Twitter: @Israelgmontejo
Terminó la Final Four de Clásicos con un balance bastante igualado: dos empates y una victoria para cada equipo. El Barça se lleva el premio de pasar a la final de la Champions y el Madrid el título de campeón de Copa del Rey. El balance contante y sonante es ese pero el que no se ve, el que habla de tendencias en el fútbol es muy desigual. Ahí parece que ganan los azulgrana por goleada y digo ‘parece’ porque no comparto en absoluto la máxima que se quiere vender desde muchos sectores de que con el triunfo de ayer y el pase a la finalísima de Wembley “ha ganado el fútbol”. La frase transmite una idea tramposa: convierte al Barcelona en el dueño del fútbol, despreciando las muchas otras muchas formas que existen y que son, como mínimo, igual de legítimas. A mi, tanto como el mimo al balón, me gusta el fútbol directo que practican algunos equipos (entre ellos y, en algunas ocasiones, el Madrid); la presión con la que juegan otros; la apuesta por la segunda jugada de algunos más o el fútbol milimétrico que inventó Sacchi para el Milán. Todo eso es fútbol. Del Barcelona, por supuesto, me quedo con el desequilibrio de sus hombres de ataque; la irrupción desaforada de Messi, las diagonales de Pedro; la apuesta por las paredes en los últimos metros; el visor de Iniesta y la brújula de Xavi pero de ahí a decir que son “el fútbol” y que si ganan ellos “gana el fútbol” media un abismo. El Barça, al menos en esta serie, ha jugado con seis hombres siempre por detrás el balón (Valdés, los laterales, los centrales y el medio centro); nunca se desdobló por los laterales, abusó del pase atrás y horizontal y no tuvo profundidad en muchos momentos del juego. Eso no se dice y también forma parte del ideario azulgrana actual, mucho más conservador de lo que parece a pesar de que las abrumadoras posesiones de balón confundan la mente de muchos. El Barça juega bien, muy bien a veces pero no es el dueño del fútbol.
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Ayer por la noche estuve viendo en un cine de Málaga ‘La Legión del Águila’, una de esas películas cargadas de acción y donde se ponen en liza conceptos tan ‘elevados’ como la libertad, el honor, la fuerza y la valentía. Vamos, que si te la crees, sales del cine intentando conquistar la Alcazaba y poniéndote la cota de malla y el caso con plumas. El caso es que el romano de turno, se atravesaba toda las tierras altas de Escocia en busca del estandarte perdido de una legión aniquilada años atrás allende el Muro de Adriano. Salí del cine con el toque de cornetas y el grito de las tribus pictas aún en los oídos y no pude dejar de pensar, mientras me comía un kebab (que no sólo de honores vive el hombre), lo mucho que se parece el fútbol a un combate, a una guerra sin cuartel. El Clásico de esta noche, el último de una serie de eterna que ha hecho historia para mal en los anales del fair play, es algo así como la última batalla, el combate final. Para el Madrid, bien rodeado de su tribu de incondicionales, es más que eso aún. Como el legionario que marcha por Escocia en busca de un estandarte perdido con deshonor y que se la juega todo a una carta de la que no espera salir con bien, los madridistas viajan en misión imposible parecida, con la única intención de salvar ‘el honor’, de ‘caer de pie’, de jugar por el ‘orgullo de su estandarte’. Le da igual morir que suicidarse, tan desesperada es su situación. Paralelismo total con el buscador de estandartes de la peli.. En el Barca pasa casi igual. La Final Four es ya cuestión de honra, de un combate temerario con el enemigo íntimo. Al menos, la ‘tribu azulgrana’ se siente ganadora. Ellos guardan el estandarte, que en su caso tiene forma de balón y fama bien ganada. La batalla, la última batalla es esta noche. Después, todos podremos descansar al menos hasta la Supercopa, por el mes de agosto. Eso sí, el romano que buscaba el estandarte perdido, lo encontró y lo devolvió dentro del Muro de Adriano. Lo digo para que no haya confianzas en los cuarteles del norte.
