Al Athletic se le va a caer el pelo. La batalla campal en que se convirtió el césped de San Mamés al final del partido entre Athletic y Anderlecht no es de recibo. Los hinchas belgas, la mayoría de ellos mamados hasta las cejas, provocaron y provocaron, al parecer, durante las horas previas, antes y durante el partido pero las imágenes no dejan en buen lugar a muchos aficionados del Athletic que entraron al trapo y, mucho menos, a aquellos que se decicaron a lanzar objetos contra los belgas desde las gradas superiores o mear en dirección a la hinchada de Bruselas. Mención aparte merece la policía vasca, completamente desbordada y fuera de sitio. Los incidentes quedaron en mera algarada pero la ausencia de policía y el nivel de mamados presente en el estadio al final del partido podía haber provocado una auténtica tragedia. Lo malo para el Athletic es que hace apenas un par de meses, ante el Austria de Viena, también se produjeron incidentes e invasiones de campo. Algo falla cuando juega el club de Bilbao. De momento, si los leones pasan ronda, que vayan buscando estadio y, por supuesto, si yo fuera seguidor del Athletic no viajaría a Bruselas. Huele a caza del vasco.
Hace dos semanas, en un Real Madrid-Espanyol, hibo algunos silbidos cuando Pellegrini cambió a Kaka. Fueron pocos y ningún medio de comunicación los reflejó en sus crónicas. Aún siendo pocos, tuvieron un significado especial: el tabú se comenzaba a resquebrajar. Kaka, uno de los intocables del equipo por la cuantía del fichaje, su fama y el aurea de megacrack que le rodea, comenzaba a ser percibido como un ser terrenal por la afición blanca. Tres días después, cuajó un buen partido en Xerez pero en Gerland, ante el Lyon, volvió a aparecer la peor versión del brasileño, la que muestra un jugador sin desborde, que conduce demasiado tiempo el balón, que avanza en horizontal, carece de verticalidad, no le sale un regate y no desequilibra en ninguna de sus acciones. Kaka es uno de los grandes damnificados del partido de ida de los octavos de Champions League. Conozco al Bernabéu muy bien y sé que la afición le está empezando a tomar la matrícula. Algo peligrosísimo. Kaka tiene suficiente calidad para revertir la situación pero el tiempo urge. No tiene más plazo que la vuelta ante el Olympique. El canarinho no está a la altura de lo que él se espera y eso comienza a ser un peligroso lastre para las aspiraciones del Madrid esta temporada. Pellegrini debería protegerle este domingo ante el Villarreal. Una actuación mediocre del astro acompañada de un cambio puede desatar la caja de los truenos. Kaka silbado en el Bernabéu sería un golpe demasiado duro en la línea de flotación del megaproyecto galáctico de Florentino Pérez.
Vuelve la Champions League en la noche de hoy y en dos partes, la mitad de los octavos esta semana y el resto, la que viene. Más fútbol, pero éste de altísimo nivel. No hay nada mejor que la vieja Copa de Europa, al menos para el Real Madrid, el club que ha construido su grandeza en base a sus triunfos en Europa, tanto en blanco y negro, como durante tantos años se le acusó como en los últimos doce años, donde ha ganado más títulos que cualquier otro club (1998,2000 y 2002). Lo malo para los blancos es que esta noche tienene la inexcusable obligación de empezar a revertir la racha de cinco años sin pasar de los octavos de final que pesa como una losa sobre la historia del club. El Madrid no se lo puede permitir un año más, máxime siendo la final en el Bernabéu. Por eso, esta noche toda la presión es para el Madrid. Visita Gerland, un estadio que no se le da nada bien. Allí le espera un Olympique de Lyon en fase de reconstrucción. Ya no es el equipazo en el que despuntaban Benzema o Juninho y sus faltas mortales para Casilllas desde cualquier lugar del campo pero los franceses no son mancos. Ayer leí en El País una entrevista con su presidente, Aulas, en la que hacía una reflexión interesante: “la clave para ganar la Champions es durar”. Y añadía que hace veinte años, el OL tenía 0% de opciones de ganar; hace diez tenía un 2%, hace cinco un 20% y ahora, de eliminar al Madrid, tendría un 50%. Tiene razón Aulas. Para ganar siempre hay que estar ahí. Justo lo que lleva haciendo el Madrid desde hace más de medio siglo. Por eso y mucho más, el Madrid vive obsesionado con la Champions League.
