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Wembley, el remozado y glorioso estadio londinense, rindió armas al FC Barcelona, que, está vez sí, hizo honor a su fama de equipazoy jugó como tal. Nada de pases horizontales y para atrás como ante el Real Madrid; nada de Piqué conduciendo el balón…todo lo contrario: fútbol de alta escuela, con Iniesta y Xavi sentando cátedra; con Messi conquistando mundos; con Villa en plan matador; con Busquets impidiendo el paso hasta a la guardia del Palacio de Buckinham y con Abidal y el resto de la troupe azulgrana haciendo lo que tienen que hacer. Por cierto, ¿y Pedro? cómo siempre. Es indetectable. Cuando el Manchester se dio cuenta de que jugaba Pedrito, ya perdía 1-0. El Barca exhibió todo su manual de fútbol de muchos quilates en el mejor escenario (Wembley); en el mejor momento (final de la Champions) y ante el mejor rival (Manchester United). Hacer coincidir esos tres momentos en tus botas sólo está al alcance de los mejores. Ayer el Barcelona demostró que es el mejor equipo del mundo, que la posesión del balón tiene sentido cuando se juega con la vista en el campo rival y que si juntas a un grupito de genios en pos de un objetivo común el resultado no puede ser otro que la sinfonía de fútbol y el baño que el Barcelona le propinó al Manchester en la noche del 28 de mayo. Este Barca marcará una época.
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El bacelonismo se apresta a vivir su tercera final de Champions League en seis años, la quinta desde la primera conquista, precisamente en Wembley, el 20 de mayo de 1992. Un bagaje espectacular que certifica al Barcelona como un grande de Europa. El rival, el Manchester United, tiene un recorrido vital parecido. Ha ganado dos finales desde el 99 y ha jugado otras dos, la que perdió en 2009 y ésta que afronta mañana. Pese a ello y por mucho que pese al sector miedoso del Barcelonismo, el club azulgrana es favorito para alzarse con su cuarta Champions League. Lo es porque es mejor equipo que el Manchester United. Es más equipo, es más fuerte prácticamente jugador por jugador y es más poderoso colectivamente.El Barça, para ganar, sólo tiene que ser fiel a sí mismo. Eso significa hacerse dueño del balón; moverlo con velocidad en la zona medular; convertir a Messi en un ‘fantasma’ entre líneas; desplegar con asiduidad a Alves por la banda derecha; generar tensión a dos o tres metros de la línea frontal del área del Manchester y esperar que Valdés esté acertado en las dos o tres ocasiones que el United tendrá. Es decir, hacer lo que hace siempre. Si el balón es de Xavi e Iniesta y Pedrito y Messi juegan entre líneas con rapidez y sentido, la final se tiñerá de azulgrana. Eso sí, si el Barcelona cae en la tentación de jugar en corto y con lentitud, abusando del pase horizontal y convirtiendo a Piqué en el hombre que más balones toca del equipo, dará al United la oportunidad de esperar colocados, robar algún balón y salir al contrataque en superioridad. Si el Barca da el balón a Pique y juega con lentitud, perderá la final.