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Ni el FC Barcelona debería haber denunciado; ni el Real Madrid, contradenunciado, ni Pepe haber hecho el salvaje de forma continuada durante varios partidos, ni Dani Alves liderar la compañía de teatro ‘Producciones Blaugranas SL’; ni Mourinho haber convertido el Real Madrid en la irreductible aldea de los galos; ni Pep Guardiola haber pedido que le cambiaran el árbitro ni habernos vendido a todos que no era el mister del Barça sino del Hospitalet de Llobregat; ni Pinto dedicarse a coger del cuello ni Arbelona a pisar ‘compis’ de la Selección….pero claro todo eso hubiera sido el mundo ideal y no el 13 Rue del Percebe salido de la pluma y la imaginación del gran Ibáñez en el que se han convertido los Clásicos entre el Real Madrid y el Barcelona. Llegados a este punto de imprudencia temeraria al que nos han abocado todos los protagonistas, no queda más que entre la UEFA en la acción y saquemos a colación el viejo dicho de “éramos pocos y parió la abuela”. Con los antecedentes que tienen los ‘uefos’ en la gestión de conflictos, me temo lo peor. Si lo del Madrid y el Barca es de TBO, lo de la UEFA será poco menos de Mortadelo y Filemón y el superintendente Vicente. Vamos, de risa sino fuera por todo lo que mueve el fútbol y los peligros que se están generando con tanta sandez…
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Entre tanto ruido y alboroto mediático en torno a la Final Four de Clásicos quiero destacar la figura de un futbolista que me parece absolutamente excepcional por sus cualidades dentro del campo, su ascendiente entre sus compañeros y su comportamiento ético: Carles Puyol. El central azulgrana es uno de los últimos representantes de una especie en peligro de extinción: los ‘one club men’, jugadores que han dedicado íntegramente su carrera deportiva a un mismo escudo. Ese es el caso del capitán azulgrana. Su actuación ayer en el Bernabéu fue, como siempre, sobria, sin fallos, aportando seguridad, saber estar, equilibrio táctico, garra, fuerza y compromiso. En un mundo donde sólo se valoran los goles, los regates, las espaldinhas y los slaloms, futbolistas como Carles ‘General’ Puyol son imprescindibles, aunque no se noten o nunca acaparen portadas. Puyol es un grande del fútbol, como lo fue Maldini y como él, se irá de este deporte sin que se lo reconozcan.
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Vengo escuchando la rueda de prensa de Pep Guardiola previa al partido de la Champions y vengo enciéndome ante la demagogia y la ‘cara’ del técnico de SantPedor. No entro en su pique con Mourinho, ni mucho menos. El entrenador del Madrid es para darle de comer a parte y Pep ha caído, a última hora, en su red. Sus piques, al menos nos entretienen. Pero por lo que no paso, aunque a Guardiola le dé exactamente lo mismo, es por el papel victimista, de equipo menor y ‘de pueblo’ que representa una y otra vez Don Pep. La última es impresionante: “Nosotros hace tres días no teníamos una Copa de Europa y ahora venimos aquí con doce chicos de la cantera a luchar por el trofeo con el Madrid de Cristiano, Ozil, Di Maria...”. Y eso lo dice sin sonrojarse el técnico de un equipo que paga más de seis millones netos a hombres como Messi; que se gasta 40 millones en fichar a Villa, más de ochenta a Ibrahimovic o que paga a él mismo una nómina de más de 1.000 millones de pesetas. Lo dice un técnico de un equipo que a lo largo de su historia ha fichado a golpe de talonario a hombres como Maradona, Cruyff, Romario, Ronaldo, Rivaldo, Stoichkov…no contento con eso, se despacha a gusto diciendo “no somos un club tan grande, no tenemos secretarios, árbitros o directores generales que nos apunten estas cosas (en relación a los agravios arbitrales de los que habla Mourinho)” sin reparar