Lo del Atleti ayer noche en el Vicente Calderón n0 tiene explicación alguna. Los del Manzanares tumbaron con merecimiento e incluso resultado corto, al mejor equipo del mundo. El Barcelona de los seis títulos, invicto en el torneo liguero probó la medicina del Calderón. Incomprensible medicina. Infernal Atlético de Madrid. Nadie conoce el palo del que van los rojiblancos. Capaces de lo mejor un día y de lo peor viente. Antaño era al revés. Eran capaces de lo mejor veinte y de lo peor uno. La nueva realidad atlética es la que es pero no quita que en tres días hayan sido capaces de meterse en una final de Copa del Rey, puedan ganar su primer título en catorce años y, por si eso fuera poco, pasen por encima del Barcelona. A la gente del Atleti la fastidia ganar al Barca para beneficiar al Madrid pero necesitaban un triunfo como el de ayer. El Atleti se dio un homenaje y se demostró a sí mismo que sigue siendo un equipo de máximo nivel, capaz de ganar a cualquiera. Sumidos en el infierno como están, el Atleti que convirtió al Barca en un equipo terrenal pareció salido de las cavernas del averno. Jugaron como demonios. Si lo hicieran siempre así, no hay duda de que otro gallo les cantaría.
A Palop le llegó la gloria tarde. El meta valenciano supo aguantar y vivir a la sombra de Cañizares en el Valencia durante muchísimas temporadas. Su carrera parecía abocada a vivir siempre en un segundo plano, jugando partidos ‘de la basura’; entrenando y poco más. Ni siquiera una cesión en Villarreal, en la que demostró su valía como titular firmando grandísimos partidos, le valió para mejorar su estatus en Mestalla. Cuando retornó ‘a casa’ volvió a ‘chupar’ banquillo de manera constante. Palop aguantó. Aguantó y espero su oportunidad. Ésta le llego de la mano de ese descubridor de talento en estado puro que es Monchi. El director deportivo del Sevilla vio en este arquero de maneras clásicas al sostén necesario para cimentar con argamasa su proyecto en Nervión. En el Pizjuan se le ha hecho justicia. A Palop nadie le ha regalado absolutamente nada. Ha crecido paso a paso, siempre fiel a su estilo y a su forma de entender el fútbol. Forma parte ya del imaginario colectivo del sevillismo. En sus vitrinas se guardan ya dos Copa de la UEFA, una Copa del Rey, una Supercopa de Europa y otra de España. Es ya una leyenda de la historia del Sevilla. Ahora jugará una final de Copa más. Para un club que estuvo sesenta años sin ganar nada, es importantísimo. En buena parte se lo debe a Palop. Por si fuera poco, en la Eurocopa que España ganó y en la que fue como tercer portero, Palop demostró tener memoria y venerar a los mitos del fútbol: su camiseta de Arconada en la entrega de trofeos era un guiño al pasado que Adidas convirtió en la línea de ropa con la que La Roja aspira a ganar el Mundial. Palop, un grande del fútbol.
John Terry, capitán del Chelsea y de la selección inglesa, único canterano del equipo de Stanford Bridge comparte con Tiger Woods, el mejor golfista de todos los tiempos, el haber caído en desgracia por culpa de sus líos de faldas, sus problemas matrimoniales. En Inglaterra y Estados Unidos, en resumen, la esencia del mundo anglosajón, los han crucificado en plaza pública. Han pasado de ser padres, deportistas y casi seres humanos ejemplares, a vestirse de rojo, lucir cuernos en la cabeza y llevar tridente en la mano. Terry y Woods son los hombres más odiados de sus países. Les retiran patrocinios, capitanias, estima y reputación. Son los malos malísimos de la película. La conservadora sociedad anglosajona ha dictado sentencia. La misma sociedad, por supuesto, que no ve con malos ojos las guerras y atrocidades que sus países cometen allá por donde campan. Sin duda, les importa más que Tiger se acueste con una rubia que algunos de sus aliados bombardeen Gaza o que en Cisjordania no haya nada que llevarse a la boca. Sin duda impacta más saber que Terry cobra por pasear a invitados por las inslaciones del club o que se ligue a la ex novia de un compañero. A mi, desde luego, me da igual lo que hagan el Tigre y Terry en sus ratos libres, pero claro, esto es España no Detroit ni Londres.
Hace un par de semanas le dije a un compañero de la redacción, forofo del Barcelona hasta la médula, que las ayudas arbitrales al Barca eran ya tan evidentes que en pocas jornada, los árbitros iban a empezar a tocar las narices al club azulgrana. Dicho y hecho. Tras el escándolo de Gijón (con patada sin castigo de Messi incluida), el ‘Villarato’ (como lo ha bautizado la prensa de Madrid) ha querido lavar la imagen con un arbitraje medido en el Nou Camp. A mi, sinceramente, las expulsiones de Piqué y Márquez me parecen acertadas pero ambas rojas señalan un nuevo camino para un Barcelona al que la bula arbitral empezaba a perjudicar más que beneficiar. El ‘villarato’ torcerá un poco el gesto ahora. No viene bien que se extienda la sensación de que el Barca juega mejor que nadie y que, cuando no le llega, habrá un árbitro dispuesto a ayudar. Supongo que en las próximas semanas veremos algunas jugadas ‘raras’ en contra del Barca. De momento, esta jornada le han pitado su primer penalty en contra y terminó con nueve en el Nou Camp. Aunque Texeira acertará en las decisiones (también hubo un gol de Messi con fuera de juego posicional de Ibra), la sensación que queda en el aire es que hace tan sólo un par de semanas, no las hubiera pitado así. El problema, en todo caso, no es del Barcelona sino de Villar y su organización.
