelona muchos piensan ya en los posibles cuatro enfrentamientos con el Madrid y eso, si el resultado de la ida en el Nou Camp hubiera sido ajustado, no tendría importancia pero un 5-1 invita a la relajación…Lo dicho. Si yo fuera del Barca, hoy estaría preocupado. He tenido un pálpito.
La Liga, a falta de ocho jornadas, tiene un ganador virtual: el FC Barcelona, que se lleva la tercera consecutiva y extiende de esta forma su reinado en el fútbol español. Con ocho puntos de ventaja (nueve con el golaverage porque nadie en su sano juicio confiaría en un 6-0 del Real Madrid en el partido del Santiago Bernabéu) el título tiene dueño. Eso lo sabe hasta Mourinho y cualquier aficionado blanco, por forofo que éste sea. Además, Mou, con la Champions de por medio y la final de Copa del Rey señalada en rojo en el calendario, no va a quemar ni un gramo de energía más en el torneo liguero. Estoy seguro de que el sábado que viene, en San Mamés, vamos a ver un Madrid plagado de suplentes y no me extrañaría nada que a la semana siguiente, en el Clásico del Bernabéu a tres días vista de la final de Copa, en el once madridista aparezca hasta algún canterano. Mourinho es un hombre que tiene claras sus prioridades y en la rueda de prensa del pasado sábado lo dejó meridianamente claro: la cuchara está entregada. Al Barça, virtual campeón, el escenario que se ha dibujado tras el sportingazo del sábado le viene de perlas. Por mucho que Pep diga con la boca pequeña que aún hay Liga, nadie duda de que la tienen en el bote. Los abrazos de El Madrigal fueron significativos. El panorama es tan bueno, que Pep podrá hacer lo mismo que Mou: reservar jugadores pero con la Liga ya ganada. La jornada pasada es tan buena para los azulgrana que no sólo les ha puesto la Liga en bandeja sino que, la dosificación de esfuerzos que les va a permitir tener desde ahora, acerca también la posibilidad del Triplete. Preciado no sabe la que ha liado en el madridismo con su triunfo en Chamartín.
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El fútbol está al borde del colapso por culpa de los de siempre: unos dirigentes que no aspiran más que a vivir bien, despilfarrar todo lo que pueden y figurar en los saraos como comparsas de lujo sintiéndose personajes importantes. Esos digirentes ya arruinaron el fútbol profesional hace veinte años, cuando el Gobierno acudió al rescate de los clubes con una ley de sociedades anónimas hecha a medida para evitar el cataclismo. Ahora han vuelto a cargárselo de manera casi irreparable para muchos. Gastan, gastan y gastan sin parar, exigen recursos públicos para compensar sus múltiples pérdidas y toman a los aficionados como rehenes para asegurarse que dispondrán de más fondos para mantener su desquiciante forma de actuar. La Primera y la Segunda División están al borde del colapso por culpa de estos individuos. De la Segunda B, ya ni hablamos. Ahora la cara de las víctimas de esta estafa la ponen los jugadores del Rayo Vallecano, ejemplo de profesionalismo y compromiso con un barrio, una afición y el nombre de un club histórico. Juegan sin cobrar y además, son los mejores. Pero con ellos están padeciendo también los profesionales de Betis, Celta, Salamanca, Zaragoza...la lista es casi interminable. En todos los equipos se repite el modus operandi que lleva al desastre y en todos hay un denominador común: en los despachos anidan los caraduras con pocos escrúpulos.
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Habrá fútbol esta semana, tal como intuíamos todos los que seguimos de cerca la actualidad del fútbol español. La LFP al final da su brazo a torcer después de haber tomado como rehenes durante unas semanas a cientos de miles de aficionados. A estas horas, son muchos los perjuicios que se han creado a los socios, abonados y aficionados en general de los clubes. La incertudimbre creada de manera interesada por la Liga que preside Astiazarán ha sido un torpedo sobre la línea de flotación del sector más desprotegido del fútbol: los aficionados. Junto al daño al hincha, ¿cuántos daños más se han producido, por ejemplo, en forma de plazas hoteleras por la previsible ausencia de desplazamientos de aficiones foráneas esta jornada?; ¿cuántas entradas se han dejado de vender?; ¿cuántos planes personales de aficionados han quedado en suspenso en espera de una resolución?. La LFP está tomándonos el pelo de forma reiterada. Su gestión es una vergüenza y exige dimisiones de sus responsables. Ayer ya tomó la puerta de salida su vicepresidente, obligado, quizás, por la postura contraria del Sevilla, su club, a la huelga pero hay que ir más allá. La LFP está llena de ineptos o, lo que es peor, de gente que en su afán de negocio falta el respeto a los dueños del mismo: todos nosotros. En cualqueira de los dos casos, deben irse.
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Faltan tres días para el supuesto comienzo de la jornada de Liga y aún no se sabe si habrá partidos o no. Lo más parecido a un partido de fútbol que se ha visto estos días en nuestro país es el partidillo que jugaron ayer en Valdebebas Mourinho y sus ayudantes contra los periodistas que cubren la información del Madrid. Ganaron los plumillas por 2-3 con Mou bajo los palos y a años luz de las prestaciones de Iker Casillas. Dicen los que lo vieron que Mou queda lejos futbolísticamente hablando de “hasta Pedro León”, lo que no es un gran halago para el extremo madridista, al que Mou no le da ni bola. Con tal nivel sobre el campo, es difícil que a la Liga de Fútbol Profesional le dé hoy por desconvocar su esperpéntica huelga y poner coto a los desmanes que llevan cometiendo contra los aficionados en los últimos tiempos. Seguro que sale el Astiazarán de turno para hacernos creer que jugando Mou de portero, para qué necesitamos que este fin de semana haya partidos. Y algunos, se lo terminarán hasta creyendo.
