Iker Casillas

Parece evidente que Iker Casillas no pasa por su mejor momento de forma, un bache que se ha traducido en dos goles del Valencia y el ya famoso penalty en Marsella que Lucho González estrelló en el larguero. Un bajón de forma que, en el caso de un portero, resulta más llamativo que en un defensa, un medio o un delantero, cuyos errores quedan diluidos por la responsabilidad compartida. Cuando un portero falla, es gol o medio gol. Los errores son inocultables y cuando ese arquero se llama Iker Casillas, esos errores se multiplican y adquieren dimensión mundial. Que llame la atención que Iker falle es una señal de lo poco acostumbrados que nos tiene a hacerlo.  Tener en un altar a un futbolista suele ser contraproducente. Si Iker no está bien hay que decirlo pero son muchos los que esperan con la guadaña al guardameta de Móstoles. Una espera injusta. Casillas es un grande de la portería, posiblemente el mejor portero del mundo en este momento y aún le faltan años para cumplir los treinta, la edad en la que según los clásicos alcanzan los porteros su madurez. Hay Iker para rato, en el Madrid y en la selección, que este verano le necesita más que nunca para hacer realidad el sueño del Mundial.

PD. Tengamos un debate equilibrado. A principios de octubre, Iker hizo una parada en Sevilla que se calificó como la mejor de todos los tiempos. No puede ser que entonces fuera DIOS y ahora un cantarín de tres al cuarto. Mesura.

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