Sevilla, un auténtico equipazo

Estos días se ha hablado mucho sobre el partido que hizo el Real Madrid en el Sánchez Pizjuan pero, al menos en Madrid, se ha hablado muy poco del auténtico partidazo que firmaron los hombres de Manolo Jiménez. El Sevilla, para mi, presentó su candidatura al título con todos los honores. Hacía tiempo que no veía jugar a un equipo con el orden, la calidad y la agresividad con la que afrontaron el duelo los sevillanos. El plantillón que tiene el Sevilla no es fruto de la casualidad. Es una obra de ingeniería que lleva muchos años gestándose en el despacho de Monchi y su equpo de colaboradores. Hoy por hoy, tiene dos buenos jugadores por puesto y un núcleo duro de futbolistas de grandísima calidad. Ese eje lo forman los tres primeros delanteros (Kanouté, Luis Fabiano y Negredo); los extremos (Perotti, Navas y Capel); los medios centros (Zokora y Renato); el portero (Palop) y los centrales (Squilachi, Escudé y Dragutinovic). Mucho material de calidad y buenos jugadores de reemplazo como Romaric, Fernando Navarro, Konko, Sergio Sánchez, Adriano...un grupo de futbolistas que se ha hecho un nombre defendiendo los colores del Sevilla y que, encima, juegan sin la presión con la que afrontan todos los partidos el Barcelona y el Real Madrid, obligados casi por contrato a mantener la jerarquía. Además, el Sevilla sabe a qué juega, mantiene una línea parecida desde hace varias temporadas y tiene claro que su fuerza está en la sobriedad defensiva, el compromiso, el fútbol por las alas y la imponente presencia de sus delanteros. Además, este año, han mejorado en el juego parado, faceta que les puede dar muchos puntos en partidos atrancados. En resumen, mucho Sevilla.

Raúl es el problema del Real Madrid

Sé de sobra que al publicar este post se me van a echar encima una caterva de raulistas, a algunos de los cuales les conozco personalmente, pero no tengo más remedio que insistir en lo que  creo firmemente que es el problema de este Real Madrid y el de las últimas temporadas. Para mi, el asunto tiene nombre y apellidos: Raúl González Blanco. El siete mete goles y lucha, faltaría más siendo un futbolista del Real Madrid y cobrando más de 1.000 millones de las antiguas pesetas, pero su aportación futbolística a la dinámica general del equipo es nula. Es más, perjudica. Raúl rinde más en el Bernabéu, donde el Madrid acosa en más ocasiones el área contraria y eso le permite vivir en espacios reducidos (dejemos de lado sus carreras para salvar balones que se van fuera de banda y que encantan al aficionado medido del Madrid). A Raúl se le reconoce espíritu y ‘madridismo’ pero sus piernas no van a la velocidad de movimiento que van sus compañeros. Raúl ralentiza el juego del Madrid, lo convierte en previsible y, lo que es peor, fuera de casa, donde al área contraria no se llega en oleadas sino en cuentagotas, apenas participa. Eso futbolísticamente hablando porque el problema es que Raúl es intocable. Antes de Pellegrini, jugaba siempre y ahora, con el chileno, rota pero para dar sensación de que la rotación es global y no va contra el temido ’siete’, rotan todos y eso implica que Kaká rota, que Cristiano rota, que Benzemá rota y que Higuaín rota más que nadie y eso sin contar que otros como Negredo rotan pero por otros equipos.  Pellegrini debe tomar el toro por los cuernos y afrontar el gran problema que todos los últimos entrenadores del Madrid han tenido. Raúl debe pasar a un segundo plano por ley de vida y ese paso atrás debe darlo en solitario, sin camuflarse en rotaciones colectivas. Raúl aún es útil pero desde un rol secundario. Lo demás es forofismo, ser del RAUL MADRID y no del REAL MADRID.

Los agujeros negros del Real Madrid

Al lujoso y galáctico Real Madrid de Florentino Pérez se le ven algunos costurones. Vías de agua que, de momento, son sólo eso, pequeñas fisuras que Manuel Pellegrini está en disposición de taponar pero que, de no hacerlo, pueden terminar conduciendo al gran trasanlántico blanco a naufragar de forma estrepitosa. Sevilla, el primer test de gran nivel de la presente temporada, dejó una buena noticia para los blancos pero también sembró un puñado de dudas. La buena nueva es que el equipo está implicado a tope, jugó con la intensidad que requería un partido grande y no cayó en la habitual dejación de funciones que atosigaba al Madrid en momentos puntuales durante los últimos ejercicios. Eso le permitió llegar hasta la última jugada del duelo con opciones de sacar algo positivo en casa de un Sevilla que este año tiene más que buena pinta. Sin embargo, las noticias malas se acumularon. La peor de todas fue la banda izquierda que supuestamente defiende Marcelo, un auténtico agujero en la zaga madridista. A Marcelo,  Navas le sacó los colores de forma impropia. Lo peor es que Pellegrini no vio o no quiso ver lo que todos los aficionados al fútbol contemplaban. No puso remedio a la sangría y al Madrid se le fue el partido por esa banda izquierda en la que Marcelo debió dejar más que asustados por el escaso nivel demostrado a propios y extraños. Que a un lateral del Madrid le pasen los rivales como obuses es para hacérselo mirar. Otro de los ‘agujeros negros’ detectados en el Pizjuan fue Benzema. El francés estuvo desconectado todo el partido, como apático. El galo tiene que demostrar mucho más de lo que ha enseñado hasta ahora. Pellegrini haría bien en fomentar la competencia entre Benzemá e Higuaín. Tampoco hay buenas noticias en torno a Raúl, lento y lejos de la velocidad de crucero que debe ser el fútbol blanco y, por supuesto, la ausencia de Cristiano provocó un menor caudal ofensivo. Pellegrini, por tanto, tiene trabajo por delante. Ajustar la defensa, blindar la banda izquierda y encontrar opciones ofensivas a Cristiano son sus deberes a corto plazo. Por cierto, gran partido de Diarrá, que reaparecía después de casi un año en el dique seco.

La soledad de Diego Forlán, Bota de Oro

Diego Forlán recibió ayer en el madrileño Hotel Intercontinental, en un entrañable acto organizado por la revista Don Balón, la Bota de Oro que le acredita como el mejor goleador de Europa la temporada pasada, donde marcó 32 goles que sirvieron para llevar al Atlético de Madrid hasta la Champions LeagueForlán recibió su segunda Bota de Oro, la primera la ganó goleando por el Villarreal, arropado por su familia, jugadores de las categorías inferiores y, que yo pudiera ver, Lázaro Albarracín, Garcia Pitarch y Amorrortu. Nadie más. Ni Abel Resino ni ninguno de sus compañeros del primer equipo. Una ausencia clamorosa que llamó la atención. Josep Prats, director de Don Balón, recalcó en el acto que Forlán ganó la Bota “con la ayuda de sus compañeros” y el uruguayo también reconoció la contribución de todo el plantel en su premio particular. Pero allí no estaba ni su entrenador ni su socio en el ataque, el Kun, ni siquiera el capitán del equipo, Antonio López, para arropar al pichichi y recoger los agradecimientos colectivos. Seguramente, la plantilla del Atlético pensaría que,tras la derrota en Oporto, y la crisis que vive el equipo, su presencia restaría protagonismo a Forlán. Seguramente pensarían eso pero, en mi opinión, hay cosas más importantes y una de ellas era el acompañar a su compañero, el mismo que tantos partidos les hace ganar, en un momento tan especial para él.

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