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La actitud de la Liga de Fútbol Profesional con respecto al cierre patronal que quieren protagonizar este fin de semana en la Liga raya ya la estafa a los aficionados. Los clubes están jugando con fuego y sólo la desunión endémica del aficionado al fútbol español les salva de la quema. La LFP lleva años tomando el pelo a los aficionados al fútbol. La lista de afrentas de la asociación de clubes, con la inestimable ayuda de la Federación, especialista en hacer las cosas mal y peor cuando ya parece imposible empeorarlas, es interminable: el tradicional asunto de los horarios de cada jornada es una vergüenza que se une a la programación ‘after hour’ de muchos partidos para que las televisiones hagan caja. Además, está el fútbol en lunes metido con calzador rompiendo el contrato que muchos abonados hicieron con sus clubes al sacarse un abono anual en el convencimiento de que los partidos se jugarían en fin de semana. A todo ello se une ahora el cierre patronal que impide conocer a falta de cinco días si habrá jornada o no y todo ello bajo el amparo de suprimir el partido en abierto. La LFP chantajea y amenaza con el paro tomando como rehenes al aficionado de a pie, ese que paga su entrada, se saca su abono y adelanta una considerable cantidad de dinero cada mes de junio al mismo club que le toma ahora como rehen y que le quiere hacer el timo del tocomocho. La pena es que la patronal quedará impune pero la sensación de que toman (nos toman) el pelo es monumental.
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Me entra la risa con eso del cierre patronal de la liga de fútbol. Resulta que la Liga de Fútbol Profesional, organismo que aglutina a los clubes de Primera y Segunda División, quiere más ingresos. No le vale con lo que recibe ya por múltiples vías porque sus asociados se lo pulen absolutamente todo. Son insaciables. Si ingresan el dinero de las taquillas, publicidad, televisión, champions, UEFA, quinielas y encima les das una participación en los presupuestos generales del Estado y en las minas de diamantes del Congo, por tirar de ironía, se lo van a gastar de igual manera. El fútbol es derroche. Ya lo era cuando estábamos ante el modelo de clubes de toda la vida y cuando estos se arruinaron, se creó la vía de las sociedades anónimas deportivas y todo ha seguido igual. Los dirigentes de los clubes se beben hasta el agua de los floreros. Los ejemplos de gestión profesional, equilibrada y empresarial son escasísimos. La gran mayoría son un desastre y por eso necesitan cada vez más dinero. Ahora quieren parar la Liga y tomar a los aficionados como rehenes, si no fuera porque ya los tienen exprimidos hasta decir basta con el tema de los horarios de los partidos o los precios de las entradas o los abonos. A la LFP, el aficonado le importa un pimiento, hablando rápido y mal. No es nadie aunque ahora quiera contar con su fuerza silenciosa para forzar el recibir más ingresos por otros canales. Mi veredicto es que les den lo que les den, se lo van a pulir por lo que si quieren cerrar y parar la Liga, que lo hagan. Quizás, algún día haya huelga de aficionados, se apaguen las televisiones, no acuda nadie a un estadio y tengan que irse todos los dirigentes a la cola del INEM. Es una utopía pero molaría.
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Resulta ahora que Quique Sánchez Flores, reputado ex valencianista y ex madridista de pedigrí, es más colchonero que mis amigos Norberto y Fernando Santos, alias el ‘negro’, juntos, que ya es mucho decir. Lo cierto es que Quique se ha aprendido la lección y a su manía de hablar en plural ha unidReal Madrid o la estrategia de repetir en rueda de prensa y en la mayoría de sus declaraciones como si de un mantra se tratara una serie de conceptos que van dentro del adn de la gente del Atleti, esa que lo es de toda la vida y que sufre con un equipo que desde hace muchos años no da la cara. Su último mensaje de cara a la galería fue antes del derbi, cuando aseguró poco más o menos que ganar al era cerrar la cuadratura del círculo. Cabría preguntarle al técnico rojiblanco, más del Atleti que nadie, que es eso de la cuadratura del círculo en un equipo otrora grande que transita a más de treinta puntos de la cabeza de la Liga, ve con prismáticos la clasificación para la Champions League y tiene más que complicado el entrar en la Europa League. Pero claro, lo que a Quique le interesa no es que se hable de eso sino de alentar el espíritu antimadridista, que vende y mucho en el Vicente Calderón. El mensaje de Quique era taimado y tramposo: si se ganaba al Madrid se salvaba la temporada y eso llevaba implícito que su labor al frente del equipo era positiva. Nadie con un dedo de frente entre los aficionados del Atleti puede considerar eso como cierto aunque, evidentemente, ganar al eterno rival sea una enorme satisfacción. La afición del Atleti ha visto mucho y muy bueno para que los vendedores de crecepelos del lejano oeste les vendan un elixir milagroso. Amigo Quique Sánchez Flores, la temporada del Atleti es vergonzosa y usted es el responsable. No intente dar gato por liebre a una afición que sabe de fútbol mucho más de lo que se cree y que, por cierto, lleva puesta la rojiblanca desde que nació.