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Vamos a ser lo más claros posibles: el Kun, si lleva algún equipo en su corazón, ese es el Independiente de Avellaneda, no el Atlético de Madrid al que, no lo pongo en duda, tendrá simpatía. Digo esto porque el argentino no tuvo inconveninente de salir de Independiente y fichar por el Atleti y ahora hará lo mismo porque, como todo jugador profesional, los colores se quedan en casa y de lo que se trata es de ganar más dinero y títulos, cosas que el club del Calderón no puede garantizarle. Es decir, que el Kun se va porque quiere. Nadie le obliga y eso es algo que deberían tener en cuenta los seguidores rojiblancos. Dicho esto, en el Atleti hay problemas de fondo que contribuyen a que el crack argentino haya tomado la decisión de irse.El más importante es que el Atleti ganó el año pasado UEFA y Supercopa de Europa y disputó la final de la Copa del Rey. Un gran bagaje que en vez de significar el punto de partida para hacer un proyecto ganador se ha convertido en un acelerador destructivo. La directiva dilapidó ese potencial al no hacer los fichajes adecuados que apuntalasen un gran grupo. Sus tres puntales (De Gea, Kun y Forlán) están en la rampa de salida. Algo inaudito si quieres ganar títulos y lo están casi desde el día después de levantar la UEFA. El Atleti se ha convertido en una estación de tránsito, no de destino. Además, Gil Marín y Cerezo dicen una cosa y hacen otra. La estructura del club es anquilosada y personalista. Se pierden oportunidades como la de crear una estructura moderna con Kiko y Toni Muñoz por rencillas personales y el club, en general, tiene la inercia de un club pequeño vendedor y no grande y comprador y cuando ficha lo hace apostando por medianías, algunas de ellas impropias para una entidad de la historia del Atleti. Todo eso afecta a los futbolisas que se sienten con capacidad de aspirar a cotas mayores. El Kun se va, por tanto, porque quiere pero también porque este Atleti no es el que le prometieron ni lo va a ser mientras no cambien muchas cosas.
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Barcelona y Manchester United dirimen este sábado 28 de mayo quién es el mejor equipo del mundo. Los dos llegan a la final de Wembley con los deberes hechos: han ganado sus respectivos títulos de liga y son portadores de un estilo propio e inconfundible que les convierte en temibles. El United juega, además, ‘en casa’. Lo hace en Londres, a 200 kilómetros de su feudo, lo que le dará mayoría en las gradas y la sensación de que actuar casi casi como local le da cierta ventaja. El Barcelona vuelve a Wembley, el escenario donde ganó su primera Copa de Europa hace ahora 19 años. Esa sensación de retorno a los orígenes da a los azulgrana un aurea de que juega en un lugar sagrado para su historia. Y eso siempre pesa. Al margen de los hechos intangibles, el Barca es favorito por fútbol y porque su ciclo es enorme: campeón en 2006 y 2009. Juega su tercera final en cinco años. El United ganó en 2008 y perdió la final del 09 ante el Barca. También juega su tercera final, en este caso en apenas cuatro años. Dos gigantes dispuestos a cruzar una vez más las espadas. Aún así, los papeles para la finalísima están repartidos: el balón será azulgrana y el estilo lo pondrán los de Guardiola. El United jugará a la victoria por KO. Quien gane se llevará su cuarta orejona. Habrá por tanto, desempate en el ranking de campeones de Europa.
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El Deportivo de A Coruña vuelve a visitar las catacumbas del fútbol veinte años después de que pusiera fin a una histórica travesía del desierto. El club blanquiazul es de Segunda con 43 puntos, una cifra histórica que, en cualquier otro año, le hubiera valido para permanecer de forma holgada en la Liga de las Estrellas. En esta ocasión no ha sido así y el objetivo de toda la familia deportivista debe ser el de aceptar su nueva realidad de la manera más rápida posible. Ejemplos de clubes que se sintieron de Primera estando en Segunda hay muchos. El más reciente el del Tenerife. Bajo a Segunda y pensó que subir a Primera era un paseo, cuestión de un añito en el infierno y poco más. La temporada que viene jugará en Segunda B. El Depor debe planificar su año sabiendo que jugará en Segunda y que si no hace las cosas como se deben hacer, puede estar en el pozo muchos años. Clubes enormes como el Atlético de Madrid o, más recientemente, el Betis no subieron a la primera. El Sporting, otro histórico, se paso casi una década en el pozo. El Depor debe asumir eso. Para jugar contra el Alcorcón en el Municipal de Santo Domingo de poco vale la heráldica. El título de Liga, las Copas ganadas, las semifinales de Champions disputadas o la histórica goleada al Milán en Riazor son recuerdos del pasado. Ahora toca arremangarse, confeccionar una plantilla con futbolistas curtidos en Segunda, con veteranos con ganas aún de hacer cosas; con canteranos con calidad y con un entrenador que conozca la categoría y vea Riazor como la oportunidad de su vida. Si se hace eso y el equipo, afición y club asume su nuevo rol, el Depor podrá volver en breve al lugar de nunca debió haber salido.
