El calendario está meridianamente claro: el jueves, Florentino Pérez anunciara que es candidato a la presidencia del Real Madrid; el día 25 dará una rueda de prensa en la que hará público su plan de fichajes y su proyecto deportivo y, casi con seguridad, y ante la ausencia de candidatos que le hagan sombra, el 1 de junio será proclamado presidente del Real Madrid, sin necesidad de que los socios de la Casa Blanca acudan a votar el 14 de junio. Con el programa claro, Florentino comenzará su segunda era al frente del Real Madrid, un segundo florentinato en el que el inventor del galactismo tendrá que comenzar explicando las causas de su espantada hace tres años y la idea que tiene de cómo será el Madrid a corto plazo. A Florentino ya no le vale con resucitar el proyecto de ‘Zidanes y Pavones’. El paso del tiempo ha demostrado que no fue el camino correcto. Florentino, hombre hábil y con gran experiencia en el mundo de los negocios, seguro que ha tomado buena nota de los errores que causaron su defenestración en el pasado. El Madrid, por mucho que duela a los madridistas, debe mirarse en el espejo del Barcelona y apostar por un proyecto a largo plazo y basado en hombres de la casa, españolazido y con un plan de juego claro y que valga para marcar una época. El camino será largo y Florentino deberá hacer un esfuerzo de comunicación, de contar qué es lo que quiere y cómo lo quiere a la siempre exigente masa social madridista. Todo ello, por supuesto, aderezado con algún gran fichaje. Ese deberá ser el camino, la idea-fuerza del nuevo Madrid: cantera, españoles, cracks extranjeros, rigor, capacidad de lucha y un sistema y filosofía de juego claro y perfectamente identificable por todos. Si Florentino lo consigue, pasará a la historia del club, sino, recurriremos a los gitanos y su dicho de “segundas partes nunca fueron buenas”.
El Athletic ya está en Valencia preparando el que es el partido más importante de sus últimos 25 años, la final de Copa del Rey ante el Barcelona. Pocas veces en la historia reciente del fútbol español un equipo acude a la cita con un apoyo tan masivo y unánime como el de los rojiblancos. La expedición del Athletic cogió ayer el avión para su cita con la historia en olor de multitudes, aclamado por una afición ansiosa de recuperar su glorioso pasado. La responsabilidad para los jugadores es enorme. 20.000 leones jalearon en las gradas de San Mamés el entrenamiento de los suyos. ¡20.000! ni más ni menos. Después, romería rojiblanca hasta el aeropuerto; pasión en la despedida, clamor a la llegada a Valencia, manifestación a la entrada del hotel…pasión en estado puro…y presión para unos jugadores que ya saben que el partido del próximo miércoles es mucho más que un partido: es una cuestión de estado. Juega el Athletic, juega Vizcaya y juegan miles de leones. Mucha presión y mucha responsabilidad pero no veo mejor motivación para afrontar el partido de toda una vida.

Ante el éxtasis que vive el barcelonismo, en la acera de enfrente sólo queda planificar la temporada que viene; cerrar la lista de bajas y preparar los fichajes de la temporada que se avecina. En dos palabras: despertar ilusión. Hoy el diario Marca publica una encuesta con la lista de bajas y los jugadores que deberían permanecer en el club. El debate está tan en la calle que el otro día, un socio muy conocido entre la afición madridista me hizo llegar una lista escrita con las bajas que debería dar el Real Madrid. Una lista garabateada sobre el mantel de un restaurante. Curiosamente, casi coincide punto por punto con la ‘lista negra’ publicada por el diario Marca. Tanto la lista del mantel como la del periódico, contiene once nombres y prácticamente son iguales. Cuando un medio de comunicación de masas coincide en sus planteamiento con una lista elaborada en una comida por un grupo de socios o aficionados llanos es que la cosa está muy clara. El madridismo quiere una renovación absoluta. Sin más. Y los nombres que deben salir están meridianamente claros. Sólo hace falta que el nuevo presidente blanco tome decisiones. No debe ser tan difícil cuando hay consenso. La lista de bajas de Marca sería la siguiente:
-Dudeck, Drenthe, Van der Vaart, Diarra, Michel Salgado, Javi García,Guti, Henize, Cannavaro, Saviola y Faubert
La lista escrita en el mantel del bar es: Dudeck, Drenthe, Van der Vaart, Diarra, Michel Salgado, Henize, Cannavaro, Saviola, Torres, Metzelder y Van Nistelrroy. No aparece Faubert, supongo que se les olvidó incluirle.
Vaya por delante que no comparto la teoría que muchos de mis compañeros periodistas (encabezados por Carlos Martínez, comentarista de Canal Plus) están empeñados en instaurar: el Barca se merece ganar todo porque sí, por el extraordinario juego que ha desplegado durante toda la temporada. Es cierto. No hay equipo en el mundo que haya jugado mejor que el Barca este año pero eso no justifica el menosprecio que se ha hecho al Chelsea desde la mayoría de púlpitos mediáticos. El Chelsea fue mejor ayer. Mucho mejor y, encima, fue ostensiblemente perjudicado por el árbitro. El penalty de Piqué es de libro y la falta de Alves, si la pita, es dentro del área. Además, los blues pudieron sentenciar con Drogba, con Terry, con Anelka y jugaron al fútbol de manera muy diferente al Barca pero eso también es fútbol. Mordieron y mordieron, presionaron y llevaron al extremo su plan. El Barca tiró un tiro a puerta, el gol de Iniesta. Y eso les valió. Calificar su posible eliminación de atentado al fútbol me parece, cuando menos, una falta de respeto a un equipo inglés que ayer peleó y jugó con sus armas, tan válidas como las azulgranas.
