Keita ’sufre’ un ataque amnesia

Cada uno en la vida ve las cosas según le van a él, perdiendo, en muchas ocasiones, la perspectiva. Es lo que le ha debido suceder a Keita durante la rueda de prensa de ayer, en la que aseguró que no vio el derby entre el Madrid y el Atlético porque estaba seguro de que los blancos iban a ganar al tiempo que lanzaba la acusación de que los rivales del Madrid no dan el 100% sobre el terreno de juego. El malí se quedó tan ancho tras soltar la frase. La equivocación del jugador azulgrana es doble. Primero ignora que lo que más puede desear un jugador del Atlético de Madrid o uno de sus hinchas es derrotar al Madrid. Es el rival al que más ‘odian’. Una victoria rojiblanca en el Bernabéu hubiese dejado prácticamente al Madrid sin Liga. Toda una satisfacción, sobre todo si tenemos en cuenta que al Atleti le persigue una maldición histórica en sus duelos vecinales. Dicho esto, la segunda metedura de pata viene por la falta de memoria, por la especie de ataque de amnesia que sufrió el mediocentro del Barcelona. Esta misma temporada, Sevilla, Racing y Valencia dejaron a sus mejores hombres en el banquillo o en casa para enfrentarse al Barcelona en el Nou Camp. Jiménez llegó a alinear a jugadores como Marc Valiente, Koné o Lolo, que apenas cuentan en Nervión, y dejar a otros como Negredo, Renato o Adriano más las bajas de Luis Fabiano, Kanouté o Zokora; Portugal forzo que varios de sus futbolistas provocaran la quinta amarilla (Munitis, Colsa, Tchité) para no jugar en Barcelona y Emery reservó a Villa y dejo en el banquillo a Mata hace tan sólo un par de jornadas. Además, el año pasado el Sevilla repitió jugada sacando a los suplentes en el Nou Camp y la semana pasada Osasuna sufrió una plaga de lesiones en sus puntas; plaga que remitió a la jornada siguiente, tan sólo dos días después. Keita habló por hablar. No recuerdo a jugador del Madrid alguno recriminando las alineaciones de Racing, Sevilla o Valencia. Keita sí habló. Y metió la pata.

La pesadilla histórica del Atlético de Madrid

El Atlético de Madrid vive una pesadilla histórica, un drama que para su afición (y lo sé de buena fuente), tiene gravísimas consecuencias. Para un seguidor ‘indio’ no hay nada que le pueda llenar más que ganar al Real Madrid, el eterno rival, el equipo con el que los años sesenta y setenta fraguó una rivalidad sin parangón y al que no m0ja la oreja desde hace más de una década. Hoy por hoy, el Real Madrid está años luz de los rojiblancos. La nefasta gestión deportiva de la familia Gil ha supuesto una fractura deportiva incomprensible. Cuando los Gil llegaron a la presidencia, el Atlético estaba a la par que el Barcelona y se medía con fuerza y sin complejos a un Madrid al que derrotaba con asiduidad. En el día de hoy, eso no es posible. El Atleti está a años luz del Barcelona, en el ranking de la Liga le superan con facilidad clubes que siempre fueron por detrás como Valencia o Sevilla; compite con el Getafe por ser el segundo equipo de la región y malvive en una crisis que tiene como principal seña de identidad su imposibilidad para ganar al Madrid en lo que llevamos de siglo XXI. La pesadilla para los rojiblancos es eterna e incomprensible. Que el Madrid no pierda ‘nunca’ con el Atleti entra dentro de los fenómenos paranormales. Los blancos pierden hasta con el Alcorcón o el Real Unión de Irún y no hay equipo en Primera que pueda decir que lleva más de una década sin ganar a los blancos. Sólo el Atleti vive sumido en una pesadilla que se antoja insufrible.

