Puyol ganó el Barcelona-Real Madrid
Ni Lionel Messi, Balón de Oro en ciernes, ni el goleador Zlatan Ibrahimovic, ni esos magos del balón que reconoce Casillas son Xavi e Iniesta, ni siquera la pierna derecha del gran Víctor Valdés, el gran clásico, el Barcelona-Real Madrid de los últimos años lo ganó un hombre que parece abocado a una cuesta abajo inminente, un futbolista al que Guardiola parecía ir arrinconando poco a poco y que anoche se convirtió, desde la trinchera, en el mejor jugador del mejor partido que podía verse en el mundo un domingo de noviembre. Su nombre: Puyol. El central del Barcelona hizo un partido memorable. Salvó al menos tres goles en cruces prodigiosos, balones que rebañó a ras de césped en el último segundo, cuando Marcelo, Higuaín o Cristiano se aprestaban a rematar en uno contra uno letal. Las acciones de Puyol retratan a un futbolista superlativo, que domina las suertes del juego, que está concentrado al ciento por ciento, que conoce su oficio y que reivindica la brega, la lucha, el saber estar y la seguridad por encima del oropel y el brillo de los seis posibles balones de oro que había sobre el terreno de juego. Puyol, al que el Barca ha puesto este año un tanto en entredicho por razones de edad, debió salir ayer a hombros del Nou Camp aunque supongo que las portadas y los elogios irán a parar a Ibrahimovic o a Messi. Como siempre.










