Raúl González Blanco
Como supongo que una legión de ‘raulistas’ se me tirara a la yugular en cuanto lean este post, vaya por delante que no tengo nada contra Raúl González Blanco, al que considero un digno portador del legendario siete, el número más sagrado en el Real Madrid y que antes que él vistieron mitos como Amancio, Juanito o Butragueño. Raúl firmó un partido memorable el domingo en el Pizjuan. Lo hizo, además, en un momento de máximo riesgo para su equipo. Sus tres goles sirvieron para que el madridismo crea de una vez por todas que ganar estar liga es posible, a pesar de ese gran Barcelona que comanda Guardiola y al que nada se le puede reprochar. Raúl lleva 18 goles y apareció en Nervión para aupar al Madrid. Bien. Justo lo que debe y debía hacer. Es el capitán y un veterano consagrado. Hacer lo que hizo es lo que se espera de un futbolista con esa doble condición. Dicho esto, me mantengo en mi opinión de que Raúl debe ir dejando paso a las nuevas generaciones, algo que ahora mismo es imposible porque la perseverancia del siete ha impedido la renovación en la delantera del Madrid durante los últimos años y eso, pese a quien pese, es un muy flaco favor al club del que defiende la camiseta. Raúl está en forma en este final de temporada y está tirando del carro pero nadie puede olvidar que hubo otros muchos momentos en los que Raúl no estuvo ni se le esperaba y que jugó por una especie de decreto inexplicable. Pesara a quien pesara, Raúl jugaba. El Madrid le debe mucho a Raúl pero Raúl se lo debe todo al Madrid. Que nadie olvide que el Madrid es el REAL MADRID no el RAUL MADRID y eso implica un mensaje de fondo: Raúl debe ser imprescindible cuando las condiciones del juego lo permitan. El decreto y el dedazo forman parte del pasado. Dicho esto, Raúl jugará el sábado ante el Barcelona y esta vez, estoy seguro, que se lo merece.