Iker Casillas necesita quien le apriete

Iker Casillas está firmando una de las peores temporadas que le recuerdo desde que ocupa la portería del Real Madrid, algo que ya va para cerca de diez años, más o menos. No pasa por su mejor momento. No le hacen muchos goles (la defensa del Madrid ha mejorado considerablemente esta temporada) pero muchos de los que le hacen parecen, cuando menos, parables. A Iker se le ha considerado muchas veces un portero sobrenatural, capaz de salvar goles inverosímiles. Una cualidad que adornaba con muy pocos fallos. Apenas se le recuerdan momentos de flaqueza. Eso no está ocurriendo esta temporada. Iker es más terrenal que nunca. Ha cometido algunos fallos que han costado goles, que no derrotas, al equipo; ha regresado la sensación de inseguridad en las salidas y las paradas salvadoras han desaparecido de su repertorio. Casillas ha bajado el nivel y una de las razones por las que ha perdido el aurea de santo puede ser la falta escandalosa falta de competencia que tiene con Dudeck. El polaco está poco menos que de ‘erasmus’ en Madrid e Iker, al que no le aprieta nadie, ha bajado un poco los brazos. Casillas necesita un rival con el que competir en la portería. El Madrid optó por un portero suplente-suplente con todas las letras en su momento pero ahora necesita recuperar la competitividad en el puesto y para ello hay que buscarle un rival al bueno de Iker.

A Jiménez no le han dejado dedicar la Copa del Rey a Antonio Puerta

Este viernes sale a los puntos de venta habituales un nuevo número de la revista Futbolista. En ella aparecerá la que ya es la última entrevista a Manolo Jiménez, el hasta anoche entrenador del Sevilla. Una entrevista a doble página realizada por Julio Ocampo en el que el entrenador sevillista dejaba muchos titulares. Ninguno de ellos lo va a poder hacer realidad. Jiménez ha llevado al Sevilla a la final de la Copa del Rey. Un logro para un club que durante sesenta años malvivió en la mediocridad y que se ha acostumbrado muy rápido a lo bueno. El técnico sevillista soñaba con ganar la Copa y dedicársela al malogrado Antonio Puerta y a un jugador con el que contaba al principio de año y que está al borde de la retirada prematura como es Sergio Sánchez. Del Nido no le ha dejado hacerlo. El Sevilla, en esta ocasión me ha decepcionado. Dice Monchi que es la primera destitución de Del Nido en once años. No es una destitución cualquiera. Jiménez es historia viva del sevillismo. Toda su vida deportiva se la ha dedicado al club. Como jugador, como técnico de base que llevo al filial hasta Segunda División y sacó futbolistas que han dado muchos millones a las arcas de la entidad y ahora como un entrenador que había dejado al equipo en disposición de ganar un título, algo de lo que no andan muy sobrados por Sevilla. No sé si habrá algo más detrás de la destitución pero a día de hoy me quedo con las palabras de Jiménez en su última entrevista: “Para mi entrenar al Sevilla es todo un honor”. Eso no lo puede decir cualquiera.

