Mourinho no sabe ganar. El portugués es veneno puro. Provocador y altanero es imposible que su actitud ante el rival solamente sea una pose. No se puede fingir tanto. Seguramente Mourinho sea así por lo que no me gustaría contarme entre sus amigos. No me gustan los tipos que te están retando continuamente y, encima, cuando ganan se ríen de ti. Futbolísticamente hablando, genera violencia. La UEFA debería pararle los pies. Dicho esto, el Barcelona no sabe perder. Un club que se supone de entre los más grandes del mundo, está dando muestras últimamente de habérsele subido el éxito a la cabeza y no saber digerir los malos tiempos cuando estos vienen en forma de derrota. Hay ejemplos durante las últimas semanas pero el de ayer por la noche es especialmente lamentable. Poner los aspersores cuando el rival celebra el pase a la primera final de la Copa de Europa en 38 años es impropio y barriobajero, más si cabe cuando los propios futbolistas del Barcelona celebraron con saltos en el centro del campo el triunfo en un partido de liga, que no el pase a una final, en la cancha del Real Madrid, el eterno rival. Nadie les puso a ellos los aspersores en el Bernabéu. Hacerlo anoche es un síntoma de falta de caballerosidad, elegancia y buen gusto. No he visto una actitud igual ni en campos de regional en barrios de mala muerte. Igual vale para Valdés. Ir a coger del cuello a Mourinho es patético. Que el luso sea un impresentable no es excusa para que tú también lo seas. Si Mourinho no supo ganar, el Barca no supo perder y en la vida es tan importante lo uno como lo otro.
Mourinho se debe estar frontando las manos desde su casa en el lago de Como. El Barca-Inter de Milán de este miércoles está justo donde él quería que estuviera: con una dosis de extramotivación por parte de los jugadores del Barcelona; con el barcelonismo hablando de árbitros y mesetas centrales; con el plantel sacando camisetas en las que aseguran que se van a dejar la piel (demagogia pura que gusta a los aficionados) y con el hincha culé pensando que el partido ante el Inter es poco menos que el fin de los tiempos que pronosticaron las profecías mayas. En pocas palabras: se habla de todo menos de fútbol, de estilo, de filosofía futbolística. Justo el punto en el que el Barcelona es mejor que el Inter. Los azulgrana están olvidando que para eliminar a los italianos y jugar la final del Bernabéu, sólo tienen que apostar por ser fieles a su forma de entender el fútbol. Y eso lo están olvidando. Están inmersos en una guerra dialéctica y exarcebada en la que están poniendo por delante la sangre a la calidad. Si el partido de vuelta se convierte en una batalla campal, en una guerra de conquista, el Barca estará eliminado. Para pasar tienen que jugar al fútbol como saben. Seguir el camino que les ha traído a la puerta de su segunda final consectuvia. Mourinho ha ganado el primer asalto y todo parece indicar que cuando desembarque en El Prat, liará alguna más y el barcelonismo volverá a caer en la trampa. De seguir así, el Barca lo lleva crudo.
El Atleti está ante una oportunidad única de iniciar el camino de la recuperación de la grandeza perdida. En apenas un mes puede ganar su primer título en más de quince años y, si la vuelta de la Europa League en Anfield la juega al mismo nivel que ayer, estará presente en su primera fianl europea del último cuarto de siglo (la anterior fue ante el Dinamo de Kiev en el año 85 en Lyon. Perdió 3-0 en la extinta Recopa). Disputar la final de Hamburgo sería una inyección de prestigio que los rojiblancos deben aprovechar. Éste sería el camino a seguir:
1-Ganar la Copa garantiza ingresos vía competición europea. Esenciales para sobrevivir.
2-Jugar la final de la Europa League eliminando al Liverpool sería poner al Atleti en el mapa europeo.
3-De ganar la final, se jugaría la Supercopa de Europa ante el campeón de Europa. Otra inyección de prestigio, algo de lo que está muy necesitado el Atlético de Madrid tras quince años en las catacumbas.
