Comienza a subir la marea Roja. España, a trancas y barrancas, empieza a parecerse a la que tanto maravilló durante los dos últimos años, de la Eurocopa al Mundial. El partido de octavos ante Portugal mostró algunos buenos síntomas: Piqué y Puyol mezclaron bien; Capdevila cerró bien y mostró raza, sin arrugarse; Ramos está excepcional; Xavi e Iniesta tocaron y tocaron con criterio y Villa sigue enchufado. Además, Xabi Alonso sigue en su línea versátil y Llorente demostró que España tiene fondo de banquillo. Sigue habiendo síntomas preocupantes en lo que respecta a Torres y, en menor medida, Iker pero la sensación es que La Roja está entonada y que el sábado afronta una oportunidad histórica para pasar por primera vez desde 1950 a unas semifinales de un Mundial. Es cierto que Brasil, Alemania y Argentina parece que muestran más que España hasta el momento pero en cuartos, uno de los dos caerá seguro y Brasil no lo tendrá fácil con Holanda. Todo puede pasar pero los hombres de Del Bosque vienen ya curtidos. La derrota ante Suiza, visto lo visto, fue positiva. Ahora toca paciencia y descanso hasta el sábado, donde espera Paraguay. A los sudamericanos habrá que ganarlos si La Roja quiere hacer historia.
El fútbol es tan peculiar y al mismo tiempo espectacular que ha tardado 44 años en conceder una revancha a Alemania, la que permite ‘vengar’ el gol fantasma de Hurst en la final de Inglaterra 66 y que sirvió para que el equipo de los ‘Tres leones’ levantaran su primera y única Copa del Mundo. Lampard marcó ayer un tanto excepcional pero el árbitro, uruguayo a diferencia del línear bielorruso de hace casi medio siglo, no vio que el balón, tras botar en el larguero, había pegado claramente dentro de la portería defendida por el alemán Neuer. Un gol antológico que suponía el empate a dos con toda la segunda parte por delante. El uruguayo, de forma incomprensible, no vio y eso dio oxígeno a una selección germana que, por otro lado, demostró un potencial estremecedor en los pies de sus jóvenes Muller, Ozil o Khedira. Acero y talento en estado puro tiene este equipo, candidato a todo. Los ingleses tienen derecho a quejarse y a poner el grito en el cielo pero siempre habrá alguien que les recuerde que ellos tienen un campeonato del mundo por un gol fantasma que no entró. Ahora, por un gol que sí entró, se han quedado fuera. Cosas del fútbol.
La campeona del mundo ya está en casa. Italia jugó en el alambre, como casi siempre, pero esta vez se cayó al vacío. La azurra se va del Mundial como última de un grupo en el que competía con Paraguay, Nueva Zelanda y Eslovaquia, que se dice pronto. Un fracaso mayúsculo aunque en este caso y a diferencia de Francia, estamos hablando de un asunto estrictamente deportivo lo que visto los tiempos que corren es, cuando menos, un consuelo. El problema italiano es de calado. Lippi, el hombre que pasará a la historia por haber llevado a Italia a la conquista de su cuarto Mundial pero también como el comandante que la condenó con sus decisiones a su vergonzante eliminación en Sudáfrica, se marcha por la puerta de atras y tras haber protagonizado un cúmulo de despropósitos deportivos. El viejo zorro no ha sabido renovar el equipo y ha pretendido ganar con el peso de la camiseta y viviendo de las rentas. Nada más. Demasiado poco para el igualado nivel que vive el fútbol actual. La Italia del 2010 era casi la misma que la del 2006 pero con cuatro años más (un mundo en el fútbol) y muchísimo menos talento con las bajas de Del Pierto o Totti. Lippi no ha sabido o no ha tenido ‘fantasistas’ que convirtieran el rocoso fútbol transalpino en un canal de comunicación fluido con los cazagoles que Lippi convocó. No ha sido así. El grupo azurri fue monolítico, mecánico y previsible. Por si fuera poco, tampoco fue rocoso atrás. Que a Italia la hagan un gol de saque de banda es para verlo y no creerlo. Todo junto dibuja un escenario de enorme fracaso. Hoy la campeona del mundo está ya en casa. Igual que la subcampeona. Y hoy juega la campeona de Europa....