Peña Real Madrid de Pozoblanco

El pasado sábado compartí ubicación en el Bernabéu con dos peñistas de pura cepa, miembros de la Peña Real Madrid de Pozoblanco, en Córdoba. Durante un buen rato departimos sobre la vida de los peñistas. Ellos eran madridistas, pero su discurso y su amor a los colores era y es extrapolable a cualquier aficionado a un equipo de fútbol que se ve obligado a seguirle desde la distancia de otra provincia. Una distancia que se suple con mucho sacrificio, un sacrificio que, estoy convencido, no es valorado por las directivas de los clubes a los que siguen y quieren con ese amor que sólo se puede sentir desde la distancia. Pues bien, los dos peñistas en cuestión me estuvieron contando sus ‘penas’, que son, en definitiva, las verdades del barquero. Seguro que muchas personas se sienten reflejadas en unos seguidores capaces de cogerse un autobús a las siete de la mañana, ‘chuparse’ 500 kilómetros para ver al equipo de sus amores; pagar una pasta por una entrada en el tercer o cuarto anfiteatro de un estadio porque es la única ubicación que le facilitan desde el club; verse el partido y volverse de madrugada a su casa, otros 500 km de vuelta tras comer un bocadillo en el descanso. A eso hay que añadir las cuotas que pagan como miembros de la peña; las aportaciones que hacen al club en conceptos como socios de la fundación, miembro de la asociación de peñas y demás apuntes contables que poco a poco se van desgranando. Apenas reciben nada a cambio. Est0s peñistas me hablan que para partidos importantes, el Madrid no les manda más que dos entradas, previo pago, para que sorteen entre todos los socios; tampoco pueden planificar con tiempo los viajes porque nadie sabe hasta pocos días antes a qué hora juega el equipo y, por si fuera poco, no tienen ningún beneficio ni privilegio a la hora de sacar entradas para partidos. Eso sí, pagan todo religiosamente y forman parte de la base social del club al que quieren, en este caso el Madrid. Durante muchos años, las peñas han sido la base de la pirámide de los grandes clubes. Mal harían los actuales dirigentes de estos equipos en olvidarlo. Cuando Cristiano, Messi o el Kun dejen de vestir la camiseta blanca, azulgrana o rojiblanca, ellos seguirán estando ahí, vistiendo una zamarra que llevan puesta desde que nacieron. Seguramente hasta la muerte. Un respeto para los peñistas.

La Europa mentirosa del Atlético de Madrid

He escuchado esta mañana a Afredo Duro en Radio Marca hablar sobre la ‘película’ que se está montando el Atlético de Madrid con respecto a su participación en la Europa League. Duro hablaba de ‘versión mentirosa’ el hecho de que desde el Atleti se venda la gran temporada que está haciendo el equipo en Europa. Una versión que indirectamente situaría a los colchoneros en un plano superior al Chelsea, al Real Madrid o al Milán, por citar a alguno de los clubes que han caído en los octavos de final de la Champions League. Eso es lo que se intenta vender. El Atleti está en su derecho al hacerlo. Sigue (al menos hasta esta noche y esperemos que mañana también) en la Europa League pero no se puede olvidar que está ahí porque fue incapaz de ganar un partido en la primera fase de la máxima competición continental, que no ganó ni al Apoel en el Calderón ni en Chipre y que, gracias al reglamento, que eso sí, es igual para todos, juega la Europa League. Considerar eso como un éxito y sentirse superior al Chelsea es una venta de humo mentirosa que no lleva a nada más que a engañarse uno mismo.

Jiménez, ¿vete ya?

Los aficionados al fútbol suelen tener una memoria más bien escasa, selectiva e interesada. Es un mal común a todas las aficiones. La del Sevilla, anoche tras la eliminación de su equipo ante el CSKA de Moscú en la ronda de octavos de final de la Champions League, dio una muestra fehaciente de ello. La grada del Pizjuan estalló en un ¡Jiménez veta ya¡ sangrante y reiterativo al finalizar el partido. Un grito que olvida varias cuestiones de máxima importancia: Jiménez es historia viva del club, el hombre que más veces ha vestido la camiseta de Nervión y, al mismo tiempo, como si esos méritos no valieran, el entrenador que tiene al equipo luchando por la tercera plaza en la Liga, ha llevado al equipo hasta la Champions League por segunda vez en su historia y lo ha clasificado para la final de la Copa del Rey. Unos números magníficos para una entidad que en sesenta años no ganó nada, no jugó final alguna, merodeó siempre por la mitad de la tabla en Primera División y conoció de sobra las profundidades de la Segunda. Pero claro, al aficionado sevillano se le han olvidado esos tiempos oscuros que forman el grueso de su historia. Ya sólo recuerdan los títulos de Juande Ramos, las dos UEFA, la Copa o las Supercopas ganadas en dos años mágicos. Jiménez tiene el mérito de haber mantenido las expectativas, de haberlo hecho siguiendo la línea de trabajo marcada en el club; aguantando el nivel tras la venta de muy buenos jugadores y soportando el paso de los años de puntales como Kanouté, Renato o Palop. El Sevilla de Jiménez es un gran equipo, competitivo y duro de batir, que puede ganar un título este año y que lucha por ser el campeón de la liga que forman todos los equipos de España que no son el Madrid y el Barcelona. Este Sevilla está en su límite histórico pero la gente grita ¡Jiménez vete ya¡. Corta memoria.