que el Barça tiene más de 100.000 socios, ingresa miles de millones de euros y que, si no le da para pagar secretarios, será, entre otras cosas, por la enormidad de su sueldo. Por si fuera poco, vuelve, erre con erre a mezclar fútbol y política cuando afirma que “el Barca es un equipo pequeño que representa a un país tan pequeño que desde un campanario se ve otro campanario”. Ya está bien de mezclar esferas. El fútbol es fútbol y el Barça representa a sus millones de aficionados. A mi izquierda, en la redacción tengo a uno del Barça que es de Badajoz. En Málaga está mi mujer, que es del Barça, en Madrid, mi suegro, que es del Barça, en Ubrique, un amigo, que es del Barça… Que Guardiola se deje de milongas. Es a ellos a quienes representa, entre otros muchos millones y por cierto, que deje de mentir: el Barça ni es un club modesto, ni pequeño. Sus comentarios ofenden a los pequeños y honrados de verdad, esos que no tienen para pagar la nómina a final de mes y que viven de la gente del barrio. Que se lo digan a los aficionados del Logroñés, del Rayo, del Irún, del ‘Cara’, del Jaén…
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Si Valle Inclán levantara la cabeza, no daría crédito a la rueda de prensa de Pep Guardiola, el otrora sereno y elegante técnico azulgrana. El inventor del esperpento no tendría duda alguna en designar a Pep como su sucesor aventajado dado la ‘profundidad’ de los argumentos que exhibió el mister del Nou Camp. El esperpento es de tal magnitud que Don Pep traspasó una línea que yo en el fútbol jamás había imaginado que se pudiera traspasar: justificar una derrota por una decisión arbitral…¡correcta¡. Lo dicho, esperpéntico. No contento con eso, Guardiola, que nunca habla de los árbitros hasta que empieza a perder, presionó a la UEFA con el tema de las designaciones arbitrales y evitar que pitara un portugués. La UEFA le hizo caso: pita un alemán. En eso, estoy de acuerdo con el de SantPedor, ya que se ha convertido en mortal y baja a la tierra como el resto de mortales, el presionar a los árbitros y comites es tarea de hombres de carne y hueso. Lo otro, lo valleinclanesco, es harina de otro costal. A partir de ahora, queda inaugurado el ‘guardiolismo’: se puede perder porque juegas mal, porque el rival es mejor que tú, porque juegas bien y el balón no te entra, porque el árbitro te roba y también porque el árbitro acierta. Lo dicho, de traca. Eso sí, a Pep se le ha visto el plumero: no está acostumbrado a que los árbitros acierten por dos centímetros cuando les pitan a ellos.
En el momento decisivo de la temporada, el Real Madrid ha cogido velocidad de crucero, galopa con la vista puesta en la final de la Champios, con el título de campeón de la Copa del Rey en el bolsillo y con el Barcelona, el rival que lo ha martirizado en los últimos años, tocado y contra las cuerdas. No es fácil que los hombres de Mou hagan pleno y eliminen al Barça en la vieja Copa de Europa pero lo que sí es cierto es que el equipo está como un tiro, con confianza, pleno de fuerza. Le entra todo. El partido de Mestalla, con un 3-6 de órdago ante un rival fiero, con genes antimadridistas y en racha como era el Valencia lo demuestra. El Madrid está en ese estado que se alcanza en pocas ocasiones pero que recuerda al de ‘La Roja’ cuando ganó la Eurocopa o el Mundial o al Inter de la temporada pasada. Por eso, en Barcelona, plenos de moral y confianza hace un mes, ya no ven las cosas tan claras y en el Paseo de la Castellana se respira tranquilidad. El Madrid rebosa confianza, se sabe en estado de gracia pero nadie en el Bernabéu debe olvidar que el equipo que sigue marcando tendencia en el fútbol actual es e FC Barcelona. Por eso el partido de este miércoles se anuncia como tremendo. Más infartante aún que la final de Copa. Y ya es decir.