4-El prestigio y los títulos atrae la atención de los buenos jugadores. Fichar futbolistas de nivel sería más fácil. Los tiempos de Richard Núñez tocarían a su fin.
5-Retener a las figuras. Para la directiva actual, retener a Agüero y Forlán es una utopía si no se les garantizan réditos deportivos.
6-Reforzar la plantilla actual sin perder a sus principales activos (Reyes, De Gea, Simao, Domínguez, Forlán y Agüero)
7-Potenciar el trabajo de cantera que se está llevando a cabo. Dar más medios y tiempo al equipo formado por Amorrortu.
8-Pacificar el club institucionalmente.
10-Rentabilizar al máximo el traslado a la Peineta. El nuevo estadio debe ser un polo de generación de ingresos que deben servir para reformar el proyecto de futuro.
Si el Atleti cumple todos estos requisitos, el futuro rojiblanco será sustancialmente mejor que el que ha padecido durante lo que llevamos durante todo este siglo XXI, que no es poco.
Juega el Liverpool en el Vicente Calderón y eso ya de por sí es una gran noticia para un Atlético de Madrid que comenzó la temporada mirando con temor hacia el pozo de la segunda división y que la termina con una final de Copa del Rey en lontananza y un premio gordo como es el tener que disputar un partido de enjundía europea y ante un rival de leyenda en su estadio. Los aficionados rojiblancos sueñan con un ‘doblete’ en una temporada marcada por los problemas. El Atleti se ha acostumbrado a vivir con ellos durante lo últimos diez años. Ahora, al menos, los rentabiliza. En la Europa League ha firmado una trayectoria meritoria. Ni gana ni pierde partidos pero se muestra sólido y competitivo. Cierto es que llegó hasta ella gracias a su desastrosa actuación en la fase de grupos de la Champions pero eso ya pertenece al pasado. Ha eliminado a Galatasaray, Sporting Club y Valencia. De seis partidos ha ganado uno pero ha sido mejor que sus tres rivales, todos ellos con nombre y peso europeo. Ahora espera el Liverpool. Los ‘reds’ llegan sin Torres pero con la necesidad de ganar la Europa League para salvar su penoso año en Champi0ns y Premier. Los dos son perdedores de la máxima competición continental pero ambos quieren el título. Un gran partido y un gran premio para una afición necesitada de alegrías. Ver esta noche al Liverpool con un pase a una final europea en juego, no es un premio menor.
Anoche hubo partido grande en San Siro/ Meazza. Fue un duelo de los de antes, de verdad, con el cuchillo entre los dientes y en el que tanto futbolistas como público eran plenamente consciente de lo que estaba en juego. La hinchada interista apretó a muerte, haciendo honor a la fama de San Siro/ Meazza, un estadio mítico, de los más grandes de Europa por la cantidad de partidos memorables que se han jugado en él. Con San Siro/Meazza en pie de guerra, el encuentro estaba justo en el lugar que más convenía a un Inter de Milán con mucho menos fútbol que el Barcelona pero con las cosas muy claras. No hay equipo más peligroso que aquel que es consciente de sus limitaciones y del papel que le toca interpretar. En eso, los italianos son maestros. Los interistas de ‘Mou’ saben que su única posibilidad de eliminar al Barcelona es jugar con la fiereza de la ley de la selva. Y así jugaron. Convirtieron cada balón en una batalla y cada centímetro del césped milanés en una trichera. Como tampoco son cojos, lo demás vino por sí solo. El Barcelona no se puede quejar. Cada uno juega según su argumentario y a nadie puede sorprender a estas alturas de la película que el del Inter se basa en eso: fuerza, coraje, batalla sin tregua y fútbol de relámpago. Con eso, ayer les bastó. Seguramente, el Nou Camp será otra cosa pero de lo que sí estoy convencido es que volveremos a ver otro partido jugado a cara de perro.