Onésimo y la caza del blanco

Onésimo es un hombre de fútbol. Se ha pasado casi toda su vida sobre un terreno de juego, primero como jugador y después como entrenador, donde se está labrando una buena y modesta carrera en clubes como el Huesca, al que ascendió a Segunda o el filial pucelano. A Onésimo le entrevistamos en Futbolista el mes pasado y me dio la impresión de ser persona honrada, que sabe reconocer sus errores y tiene los pies en el suelo. Tiene pinta de conocer los códigos del fútbol. Por eso apeló a al testiculina y la agresividad para motivar a sus jugadores de cara al partido contra el Real Madrid, un encuentro donde el Valladolid se jugaba la vida pero no más que la semana anterior en San Mamés o la que viene contra el Deportivo de La Coruña. Onésimo, bien secundado por el veterano Marcos, extramotivo a sus futbolistas y éstos confundieron las churras con las merinas. Pretendieron sacar del terreno de juego a los jugadores del Madrid a base de patadas, alguna de muy fea factura. El Valladolid se salvará si juega al fútbol y le empone la mitad del empeño que le echaron ayer. ‘La caza del blanco’  en la que se embarcaron los pucelanos en el Nuevo Zorrilla en nada ayudó y, sin  embargo, deja tocado a Onésimo, quien tuvo la oportunidad de rectificar en la sala de prensa y prefirió atacar a un Cristiano Ronaldo al que le pierden las florituras y tonterias de cara a la galería. El mister pucelano, amante de los códigos, debió dejar el ataque al portugués como una cuestión de puertas para dentro y, en cambio, haber hecho una reflexión en voz alta sobre los males que aquejan a su equipo y los métodos que maneja para solucionarlos. Los taconcitos de CR9 cuando le pitan fuera de juego no son los culpables de la situación de extrema necesidad en la que vive un Valladolid que prefirió pegar a jugar, quizá pensando que el Madrid se arrugaría.

