La culpa en el Atlético no era de Aguirre
Han pasado varias semanas desde la cantada defenestración de Javier Aguirre como entrenador del Atlético de Madrid y transcurrido este tiempo, lo que parece claro es que el mexicano no era el culpable, o por lo menos, no era el único culpable. Al técnico azteca se le exigieron unos resultados que cumplió escrupulosamente: clasificó al equipo para Europa en un primer momento y después lo metió en la Champions League, donde ha firmado una temporada más que aceptable. El objetivo para este año era repetir en Champions, y el Atlético estaba ahí, al borde. El problema en el Calderón viene de lejos. Cierto es que se está construyendo una plantilla paso a paso y que se trabaja por mantener una cierta base pero no es menos cierto que el equipo tiene graves carencias y que la dirección deportiva ha dejado escapar algunas opciones muy interesantes como las de Riquelme y Deco para reforzar el equipo en el punto donde más flojea: la construcción en el centro del campo. García Pitchar ha fallado en ese punto (Banega, Cleber Santana, Costinha…) y eso ha dejado desabastecido a Agüero y Forlán, las mejores armas colchoneras. Tampoco ha funcionado bien la estrategia deportiva en casos como los de Maniche y desde la directiva no se gestionó correctamente la marcha de Torres, un símbolo, a Anfield Road. A todo eso, se le suma la fractura social que vive el club y el muy mal llevado tema de la venta del Vicente Calderón, una herida que tardará en cicatrizar en la familia rojiblanca. Todo ello unido a la década ominiosa que vivió el Atlético por culpa del descenso y la mala gestión de los Gil provoca que el club, otrora tercero más grande de España, viva una situación que se resume en una vieja frase castellana: quiero y no puedo.










