Onésimo y la caza del blanco
Onésimo es un hombre de fútbol. Se ha pasado casi toda su vida sobre un terreno de juego, primero como jugador y después como entrenador, donde se está labrando una buena y modesta carrera en clubes como el Huesca, al que ascendió a Segunda o el filial pucelano. A Onésimo le entrevistamos en Futbolista el mes pasado y me dio la impresión de ser persona honrada, que sabe reconocer sus errores y tiene los pies en el suelo. Tiene pinta de conocer los códigos del fútbol. Por eso apeló a al testiculina y la agresividad para motivar a sus jugadores de cara al partido contra el Real Madrid, un encuentro donde el Valladolid se jugaba la vida pero no más que la semana anterior en San Mamés o la que viene contra el Deportivo de La Coruña. Onésimo, bien secundado por el veterano Marcos, extramotivo a sus futbolistas y éstos confundieron las churras con las merinas. Pretendieron sacar del terreno de juego a los jugadores del Madrid a base de patadas, alguna de muy fea factura. El Valladolid se salvará si juega al fútbol y le empone la mitad del empeño que le echaron ayer. ‘La caza del blanco’ en la que se embarcaron los pucelanos en el Nuevo Zorrilla en nada ayudó y, sin embargo, deja tocado a Onésimo, quien tuvo la oportunidad de rectificar en la sala de prensa y prefirió atacar a un Cristiano Ronaldo al que le pierden las florituras y tonterias de cara a la galería. El mister pucelano, amante de los códigos, debió dejar el ataque al portugués como una cuestión de puertas para dentro y, en cambio, haber hecho una reflexión en voz alta sobre los males que aquejan a su equipo y los métodos que maneja para solucionarlos. Los taconcitos de CR9 cuando le pitan fuera de juego no son los culpables de la situación de extrema necesidad en la que vive un Valladolid que prefirió pegar a jugar, quizá pensando que el Madrid se arrugaría.