La Gran Francia que conquistó el Mundial del 98 y la Eurocopa del 2000 ha envejecido de mala manera. Mejor dicho, no ha sabido envejecer. De la nula renovación de aquel equipo triunfal deriva la actual vergüenza más que deportiva, social, de escasez de valores y nula conexión con una sociedad francesa que contempla aturdida la debacle. ‘Les Bleus’ no debieron nunca estar en Sudáfrica. La mano de Henry avergonzó a la afición gala. Muchos, visto lo visto, debieron pensar que lo mal comienza mal acaba. Un Mundial es ya lo suficientemente complejo para que un grupo de futbolistas malcriados y consentidos lo conviertan en un infierno de convivencia anteponiendo en todo momento sus intereses personales a los de un grupo que no les representa a ellos por mucho que se crean sino a todo un país. Francia se ha convertido en el hazmerreir del mundo por convertir sus peleas de patio de colegio en un asunto de estado. Lo malo para los franceses es que detrás de las rabietas de niñatos que han protagonizado un grupo de veinteañeros y treinteañeros millonarios hay un problema de fondo gravísimo de falta de valores, de respeto y de perspectiva que pone en entredicho incluso el mito de la Francia multicultural y multirracial que se nos ha vendido en los últimos años. A todo ello, el papel bufonesco de Domenech en todo este asunto ha sido legendario. Quizás sea el momento de que, esta vez sí, un escritor avispado saque un best seller sobre lo que pasó en este Mundial en el hotel de concentración francés. Seguro que no tiene desperdicio.
La Roja emite señales muy inquietantes. Por lo visto hasta ahora, no pinta bien el Mundial. Es cierto que se perdió de forma injusta con Suiza y que se pudo golear a Honduras pero es en esos ‘casi’ donde reside el ‘kid’ de la cuestión. España, por lo visto hasta el momento, siembra dudas. Muchas dudas. Hay sombras en las dos áreas y en futbolistas puntuales. En el área propia, Iker genera inseguridad. No está bien el gran portero madridista y se le nota donde se le suele notar a los arqueros: en los balones cruzados y las salidas. Arriba, en el área ajena, se falla más que una escopeta de ferias y cuando eso sucede en futbolistas de la talla de Torres es porque les falta un punto de forma y para ganar un Mundial hay que estar en plena forma. Si a un equipo le fallan los dos extremos del campo, es una utopía el pensar que puede llegar lejos. Pero aún hay más. Xavi está tieso físicamente, igual que Iniesta, dos futbolistas clave y Capdevila muestra síntomas de agujero negro en el lateral izquierdo de la defensa. Su falta de rigor convierte algunas acciones defensivas de La Roja en un ejercicio al límite. Chile, el primer rival de cierto nivel con el que nos enfrentaremos ahondará en ese agujero izquierdo y esa circunstancia obligará a Piqué y Puyol a multiplicarse y dejar más huecos. Todo ello junto dibuja un escenario temible para los hombres de Del Bosque. O mejoran o mucho me temo que lo que toca ahora es ir sacando el billete de vuelta para España, ya sea en el último partido del grupo o en el partido de octavos.
Francia no es que amenace ruina sino que es una ruina antológica, de manual. Es penoso ver a la actual subcampeona del mundo y campeona en el 98 arrastrarse de la forma que lo está haciendo en Sudáfrica. A la nefasta Eurocopa que firmaron hace dos años en Austria y Suiza se le une ahora un Mundial que ya empezó marcado por la ‘mala fama’ de un seleccionador del que se dice hace las alineaciones y las convocatorias según la carta astral de sus futbolistas. Busca coindicencias astrales para justificar sus decisiones. Eso es, al menos, lo que se dice de él. Domenech, además de aprendiz de mago, es mal entrenador. No ha sabido renovar un combinado que en cierta manera sigue viviendo de los réditos de los títulos del 98 y el 2000 y por si eso fuera poco, no controla el vestuario ni tiene el respeto de sus futbolistas. Todo ello unido dibuja un mapa absolutamente lamentable. Francia es un equipo en guerra deportiva y social. Una vergüenza nacional que tardará tiempo en limpiarse y que ya ha costado el puesto al director deportivo de la federación, a Anelka (va camino de Paris tras insultar a Domenech) y algún miembro del cuerpo técnico. El caso italiano es diferente. El empate ante Nueva Zelanda les convierte en el hazmerreiz del mundo pero eso, a los italianos, no les arredra en absoluto. Ya sufrieron en sus carnes la vergüenza de empatar ante Camerún en el 82 (por aquel entonces una potencia similar a la neozelandesa); Perú y Polonia en el Mundial de España y terminaron siendo campeones de la mano de un memorable Paolo Rossi. Por eso no conviene mofarse demasiado de los italianos. Están acostumbrados a jugar al filo del alambre y a resucitar cuando más muertos se les cree. De momento, sólo entonemos un requiem por la difunta y penosa Francia. Se puede perder pero no dando el espectáculo que están dando los galos. Si Asterix levantara la cabeza.
La Roja se dio de bruces con la dura realidad. Fue un choque brutal. Los aficionados españoles pasaron de calcular la goleada que les iba a caer a los flojos suizos a hacer cábalas sobre las posibilidades de clasificación. Una derrota dura, por inesperada pero que tiene su explicación. España pareció España pero no lo fue en realidad. Fue su hermana menor.
1-España defendió mal, corriendo para atrás, con poca contundencia y comentiendo errores infantiles como en el gol, en el que los centrales se dejaron robar la merienda en un saque de Benaglio, el portero suizo.
