Agente de futbolista, el chollo del siglo
Cuando sea mayor quiero ser representante de futbolista. Lo tengo decidido. Ser agente es un auténtico chollo y, salvo honrosas excepciones, se necesita poco más que don de gentes y buenos contactos, algo, lo admito, que no es tan fácil de conseguir en un mundo tan mercantilizado como es el del fútbol. Por regla general, un agente se lleva el 10% del traspaso de un jugador. De ahí el impresionante movimiento que se desata en cuanto se abre el mercado y lo poco que duran los futbolistas en un club. Si la mercancía no se mueve, apenas hay beneficio por lo que el negocio está en que fulanito tal juegue este año en el Osasuna, el que viene en el Deportivo y al siguiente en el Valencia. O, si lo prefieren, que Ronaldinho juegue un par de años en el Barcelona y después fuerce la máquina para salir con rumbo a Milán, por poner un ejemplo. Al agente le interesa mover al jugador y potenciar la marca. Más modernos que hace un par de décadas, el negocio no está ahora sólo en el traspaso sino en convertir al futbolista en marcas que venden de todo, desde botas de fútbol, a trajes, viajes o colonias. El agente negocia esos contratos y se lleva su 10% correspondiente. Como de mayor quiero ser agente, voy a empezar apuntándome al curso de Agentes FIFA que se imparte en la Federación; después empezaré a ir a ver partidos de fútbol base para captar chavales con ocho o nueve años; a continuación cogeré algún jugador de Segunda B o Tercera sin representante para ver si suena la flauta y ya me llevaré el 10% de su sueldo para ir tirando, y después, en unos años comenzaré a mover la mercancía. Si tengo algo de fortuna, para el 2015 estaré forrado o semiforrado y dejaré de ser un asalariado con diez horas de curro. Eso sí, me tendré que comprar un traje bueno y una sonrisa profiden, algo que no me sale tan fácil.