Le ha costado un mundo, casi como si fuera la maratón de las arenas; han sido tres años muy cuesta arriba, viendo al eterno rival ganar y ganar títulos como si de una máquina creada por Bill Gates se tratara. Han sido tres años salpicados de goleadas históricas (2-6 en el Bernabéu, 5-0 en el Nou Camp) pero el Madrid siempre vuelve. No falla. El Madrid quedo herido de muerte tras la goleada en el Nou Camp. El pozo parecía no tener fondo y las velas de la nave azulgrana se izaban henchidas. Seis meses después, todo ha cambiado. Aún queda el doble enfrentamiento de Champions, donde pienso que el Barcelona hará valer el factor campo y por ello es favorito pero antes de esta Final Four, el Barcelona soñaba con un 0-4 y con goleadas incluidas. A mitad de la serie, el Madrid tiene un título, hace unos meses considerado menor pero que hoy por hoy vale su peso en oro no por lo que la Copa significa como torneo sino porque cambia la historia de golpe y porrazo. Lo dicho, el Madrid siempre vuelve.
De la serie de Real Madrid-Barca que estamos viviendo me da la impresión que vamos a tener una víctima colateral: la selección española, ‘La Roja’. Aún quedan por disputarse la final de la Copa del Rey y la madre de todas las batallas que es la eliminatoria de semifinales de Champions League. Habiéndose jugado el 25% de la Final Four y precisamente el 25% menos importante, el pique entre los dos equipos es tal magnitud que no me extrañaría nada que el partido de mañana en Valencia termine como el rosario de la aurora, con una tangana de las que hacen época. Los roces entre jugadores que forman parte del núcleo de la selección española empiezan a ser preocupantes. Futbolistas como Piqué (el gesto de la manita y las supuestas burlas que lanzó en el túnel de vestuario, con supuesto escupitajo de Pepe incluido); la dureza de Ramos con Villa, los choques entre Busquets con varios integrantes del Madrid…todo indica que la temperatura va subiendo y si a alguno se le va la mano o la boca, Del Bosque tendrá muchas dificultades para reconducir la situación y restaurar el buen rollo que ha sido una de las claves de España en la conquista de la Eurocopa y el Mundial. De lo que pase mañana y en la Champions pueden pasar muchas cosas y visto como está la temperatura ambiente, me temo que van a pasar.
El primer asalto de la Final Four entre el FC Barcelona y el Real Madrid terminó en tablas pero con sensaciones dispares: la primera de todas ellas es que los hombres de José Mourinho tienen que jugar al 120% para sacar un empate, eso sí, con sabor a victoria. En ese sobreesfuerzo blanco está la mayor virtud del Madrid pero también su desgracia: si necesita estar más que a tope para sacar un empate, es lícito pensar que en los partidos decisivos de la serie, los azulgrana parten con mucha ventaja. Aún así, al Barcelona se le vieron costurones. El destemplado pelotazo del ‘ejemplar’ Messi al graderío es símbolo de que las huestes de Pep no esperaban un Madrid con tantos grados de fiereza. En ese sentido, el Barça tocó y tocó como es su costumbre pero careció de frescura y velocidad y eso es algo que le viene sucediendo desde hace varios partidos y sus causas van más lejos de que Mourinho ponga a Pepe en el centro del campo o no para hacer de tapón matraca. Aún así, veo al Barcelona superior, favorito tanto para la Copa del Rey y la Champions League pero, por suerte para el madridismo, Mourinho ha tenido la capacidad de rescatar los valores que siempre distinguieron al Real Madrid: la casta y la lucha sin cuartel, incluso cuando enfrente tienes un equipo que es netamente superior.