Gorka Iraizoz
Me gusta que Gorka Iraizoz defienda la portería del Athletic Club de Bilbao. Su gran partido ante el Real Madrid, sus paradas a Cristiano, Kaká, Raúl, Benzemá o Xabi Alonso han catapultado al primer plano de la actualidad a un guardameta de grandes cualidades al que vengo siguiendo desde sus tiempos como suplente de Kameni en el Espanyol. Hace dos temporadas, en su primer ejercicio en el Athletic, le entrevisté en Lezama. Era por la tarde, después de comer y Gorka estaba lesionado. El arquero bilbaino hizo algo a lo que no estamos acostumbrados los periodistas que cubrimos el mundo del fútbol: informado por ese gran jefe de prensa que es Jon Larrea de que el fotógrafo, Fernando Villar, y yo veníamos de Madrid, Gorka apretó lo que pudo la comida y, a pesar de estar lesionado, acudió a Lezama, nos esperó en el aparcamiento del club, nos abrió las puertas de la zona de entrenamiento y charló con nosotros un par de horas antes de la hora en la que incialmente habíamos quedado. En aquella entrevista hablamos de la pesada herencia que supone defender la portería del Athletic. Un espacio donde han morado leyendas como Iríbar, ‘el chopo’, Carmelo o Zubizarreta. En San Mamés, los dorsales uno y nueve son sagrados. Gorka defiende el uno vestido de negro, como mandan los cánones. Contestado al principio, poco a poco se ha ganado el respeto de una grada que, desde el sábado pasado, sabe que tiene en Gorka Iraizoz, el portero que tuvo que salir de Lezama para buscarse el pan por equipos de Segunda B, a un digno defensor de la mística que siempre acompaña el puesto de portero de los leones.