La Federación y la Liga de Fútbol Profesional acaban de aprobar que haya fútbol de Primera los lunes por la noche y de Segunda los viernes por la tarde. Así, sin más. Los jerarcas del fútbol cambian las condiciones de uso del fútbol a mitad de temporada, con total desprecio a los socios y abonados que se gastan una pasta a principio de temporada con la certeza de que el fútbol se juega en fin de semana; con total desprecio a las aficiones de los equipos visitantes que no podrán viajar al ser día laboral; con total desprecio de los miles de aficionados que sin ser socios ni abonados aprovechan las tardes de fin de semana para ir al fútbol. Los que mandan en el fútbol disparan una vez más contra los que les dan de comer. Lo llevan haciendo bastante tiempo. Todo lo que se hace desde la Feración y la LFP va en contra de los aficionados: los horarios a las diez de la noche (no hay trenes para los pueblos de los alrededores de la ciudad al finalizar los partidos), el que no se sepan los horarios de la jornada hasta siete días antes (no se puede planificar nada y si quieres viajas los precios de trenes, aviones y demás se disparan) y ahora fútbol los lunes y viernes. Días laborables. ¿Cuántos abonados de club habrán sacado sus abonos para la temporada por ser los partidos en sábado y domingo y ahora no podrán asistir por razones laborables? Para mi, todo esto es una vergüenza. Una más.
Rueda de prensa casi institucional, medida, pensada para no ofender a nadie, para dar imagen de deportividad, de madridismo, de futbolista que conoce las reglas del juego, las respeta y asume que su etapa como protagonista ya ha pasado y que ahora toca prepararse para otras funciones. Así fue la comparecencia ante los medios de Raúl González Blanco, el gran capitán del Real Madrid, el hombre que ha sido historia viva del club desde mediada la década de los noventa. Raúl ya ha arrojado el guante. Sabe que su tiempo ya ha pasado. Que meterá algún gol decisivo, que puede que a su carrera aún le quede un broche de oro que le permita agrandar aún más su leyenda. Se ha dado cuenta ya. Yo añado que ¡por fin! se ha dado cuenta. Raúl ha dado un paso atrás. Posiblemente, competitivo como es, le hayan obligado a darlo. El siete es hombre inteligente. Ha tensado la cuerda hasta donde ha podido y le han dejado pero lo cierto es que tras haberlo sido todo, la selección juega mejor sin él y el actual Madrid, también. Raúl es el último exponente de la saga mítica de sietes blancos. Ahí están Amancio, Juanito, Butragueño y ahora Raúl. Le quedan un par de años en el primer equipo. Jugará el mismo papel que tuvo otro grande como Sanchis. Después le espera el banquillo o la presidencia en el Real Madrid. Raúl, ayer, empezó a preparar su futuro.
Nada hay peor que la autocomplacencia y el autoengaño. Eso es lo que le está sucediendo a un Atlético de Madrid abocado al desastre y que, tras eliminar al Marbella, Recreativo de Huelva y Celta en la Copa del Rey, pretende tapar sus muchas vergüenzas mostrando su semifinal de Copa como la muestra irrefutable de que el equipo sigue siendo grande. Hablemos claro, sin pelos en la lengua: el Atlético de Madrid da pena. Pena deportiva, institucional y económica. Y eso no lo va a tapar ni siquiera un más que discutible, hoy por hoy, título de Copa del Rey. Indudablemente, los aficionados rojiblancos disfrutarán lo suyo pero tras las celebraciones deberían de dejar de mirarse el ombligo y afrontar una catarsis. Un terremoto que, a mi juici0, debe comenzar con la remodelación de la cúpula directiva del club. La entidad es de Gil Marín y no creo que a nadie le guste perder dinero por lo que deberá ser él quien tome las decisiones. Éstas deben pasar por un cambio de modelo y por el trabajo a medio plazo. El Atleti ya no es un grande pero tiene una formidable masa social detrás de él. El futuro tiene que pasar por la cantera, por trabajar con gente de la casa y ahorrar dinero para fichar a dos cracks que eleven el nivel. Ese trabajo en la cantera significa tener mejores instalaciones, buenos ojeadores, grandes técnicos de base y una forma de entrenar desde el primer equipo al alevín parecida. Una misma filosofía de club para todos. Si se hace bien, los resultados tardarán en llegar pero terminarán llegando. Ahora ni llegan ni se esperan. El club necesita un entrenador del primer equipo de perfil bajo, que beba de esa filosofía y necesita explicar a sus aficionados lo que toca vivir en temporadas venideras. Se avecinan tiempos muy negros en el Calderón y ni siquiera la Copa los aclarará, aunque lo disfracen como lo disfracen.