La no renovación de Guardiola

Pep Guardiola renovó ayer su contrato como entrenador del Barcelona pero lo curioso es que renovó pero no renovó; firmó pero no firmó. Es decir, que dio su palabra, cosa que debe bastar o a mi al menos me bastaría, pero que todo sigue igual que el día anterior, cuando Laporta lanzaba SOS para que el de Sant Pedor renovara y de esa forma apuntarse un tanto. El presidente azulgrana cumplió su objetivo pero lo cierto es que todo sigue igual que en semanas anteriores. Guardiola, con todos los ases de la baraja en la mano, ha hecho lo que ha querido: aplacar los ánimos de los periodistas al tiempo que no ha firmado nada hasta conocer el nombre del sucesor de Laporta. Pep está esperando. Si Laporta pudiera continuar, no tengo duda de que a Guardiola no le haría gracia alguna seguir al frente del banquillo y no sería de extrañar que se tomará un año sabático o que escuchará los cantos de sirena que vienen desde la Premier. Lo mismo sucederá si el que gana las elecciones es un delfín del laportismo. Si el vencedor es Sandro Rosell, Guardiola firmará encantado ese contrato. Si gana un tercero, Pep escuchará lo que tengan que decirle. Lo que es cierto es que Laporta, al menos, se lleva la satisfacción de hacerse la foto con la ‘renovación no renovación’ del mister. Eso, a él, le vale tanto como un título, según sus propias palabras. Es lo que tienen los egos bien cebados.



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