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José Mourinho ya perfila el Real Madrid de la temporada que viene. Sorprendentemente, para lo que se estila en la Casa Blanca, lo está haciendo con antelación, moviéndose en el mercado con rapidez y mucho tiempo por delante. Una fórmula que indica muy a las claras que el tiempo de los golpes de efecto ya pasó y de lo que se trata ahora es de construir un equipo. ‘Mou’ lo tiene claro. El bloque está hecho y lo que necesita es apuntalar posiciones, blindar puestos con recambios de garantías para hombres clave. En esa línea hay que entender los fichajes de Nuri Sahin y Hamit Altindop, dos jugadores que vienen avalados por el gran rendimiento que dio esta temporada Ozil. Que ambos tengan el mismo agente que el ex del Werder Bremen se enmarca dentro de los típicos equilibrios de poder. Con los dos turcos, el Madrid se garantiza opciones suficienetes en el centro del campo como para que no haya que tener a Xabi Alonso con oxígeno toda la temporada. El fichaje casi seguro de Callejón completa el cuadro de una medular blanca en la que parece que no estará Parejo, cuyas opciones han perdido fuerza últimamente ante la llegada de los turcos. Todos ellos son hombres de club, con calidad y experiencia, alejados del ’star system’ que caracteriza las contrataciones del Madrid desde que Florentino es presidente. Los siguientes pasos de Mou irán destinados a blindar los laterales. Al portugués le convence más Ramos de central por lo que el objetivo es contratar uno o dos hombres de banda (Coentrao es una muy buena opción). Lo último, será un delantero. Ahí tendrá más que decir Florentino, al que será difícil quitarle el capricho de hacer una de las contrataciones de las suyas. Ojo con Agüero.
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Deportivo de La Coruña, Zaragoza, Real Sociedad, Getafe y Mallorca son los equipos que están con la soga al cuello, con la amenaza del descenso a Segunda División latente en el cogote. Los cinco dependen de ellos y sobre el papel es el Zaragoza el que peor debería tenerlo porque es el que ocupa la plaza del infierno ahora mismo, juega fuera de casa y sólo le vale la victoria pero la realidad es que el que peor lo tiene de verdad es el Getafe. Los azulones son el único equipo que se la juega contra otro al que también le va la vida. Lo hacen a domicilio, en una Anoeta que estará a reventar y que llevará en volandas a la Real. Al Geta, para estar tranquilo, sólo le vale ganar. Cualquier otra combinación, si Zaragoza y Deportivo ganan, le lleva a Segunda. Es decir, que lo lleva crudo. Pienso que el condenado saldrá de ese Real Sociedad-Getafe y la lógica dice que, de cumplirse ese supuesto, serán los hombres de Michel los señalados con el dedo.
PD. Ojo con el Mallorca, que aún no se han enterado que ya no juegan por entrar en la UEFA sino por salvarse. Eso suele pasar factura.
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Con todo el respeto al antiguo y más que digno oficio medieval de bufón, el fútbol, gracias a un puñado de jugadores que confunden el terreno de juego con una clase de párvulos, va camino de convertirse en una bufonada infumable. El asunto empieza a dar grima si no fuera porque ver a tipos y hechos y derechos llamándose entre ellos ‘mono‘; tirándose al suelo como si les hubieran matado; llevarse las manos a la cara de manera frenética mientras se retuercen con varias vueltas de campana; jugando al ‘cucu tras’ en el suelo; insultando por lo bajini y demás asuntos de niños maleducados y malcriados, produce bastante risa. Sin embargo el tono sube cuando los del traje y la corbata que tienen sueldos de ejecutivos de la Coca-Cola se dedican a discernir entre ‘monos’ y ‘vaya morros’ o desempolvar el histórico ‘y tú más’ de forma impérterrita delante de las cámaras. No me atrevo a pensar que no sienten verguenza ajena en cuanto se apagan los focos y se van a sus casas a cenar con la familia. Por si fuera poco, está la UEFA y, por supuesto, la FIFA, que son algo así como la TIA y la A.B.U.E.L.A de los TBO de Mortadelo y Filemón. Esos llevan lo del traje y la corbata al paroxismo, se llenan la boca de conceptos como el Fair Play y el Respect y luego lo único que les importa es la caja fuerte que deben tener en Zurich repleta de francos suizos. A estos, los monos, las tarántulas, los poblados de África y las barriadas marginales, sencillamente, se la repanpinflan. Eso sí, nos hablarán en inglés, nos contarán sus milongas, multarán a diestro y siniestro y se reirán junto al que llama ‘mono’ a un compañero, el que llora de los árbitros, el que defiende el ‘vaya morro’, el que finge una lesión o el que se lleva las manos a la cara como si le hubisen metido un tiro. Lo dicho, RECPECT al mono, que lo merece más que ellos.
