Atentado terrorista contra Togo

El atentado terrorista perpetrado contra la selección de Togo, como podía haber sido cualquier otro equipo, por un grupo de terroristas de la región de Cabinda, territorio al norte de Angola,  ha puesto al fútbol, una vez más, ante el espejo de su responsabilidad social. ¿Debe o no retirarse Togo?; ¿debe o no suspenderse la Copa de África?. Está claro que los terroristas han conseguido lo que querían: notoriedad. Nadie en Europa había oído hablar de Cabinda, de su grupo terrorista y de sus reivindicaciones. Tres días después del atentado todos conocemos que hay un lugar en el mundo llamado Cabinda y que en él existe un grupo de asesinos capaces de matar por lograr sus objetivos. Algo de eso nos suena en España. El fútbol, por tanto, ha actuado como altavoz involuntario. A partir de ahí, no se les puede dar más cancha a los que toman las armas para matar gente que nada tiene que ver con ellos y lograr, de esta manera sus fines, sean legítimos o no. La Copa de África debe disputarse. Es necesario que se juegue. Irremediablemente, la presente edición ya ha quedado marcada pero hay que jugar, recuperar la normalidad. Lo de Togo es harina de otro costal. A nadie se le puede obligar a jugar al fútbol cuando han muerto tres compañeros y has sido sometido a un tiroteo durante más de veinte minutos. De todos modos, los únicos que realmente han perdido en esta tétrica historia han sido los tres muertos de la delegación togolesa. Para ellos ya no hay vuelta atrás. El resto es anecdótico.

Atlético de Madrid, todo es susceptible de empeorar

Cuando el barco parece haber tocado fondo, los marineros descubren que aún queda abismo donde recalar. Algo parecido le está sucediendo al Atlético de Madrid, que cae y cae y no termina de tocar fondo. La última prueba es la goleada ‘alcorconera’ encajada en el Colombino ante un Recre que malvive en Segunda y plagado de suplentes. El ‘tropiezo’ es más grave porque la Copa es una competición al alcance de los rojiblancos, un espacio para sonreír tras tantas y tantas tragedias en clave deportivas vividas. Quique, el capitán del barco, lo tiene difícil. Su castigo del día siguiente sacando a correr por la nieve a los jugadores es de patio de colegio. En el ‘Marca’ lo vendieron como una ‘emboscada’ del técnico tras las duras palabras del vestuario tras el partido en las que acusaba a los futbolistas de ‘falta de profesionalidad’. El Atleti necesita una cirugía urgente. A Quique no le debe temblar el pulso a la hora de apartar del equipo a los jugadores no comprometidos. Sus palabras indican que hay jugadores que pasan del tema. Que dé nombres y actúe. Para tener futbolistas que no están dispuestos a meter la pierna, lo mejor es tirar de canteranos. Ese debe ser el primer paso. El segundo será unir de nuevo a un vestuario fracturado. El tercero, buscar la paz social desde los despachos llegando a un acuerdo con la afición: unión a cambio de una modificación en el modelo de gestión. La Segunda está repleta de equipos con la misma pinta que el Atleti. El fondo del abismo está aún por llegar. De seguir así tiene nombre y apellidos: SEGUNDA DIVISIÓN.

Guardiola tiene todo el crédito del mundo

Han bastado dos resultados negativos (empate contra el Villarreal y derrota copera ante el Sevilla) para que algunas voces eleven el tono contra Pep Guardiola. Parece como si a Pep le estuvieran esperando con el cuchillo entre los dientes. Guardiola ha firmado el mejor ciclo de la historia del fútbol. Nadie ha ganado seis títulos en un año, con Champions, Liga y Mundial de Clubes incluidos en el lote. El éxito ha sido en buena parte motivado por las decisiones técnicas, gestión del vestuario y forma de entender el fútbol que tiene el entrenador de Sant Pedor. El mister ha hecho muy bien en reivindicar su papel a la hora de tomar decisiones, incluida la de fichar a Chigrinsky y alinearlo cuando estime oportuno. El central ucranio ha costado más de 20 millones de euros, una cifra astronómica que aún no ha justificado pero toda la trayectoria de Guardiola en el banquillo del Barcelona invita a pensar que ha visto en él cosas que el resto de mortales aún no intuimos. El Barcelona es más que posible que este año no gane el Triplete pero es que si lo hace, estaremos ante el mejor club de todos los tiempos. Pep ya lo avisó: todo lo que hagamos este año será peor que lo que hicimos el pasado. Vino a decir. Una muestra más del sentido común del que siempre hace gala. Pep tiene todo el crédito del mundo. Decir lo contrario, es faltar a la coherencia.

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