Valencia, 13 Rué del Percebe
El Valencia se parece cada vez más a 13 rué del Percebe, el TBO de Ibáñez en el que en un bloque de pisos conviven tenderos tramposos, estraperlistas, muertos de hambre, veterinarios manazas y demás fauna de mal vivir y poco critiero, más o menos igual que en el Valencia de un tiempo a esta parte. Desde que Soler se hizo cargo del equipo, el club es una auténtica casa de locos, condenada al desastre y la ruina más absoluta. La conversión en sociedades anónimas tenía su lado negativo y, para desgracia ché, se ha manifestado en toda su magnitud en un club en el que lo único limpio y sin más intereses que el escudo es la afición. En Valencia ha habido cuatro presidentes en poco más de un año, varios directores deportivos, un grupo de futbolistas que no ve el momento de abandonar la entidad, un capitán que se sienta en un juzgado con el presidente del club, un estadio a medio construir, una plantilla que no cobra y la sensación de que el que está en el club en las más altas esferas está para llevárselo crudo. Un desaguisado que no terminará en tragedia por la sencilla razón de que el fútbol es patrimonio nacional y las insituciones no permitirán el colapso de una entidad que lo bordea peligrosamente en los últimos tiempos. El Valencia es un auténtico desastre y eso lo está pagando su afición, que no se merece unos dirigentes del calibre de los actuales.