2-Xavi no estuvo. Su aportación fue casi nula. No fue determinante en ningún momento y cuando tocó balón lo hizo de forma irrelevante. Suiza desactivó muy bien al medio centro azulgrana.
3-Desconexión con Villa. Ni Iniesta, ni Xavi, ni Silva ni Xabi Alonso enlazaron con Villa. El Guaje estuvo aislado y desconectado, jugando mucho de espaldas a la portería y sin hacer desmarques.
4-Malos cambios. Torres no tiene ritmo pero debió salir antes, al igual que Llorente, una buena opción para este tipo de partidos atascados y donde se apela a la épica en los últimos instantes. Supongo que Del Bosque llevó a Sudáfrica a Llorente para este tipo de situaciones.
5- Confundir el toque. Tocar y tocar está bien cuando se tira a puerta. Cuando se juega en horizontal con la única intención de mantener la posesión y no de herir al contrario, se están confundiendo los conceptos.
Hoy debutan Brasil, Portugal y Costa de Marfil y mañana lo hará España, la gran favorita según las encuestas para ganar el Mundial. Es decir, que todavía queda mucha cera por arder en este inicio de campeonato pero el balance que de lo visto hasta ahora no puede ser más decepcionante. Han debutado Argentina, Uruguay, Francia, Inglaterra, Alemania e Italia, seis campeones del mundo y excepto la fiable Alemania, el resto ha jugado a un nivel paupérrimo. Tampoco lo ha hecho mucho mejor Holanda, una de las grandes favoritas del torneo; los africanos han decepcionado y una ‘outsider’ como México mostró modales de invitado blandito en su estreno ante la voluntariosa y poco más Sudáfrica. De lo visto hasta ahora sólo se salva la renovada Alemania y alguno de sus futbolistas más jóvenes como Muller u Otzil. Low parece haber encontrado la tecla adecuada. Al día de hoy, el único equipo que ha presentado sus credenciales es el germano. Si los grandes han decepcionado, también lo ha hecho el juego, muy ramplón, defensivo y cargado de miedo y tacticismos mientras que la capacidad goleadora ha sido muy escasa: 18 goles en 11 partidos, la peor media de la historia. El balance, por tanto, es de suspenso pero claro hoy debutan Brasil y Portugal y mañana lo hace La Roja y todo puede cambiar.
Mañana comienza el Mundial y por las cosas que voy sabiendo, me da la impresión de que va a ser un campeonato muy movido desde el punto de vista de la seguridad. Yo no he estado nunca en el país sudafricano pero sí que tengo testimonios de primera mano de periodistas y amigos que el año pasado estuvieron siguiendo a España en la Copa Confederaciones y que vinieron asustados de lo que vieron allí. Tras las últimas noticias de asaltos a algún hotel con periodistas alojados en él, todo parece indicar que poco o nada se ha mejorado en materia de seguridad. Si hay robos a periodistas, que tienen un estatus semioficial para la FIFA, lo que se avecina cuando empiecen a llegar los miles de hinchas alemanes, holandeses, argentinos, o ingleses que está previsto desembarquen en el país puede ser aterrador. No me imagino lo que puede suceder con hinchas bebidos y violentos y las bandas que pululan por las calles de las ciudades sudafricanas. El país está muy verde en infraestructuras, no hay manera de llegar a algunos estadios, hay pobreza y apenas medidas de seguridad. Un cocktail explosivo que esperemos no termine como el rosario de la aurora. A mi me han hablado de tal forma de lo que puede suceder en Sudáfrica que solamente espero una cosa: que no suceda.
Ya no falta nada para que comience el Mundial de fútbol, la cita más esperada por todos que tenemos este deporte como uno de los ejes de nuestro día a día. Si el fútbol es lo que es y tiene la capacidad de movilizar a millones de personas es, en buena parte, por el Mundial de fútbol, por las leyendas y mitos que se han ido tejiendo de manera ininterrumpida desde que el balón empezara a rodar hace ya ochenta años en el estadio Centenario de Montevideo. Desde entonces, no ha habido campeonato del Mundo que no haya dejado un espacio libre para el recuerdo, haya generado un mito o agrandado una leyenda. Desde aquella primera final que dirimieron Uruguay y Argentina hasta el cabezazo de Zidane a Materazzi en Alemania hace tan sólo cuatro años, los hilos de la historia han ido agrandando más y más la madeja futbolera. Este viernes empezaremos a vivir un nuevo capítulo. Sudáfrica y México abrirán un torneo que promete enormes emociones. Estamos ante el primer campeonato africano de la historia. Todo un reto para un continente siempre ligado a las malas noticias. Ahora, África, gracias al fútbol acaparará titulares que nada tienen que ver con el hambre, las sequías, las crisis políticas, las enfermedadades incurables o los golpes de estado. Un milagro que debemos únicamente al fútbol. Uno más de los muchos que lleva ya realizados.