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El Barça certificó ayer su 21 título de Liga, un campeonato que se lleva justamente porque ha sido a lo largo de todo el torneo el equipo más regular y la Liga es eso precisamente, regularidad. Los azulgrana han vivido un último tramo de competición con síntomas de extenuación pero su extraordinario inicio liguero y su racha de más de 30 partidos sin conocer la derrota les ha permitido vivir de las rentas y no apretar el acelerador desde su empate en el Santiago Bernabéu. Ayudas puntuales de los árbitros al margen, el Barça ha fundamentado el título en varios aspectos: el compromiso con la idea de juego que tiene Pep Guardiola y que defiende a capa y espada, lo que convierte al Pep Team en un equipo reconocible en todos los escenarios posibles; la pegada y el desequilibrio que aporta Leo Messi; el estilo y el sello que ponen en el centro del campo Xavi, Busquets e Iniesta y, esta temporada, la gran actuación de Víctor Valdés, segurísimo toda la campaña. El arquero de Hospitalets ha dado un plus este año al equipo que le ha valido para salvar numerosos puntos, algo que otros años no ocurrió por la sencilla razón de que el Barcelona fue más sobrado. El título de campeón certifica, por tanto, el extraordinario ciclo azulgrana. Es el equipo que hoy por hoy marca el camino y domina el fútbol español. El Madrid le ha recortado distancia esta temporada pero el balón aún está en el lado del Nou Camp. Eso sí, Guardiola tendrá que inventarse algunas soluciones de cara al año. Parece que le han empezado a tomar la medida por lo que toca improvisar nuevas soluciones si no quiere que la llama culé comience a apagarse poco a poco.
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Quedan tres jornadas y como siempre, desde que el fútbol es fútbol, el drama del descenso se cierne sobre un puñado de equipos, alguno de ellos históricos y otros con negocios multimillonarios pendientes de permanecer en Primera. Siempre he pensado que el descender de categoría es bastante más terrible que luchar por un título. La gloria engrandece pero el descenso te destruye. Destruye puestos de trabajo, ilusiones de miles de aficionados, corta de cuajo la proyección de futbolistas, arruina inversores y, con la moda de los multimillonarios árabes, pone en la picota negocios de varios ceros. Por eso hay tanto en juego en estas tres jornadas que quedan por jugar. Además, esta temporada está mucho más complicado salvarse que en la anterior, cuando la frontera entre ‘el bien y el mal’ la puso el Valladolid con unos míseros 36 puntos. Con esa cifra, el Hércules, que está virtualmente descendido, estaría en disposición de pelear por la salvación aún. Este año, para salvarse habrá que sumar 44-45 puntos, una barbaridad tal como están las cosas. En el ajo están metidos hasta las cejas tres históricos como el Deportivo, el Zaragoza y la Real Sociedad; un experto en situaciones límites como es el Osasuna; tres clubes para los que ya llueve menos como son el Sporting, el Racing y el hasta hace unas semanas deshauciado Málaga y uno más como es el Getafe que ha llegado a la situación límite casi sin saber las razones. Los azulones se metieron en el atolladero mientras hacían negocios de 90 millones de euros en el Golfo Pérsico. COn este panorama, todo puede suceder pero lo que es seguro es que va a ser dramático.