Llevo dos días escuchando la ’sorprendente’ noticia de que el Barcelona viaja en autobús hacia Milán para disputar la ida de las semifinales de la Champions League en San Siro ante el Inter de Milán. No hay duda de que, acostumbrados a viajar en avión y charters privados, el viaje en autocar es, a todos luces, un engorro pero de eso a convertirlo en una hazaña mediática media un abismo. Cierto es que nadie del Barca dice ni mu y que en este caso la culpa íntegramente es nuestra, de los medios de comunicación. Con nuestras informaciones convertimos a unos tíos de carne y hueso en héroes de forma continua, una tendencia que raya el ridículo más espantoso cuando esa categoría prácticamente se otorga por cogerte un autobús de lujo y hacerte un viaje que no llega a los 1.000 kilómetros, algo que hacen todos los niños del antiguo Octavo de EGB con el viaje de fin de curso o todo aquel que se coge el coche al salir de trabajar y se va a la playa de Málaga o de La Coruña a pasar el fin de semana y vives en el centro de la península. Los periodistas llevamos varios días hablando del viajecito en autobús, persiguiendo el autocar con el escudo del Barca por las carreteras del sur de Francia y ensalzando un hecho que todos los fines de semana hacen los equipos de Segunda B y muchos de Segunda para jugar sus partidos. A mi, esta forma de cubrir la información de los clubes grandes me empieza a producir un poco de vergüenza ajena. Seguro que a algunos jugadores del Barcelona, también.
A Vicente Del Bosque monta un circo y le crecen los enanos. De otra manera no se entiende la racha de lesiones que está asolando a la selección en sus hombre clave. Desde que comenzó la temporada, varios de los puntales de ‘la roja’ han pasado por la enfermería aquejados de lesiones musculares o, en algunos casos, percances más graves. Los últimos en caer han sido Cesc, Iniesta y Torres. Los tres llevan un año repleto de contratiempos y los tres son básicos en el esquema y el estilo de la Selección. También han pasado por la enfermería a lo largo del curso Xavi, Villa (que por momentos ha dado la impresión de estar machacado), Silva y Marcos Senna. Prácticamente todo el centro del campo, la zona clave en el esquema de juego de Del Bosque, está tocado así como sus dos delanteros titulares. La situación, en todo caso es más que preocupante. España está en el mejor momento de su historia. La Roja tiene opciones reales de ser campeona del mundo pero para lograrlo se necesita estar durante un mes en plenitud técnica, colectiva y física. Hoy por hoy, los augurios no señalan nada bueno. La Selección llegará a Sudáfrica machacada. Será necesario un trabajo de recuperación a gran escala, algo que ya hizo Jesús Paredes, preparador físico de entonces en la Selección, antes de la Eurocopa de Austria y Suiza con los resultados por todos conocidos.
Si me lo cuentan y no lo llego a escuchar, no me lo creo aunque me lo juren y perjuren. Escuché le corte en el programa de la Cadena Ser que dirige Manolo Lama por las tardes. En él, aparece el presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, asegurando que “ve” en la final de la Copa del Rey al Atlético de Madrid y que le ve “ganándola” porque quiere que la gane. Vayamos por partes. Lo de VER al Atlético de Madrid en la final es algo obvio: llega clasificado dos meses. Lo de que la ve ganándola y que quiere que la gane es mucho más grave. En la final hay otro equipo, el Sevilla, tan español y tan afiliado a la Federación Española como el Atlético de Madrid. Supongo que en Nervión las palabras del presidente federativo habrán sentado como un tiro. Yo no recuerdo nunca que un presidente tomase partido de esa forma por un equipo. No lo recuerdo pero además es que me parece gravísimo, es improcedente, chabacano, fuera de lugar y lamentable. Villar ha perdido el norte pero es que, además, si algo ocurriese en le partido que diera la final al Atleti de forma poco clara, el escándalo sería mayúsculo. Al desastre de Villar – ignoro si hizo las declaraciones después de comer o de un aperitivo- se le une el desastre de una federación que no ha tenido ni fecha ni campo para jugar la final hasta ayer y que manda a los seguidores sevillistas a atravesar toda España en un día laborable. Es difícil hacer las cosas peor pero como se ve, si Villar se pone a intentarlo es factible que lo logre.