Al Arsenal le falta a un hervor, un giro de tuerca, un paso que no termina de dar. Wenger, obediente y hombre de club, se empeña en construir un equipo a largo plazo mientras hace las veces de contable ‘gunner’ y forma futbolistas con la intención de venderlos y de esta forma pagar la factura del Emirate Stadium. Nada de objetar a un técnico que trabaja de esa forma y es capaz de meter a un equipo casi de juveniles en las semifinales de la Champions pero lo cierto es que este atractivo y sugerente Arsenal promete y promete y no cuaja por más que se lo prop0nga. La pregunta es ¿hasta cuando? El Arsenal es un grande de Inglaterra y su trayectoria en Europa en los últimos años le obliga a comenzar a sumar títulos. Supongo que el plan de Wenger y los gestores londinenses es cuadrar cuentas, mantener hasta entonces un nivel competitivo medio-alto y, una vez que la economía esté saneada, afrontar retos mayores. El lugar, no debe ser otro, que el trono que ahora ocupa el Manchester United. Los cañones que tanto rugieron en el antiguo Highbury, deben disparar de nuevo.
Ayer se cumplieron sesenta años de la tragedia de Superga, el accidente aéreo que acabó con el ‘Gran’ Torino, el mejor equipo del mundo en aquel momento y el club que nutría casi al ciento por ciento a la selección azurra. A mi, que me gusta la leyenda y la considero fundamental en el mundo del fútbol, me llama la atención la historia de aquel Torino que pudo cambiar el fútbol tal como lo conocemos hoy. Siempre me han llamado la atención la historia de los perdedores. Equipos como el ‘Toro’, extinguido en su mejor momento, la Hungría de los ‘magiares mágicos’, el Brasil del 82; el Manchester United que perdió la vida en Munich…historias singulares que engrandecen al fútbol y trascienden el juego para formar parte del imaginario colectivo. Entre todas ellas, la historia del Torino es, sencillamente, espectacular. De no haber mediado aquella tragedia, posiblemente todo hubiera sido diferente. La Juventus sería un equipo menor, el Real Madrid no tendría tantas Copas de Europa, la jerarquía futbolística sería distinta, el Toro sería una institución más que laureada y, posiblemente, Italia tendría más Copas del Mundo que Brasil. Incluso el catenaccio no sería el catenaccio ni el Calcio el Calcio. Aún así, de aquella tragedia que acabó con la vida de mitos como Mazzola o Bacigalupo me quedo con el espectacular movimiento de solidaridad que recorrió Europa e Italia; con la alineación de juveniles por parte de todos los equipos en las últimas jornadas del campeonato para jugar en las mismas condiciones que el Toro; con el entierro multudinario y con el respeto que, sesenta años después, el mundo del fútbol sigue profesando a un club y a unos jugadores que hicieron historia. El ‘Toro’ murió en Superga pero su espíritu sigue vivo tantos años después y eso, al menos, es tan importante como todos los ’scudettos’ ganados por la Juventus o el Milan o las Copas de Europa que adornan las vitrinas del Real Madrid.
Por el Santiago Bernabéu pasó un ciclón llamado FC Barcelona. Un ciclón de juego y estilo futbolístico que hace muchos años no se veía sobre un terreno de juego. El 2-6 azulgrana es inapelable, se queda incluso corto, hace historia y certifica quién es el mejor equipo no sólo de España sino del mundo hoy por hoy. El Barca de Pep dio una lección de fútbol moderno, asociativo, de toque, ambicioso y de fidelidad a un estilo que Guardiola sabe mejor qué nadie encarnar. Pocas veces se ha visto una máquina tan perfecta en un estadio. El Barca no sólo finiquitó la Liga de la mejor manera posible y en la casa de su enemigo más encarnizado sino que sentó cátedra, abrió la puerta de la hemeroteca y mostró el camino a futuros entrenadores de cómo se debe jugar al fútbol: sin complejos, con fidelidad a un ideario y siempre mirando la porteria del rival. En dos palabras: hizo escuela. Su victoria tiene más enjundía aún porque el Real Madrid, su víctima, nunca bajó los brazos. Convirtió la segunda vuelta del campeonato en una cuestión de honor, en una lucha sin cuartel en busca de un ideal. Los blancos han puesto en esta liga todo lo que tenían, que no era otra cosa que fe y poco más y se encontraron, en el duelo decisivo, en el cara a cara, con un waterloo que escocerá durante décadas. El Barca, muy grandes como colectivo y sensacional en individualidades como las de Piquè, Xavi, Iniesta, Messi y Henry, lo tiene todo para abrir un ciclo que pueda marcar una época memorable. Más allá del resultado final de la temporada, con triplete o sin triplete, con doblete o sin doblete o con Copa de Europa o sin Copa de Europa, lo visto el sábado por la noche en el Santiago Bernabéu es para no olvidar y para que todos los buenos aficionados al fútbol lo recuerden de por vida porque no fue otra cosa que la forma a la que se debe jugar a este deporte.