Real Madrid, como jugar tan mal y ganar casi siempre

El Real Madrid es portador de un gran secreto: posee la fórmula mágica. Jugar tan mal como juega y sumar 43 de 45 puntos, una marca formidable que le permite estar, de forma milagrosa, aún en la pelea por el título con el mejor Barcelona que vieron los tiempos. El asunto es que el Madrid juega de pena. Da grima verlo pero está en la pelea, con un tesón y una constancia encomiables. Los blancos persiguen al Barca con la tenacidad de los sabuesos y eso, por el momento, parece valer. Al Madrid le basta con la pegada de sus puntas y la fé en Iker Casillas. Entre medias, nada de nada, si acaso la fiabilidad de Pepe, que ha enganchado su mejor racha de partidos desde que viste de blanco. Lo demás, es mercancia de ‘todo a cien’. Los problemas del equipo empiezan con los saques rápidos, en largo y bombeados a tierra de nadie de Casillas. Alguien debería decir al gran portero que se frene y mire. Que saque con la mano y que obligue al equipo a masticar las jugadas desde su propia área. Pero claro, ¿quién puede hacer eso? Heinze trata al balón como si de un balón se tratara. Ramos se aturulla y Cannavaro se esconde para no ser él quien lo saque. Queda Pepe pero eso sería jugar por el centro. Justo lo que no ponen los manuales. Lass roba pero juega solo en corto. Sneijder anda perdido y Gago se atropella. Robben vive en su mundo, Huntelaar sólo quiere el balón para rematarlo y Raúl e Higuaín están para otras cosas. Tampoco puede atacar por las bandas y hay pocos futbolistas con capacidad de dar un pase al pie a 40 metros. Además, no hay futbolistas con desborde excepto Robben e Higuaín y nadie es capaz de hacer un cambio de ritmo si no contamos con Ramos. El resultado es un equipo plomizo, indigesto, sin capacidad de sorpresa ni fuelle. Pero gana. Y gana casi siempre. ¿Por qué? No tengo otra explicación que no sea la de porque es el Real Madrid.

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