Francia, hazmerreir mundial
La Gran Francia que conquistó el Mundial del 98 y la Eurocopa del 2000 ha envejecido de mala manera. Mejor dicho, no ha sabido envejecer. De la nula renovación de aquel equipo triunfal deriva la actual vergüenza más que deportiva, social, de escasez de valores y nula conexión con una sociedad francesa que contempla aturdida la debacle. ‘Les Bleus’ no debieron nunca estar en Sudáfrica. La mano de Henry avergonzó a la afición gala. Muchos, visto lo visto, debieron pensar que lo mal comienza mal acaba. Un Mundial es ya lo suficientemente complejo para que un grupo de futbolistas malcriados y consentidos lo conviertan en un infierno de convivencia anteponiendo en todo momento sus intereses personales a los de un grupo que no les representa a ellos por mucho que se crean sino a todo un país. Francia se ha convertido en el hazmerreir del mundo por convertir sus peleas de patio de colegio en un asunto de estado. Lo malo para los franceses es que detrás de las rabietas de niñatos que han protagonizado un grupo de veinteañeros y treinteañeros millonarios hay un problema de fondo gravísimo de falta de valores, de respeto y de perspectiva que pone en entredicho incluso el mito de la Francia multicultural y multirracial que se nos ha vendido en los últimos años. A todo ello, el papel bufonesco de Domenech en todo este asunto ha sido legendario. Quizás sea el momento de que, esta vez sí, un escritor avispado saque un best seller sobre lo que pasó en este Mundial en el hotel de concentración francés. Seguro que no tiene desperdicio.
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