Visto lo visto en el Clásico del sábado, habrá que convenir que los futbolistas del Madrid tienen menos sangre que el gran Bela Lugosi a las doce del mediodía en una playa de Cádiz. El Barcelona pasó por encima de los blancos principalmente porque sus jugadores son bastante mejores que los del Madrid y en el fútbol suelen ganar los mejores pero también pasó por encima por la simple razón de que demostraron mucho más oficio y saber estar que muchas de las figuras de Chamartín. Fue un duelo desigual, entre pardillos blancos y una jauría vestida de azulgrana que se dedicó a cazar cuando y cómo quiso al grupo de pardillos que tenía enfrente. Pruebas de lo que digo hay muchas:
1- El gol de Messi viene precedido de un saque rápido de una falta pitada contra el Madrid por Mejuto que los futbolistas del Madrid se quedaron protestanto una décima de segundo de más. Messi, el jefe de la jauría, aprovechó el regalo.
2-Hubo varias faltas en contra del Barcelona que sus jugadores protestaron a una, rodeando hasta siete de sus futbolistas al árbitro. El Madrid contemplaba. El Madrid miraba. El Madrid pardilleaba.
3-Hubo varias jugadas en las que los jugadores azulgrana se quedaban en el suelo el rato que les venía en gana. Nadie del Madrid les recordaba que aquello era el Bernabéu.
4-Messi mira y el árbitro pita, ya sea fuera de banda, falta o miedo. El jefe azulgrana hizo lo que quiso, cómo quiso y cuando quiso. Ningún pardillo le recordó a Messi que eso era el Bernabéu.
5-Guardiola cambia a Milito y éste se va en loor de sus compañeros. Nadie del Madrid se acercó a recordarle que eso era el Bernabéu y que hay que darse prisa cuando te cambian si el Madrid va perdiendo.
Dicho esto, la pandilla de pardillos perdió casi con toda probabilidad la Liga, después de haber perdido la Copa y la Champions. El Barcelona, en cambio, volvió a Barcelona como vino a Madrid, casi sin despeinarse y con la certeza de que hoy por hoy, en España no tiene rival.
La extraordinaria exhibición de Lionel Messi ante el Arsenal tiene un ‘pernicioso’ efecto para su equipo: expolea la ambición de un jugador competitivo y voraz como es Cristiano Ronaldo, que a estar horas sólo estará pensando en una cosa: demostrar al mundo que él, CR9, es mejor que ‘La Pulga’. El duelo entre los dos titanes amenaza con eclipsar lo verdaderamente esencial del choque: quien gane de los dos tendrá tres cuartas partes de la Liga en el bolsillo. Una Liga bipartidista al estilo escocés pero que en la lectura corta muestra que ganarla será más cara que nunca. A Que a estas alturas, los dos gigantes del fútbol español estén con 77 puntos indica la gran diferencia de nivel que hay en el torneo pero en el cortoplacismo muestra que ganar este campeonato está más caro que nunca. La victoria del sábado vale cuatro puntos (los tres en juego y el gol average particular), una distancia prácticamente insalvable tal como están los dos planteles con lo que queda de campeonato. Cristiano y Messi serán actores indispensables en el drama pero para el Madrid existe un problema oculto: Messi no necesita demostrar nada. Cristiano quiere, sin embargo, demostrar que es el mejor y esa ambición le puede llevar a equivocarse, a ahondar en su individualismo, a cegarse en perjuicio del grupo. CR9 se lo debe pensar.