La vergüenza de Alcorcón
Tengo 37 años y nunca vi nada igual. El Real Madrid avergonzó a sus millones de seguidores, a sus casi 100.000 socios, en una noche infausta y en la que no caben calificativos. El Alcorcón, un equipo de Segunda B que se ha pasado la mayor parte de su historia entre Tercera División y la Preferente madrileña jugando contra equipos como el Piqueñas, el Campamento, el CD Aluche o el Puerta Bonita cuando los del barrio de Oporto estaban en horas bajas, le metió cuatro como pudo haberle metido seis o siete. Los que hubiera querido. Algo parecido a si Benín decide invadir Estados Unidos y, encima conquista la Casa Blanca en 24 horas y sin bajas. Yo he jugado contra el Alcorcón cuando el Municipal de Santo Domingo era un campo de tierra. Ese mismo estadio en el que ayer, hierba mediante, el Real Madrid fue barrido por un grupo de chavales, de currantes con vocación de futbolistas.
Pellegrini y Valdano hablan de vergüenza y piden disculpas con la cara descompuesta. No es para menos pero no es suficiente. Hoy Alcorcón, Aluche, la zona sur, Madrid, España, Europa y el mundo entero se ríen del Real Madrid. Es posible que el Real Madrid remonte en el Bernabéu. Tiene capacidad para ello pero lo vivido anoche no es un accidene. Una bicicleta no puede matar a un elefante. Es el síntoma de una enfermedad de consecuencias gravísimas y que atenaza al Madrid desde que conquistara la Copa de Europa de Glasgow. La Galaxia no sienta bien en La Castellana. El problema del Madrid va mucho más allá de Pellegrini, superado por la magnitud de los acontecimientos. Es un problema de pérdida de valores, de futbolistas que se creen dioses, de héroes de barro incapaces de reconocerse portando una camiseta que guarda las esencias de nueve copas de Europa y toda una historia de casta y orgullo detrás.
Estos jugadores, los de ayer en Alcorcón, pero también los del año pasado en Irún y los que son incapaces de ganar una eliminatoria de Champions o de Copa desde hace cinco años son indignos de portar un escudo que les viene muy muy grande. Todos ellos han crecido bajo la cultura de la publicidad, del valor mediático, del oro y el oropel. Miran con indiferencia de ricos el último modelo de coche de lujo que les regalan e ignoran que su caché y su honor se labra en campos y noches como la de ayer. Despreciar al Alcorcón es despreciar a los miles de hinchas que viven la vida como la viven los jugadores del Miunicipal de Santo Domingo. Despreciarlo y que te humillen es, encima, reirte de ellos. Pellegrini y Valdano piden disculpas. Los jugadores deberían hacerlo también hoy y si les queda algo de vergüenza, asistir a unas charlas de ‘reconducción’ para que les enseñen que jugar en el Real Madrid significa mucho más que ponerse una camiseta blanca.
PD. En estos cinco años de caida libre del Real Madrid (las dos ligas tuvieron sabor amargo), han pasado por el club varios presidentes, varios entrenadores, varios directores deportivos y una legión de jugadores. Sólo permanecen en este tiempo Iker Casillas, Guti y Raúl.
Guti no es protagonista y no creo que Casillas incida en el mal juego colectivo. Mi pregunta es ¿y si el Madrid prueba a jugar sin el siete?
Sólo por probar…











