Guardiola, el triunfo del sentido común
Todo lo que dice Pep Guardiola en sus comparecencias públicas me parece cargado de sentido y normalmente acertado. Tengo la sensación de que al entrenador del Barcelona, los árboles no le ocultan el bosque, como a tantos y tantos otros y que en su día a día suele aplicar algo tan poco común como es el sentido común. Mesurado en el hablar y siempre respetuoso, suele poner el acento en la palabra y el momento adecuado. Desde que desembarcó en el banquillo del Nou Camp ha ido desgranando una filosofía de entender el fútbol y la vida que conecta con la grada, la masa social culé al tiempo que no le granjea antipatías entre las hinchadas rivales, que ven en él un tipo corriente que quiere lo mejor para su equipo y expresa lo que piensa con tranquilidad y mesura. Guardiola se ha visto obligado a mojarse en numerosas ocasiones pero siempre ha salido con bien de los cruces de caminos. El año pasado, cuando visitó al Madrid en la previa del histórico 2-6 no tiró en ningún momento de victimismo sino de equipo campeón que debe ganar en estadios como el Bernabéu, en el cuerpo a cuerpo con un rival directo. Cuando tuvo que hablar de la marcha de Eto´o, no puso disculpas, habló de ‘feeling’ personal y de asunción de responsabilidades propias. Con el fichaje de Chigrinsky lo calificó de ‘apuesta personal’; con el tema de las comparaciones con el año pasado no dijo más que lo que todo el mundo piensa, “que se perderán todas las comparaciones” o, por ejemplo, tras ganar 5-2 al Atlético no cayó en el triunfalismo y puso en el acento en “la traición al estilo de toque y control del Barcelona”. Guardiola aprieta a los suyos desde un discurso coherente y claro, no elude la responsabilidad y no se esconde. Ahí está una de las claves de este gran Barcelona.