Los pecados capitales de Pellegrini

Manuel Pellegrini no tiene mucho más recorrido en el Real Madrid. Personalmente, creo que con tiempo, sería un buen técnico pero en un club como el Madrid hay de todo menos tiempo. Caerá a final de temporada salvo desmoronamiento mayúsculo del equipo. Aún así, el chileno ha armado un conjunto interesante y que poco a poco va cogiendo su filosofía de toque y cuidado con el balón. Pellegrini acertó de pleno cuando avisó de que el Bernabéu no acepta un tipo de juego como el del Barcelona. En el Madrid se prima la velocidad y la verticalidad, dos características que, sin embargo, chocan con el ideario del ex del Villarreal, amante de la pausa y el toque en la medular para cocinar a fuego lento los partidos. Estoy seguro que la mejor versión del equipo estaba por llegar. El Submarino Amarillo siempre se caracterizó por terminar las temporadas como un tiro pero Alcorcón y Lyon son una losa demasiado dura de sobrellevar. En el debe de Pellegrini hay muchas cosas. La primera es física. El equipo ha padecido un buen número de lesiones musculares y de pubis (Guti, Kaká, Benzemá, Van der Vaart, Higuaín…). Eso es un indicador de que algo no se hace bien en los entrenamientos. Las lesiones continuas lastran el equipo, le quitan continuidad e impiden que los futbolistas cojan ritmo. En su debe también hay que apuntar el tiempo que tardó en buscar un once tipo. Daba la sensación de que tenía claro quiénes debían jugar desde el principio pero que dudaba y dudaba en un intento de no herir sensibilidades. En ese sentido exigió demasiado a algunos jugadores (Higuaín, Van der Vaart, Granero…) y demasiado poco a otros (fundamentalmente Kaká o Benzemá). Su gestión de las alineaciones en determinados partidos también ha sido errática. La alineación del partido de vuelta ante el Alcorcón dejó mucho que desear así como su apuesta por Diarrá en Lyon no porque el Malí lo haga mal sino porque si no cuentas con un futbolista durante buena parte del ejercicio parece cuando menos sospechoso el darle galones en un partido clave. Junto a eso, Pellegrini ha demostrado demasiada inclinación a blindarse atrás incluso en el Bernabéu (Marcelo de interior, más cuatro zagueros, más Lass y más Xabi Alonso). Tácticamente, tampoco ha resuelto correctamente dos asuntos: Alonso es clave para el Madrid pero es un jugador que construye y corta mucho fútbol. Apostar por el doble pivote Lass y Xabi ha quitado fluidez al equipo, le ha dado mucho pase corto y poco largo. Alinear a Xabi y Lass junto sacrifica a jugadores más creativos como Guti o Granero. Su otro problema ha sido Kaká. No ha sabido encontrarle el sitio. El brasileño lleva desubicado todo el año. Pellegrini tampoco le ha corregido la tendencia a conducir el balón que tiene el brasileño. Con un equipo basado en la velocidad de Cristiano o Higuaín, las conducciones de Kaká perjudican al equipo. Más problemas. Pellegrini ha fallado en momentos puntuales. En Sevilla, en la primera vuelta, no tapono correctamente la banda izquierda, convertida en una sangría ante el poderío de Navas, y ante el Lyon hizo la estatua ante los cambios que introdujo el entrenador francés en la segunda parte y que cambiaron el rumbo del partido. A Pellegrini le ha faltado velocidad de reacción en momentos puntuales de máxima tensión. Con todo ello, es el club el que debe juzgar si persevera o no en el proyecto del chileno. Otro día hablaremos de Valdano, el ‘genio oculto’ en los despachos de la entidad de Concha Espina.

Las noches negras del Madridismo

La increible eliminación (increible por la diferencia de potencial y aspiraciones entre los dos clubes esta temporada) del Real Madrid en los octavos de final de la Champions League ante el Olympique de Lyon hay que inscribirla directamente en el libro negro de la historia madridista. Al Madrid le han echado de Europa en octavos de final las seis última temporadas (Juventus, Bayer, Arsenal, Roma, Liverpool y OL han sido los verdugos). Le han eliminado italianos, franceses, ingleses y alemanes, es decir, representantes de las cuatro ligas más fuertes de Europa. Todo un síntoma que debe ser analizado desde las entrañas de un club que se ha gastado 300 millones de euros en una operación de máximo riesgo diseñada para levanta la Décima Copa de Europa en el mismísimo Santiago Bernabéu. La debacle, a mi juicio, supone una de las derrotas más dolorosas del club. De lo que tengo yo memoria, más o menos desde mediados de los años ochenta, la incluiría dentro del Top 5, junto al Centenariazo ante el Deportivo en la final de la Copa disputada en el Bernabéu; el ‘Alcorconazo’ del pasado mes de octubre, las dos derrotas en la última jornada ante el Tenerife, especialmente la primera, cuando se ganaba 0-2 en el descanso o el 2-6 del año pasado en el Bernabéu ante el Barcelona. Para mi, estas son los seis episodios más sangrantes de la historia reciente. Por supuesto, que los más viejos del lugar recordaran el 9-1 que creó le endosó el Hamburgo o el Kaiserlaurten en la década de los setenta y alguna que otra debacle más hace décadas pero para mi esas seis son las noches más negras. Lo malo para los madridistas es que tres de esos agujeros negros se han producido en el lapso de los últimos doce meses. El jarro de agua fría sobre la ilusión de los hinchas blancos es impresionante. Así es el fútbol.

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