Iker Casillas, la cena en el gallego de Móstoles

Ayer estuve cenando en uno de mis restaurantes favoritos, el ‘gallego de Móstoles’, uno de los templos de la gastronomía recia y de barrio. Solemos ir allí una vez al mes y, la verdad, nunca sales decepcionado. Ya sabeis: pulpo, calamares, oreja a la plancha….y buen ribeiro. Iker Casillas, que es de Móstoles, estaba ayer cenando allí con sus amigos de toda la vida, como uno más. Faltan tan sólo cuatro días para el gran derbi y Casillas estaba con total tranquilidad, con sus amigos, cenando en un restaurante de barrio unas raciones de pulpo, orejas y calamares. En lo único que se diferenciaba del resto de comensales es que él se bebía los ‘nesteas’ de dos en dos y los demás apostábamos por el ribeiro o el botellín de mahou. Si la tranquilidad de Iker es sinónimo del estado de ánimo del Real Madrid, mucho me temo que el Barcelona lo tendrá crudo el sábado. A Casillas, seguro, no le temblará el pulso.

Raúl González Blanco

Como supongo que una legión de ‘raulistas’ se me tirara a la yugular en cuanto lean este post, vaya por delante que no tengo nada contra Raúl González Blanco, al que considero un digno portador del legendario siete, el número más sagrado en el Real Madrid y que antes que él vistieron mitos como Amancio, Juanito o Butragueño. Raúl firmó un partido memorable el domingo en el Pizjuan. Lo hizo, además, en un momento de máximo riesgo para su equipo. Sus tres goles sirvieron para que el madridismo crea de una vez por todas que ganar estar liga es posible, a pesar de ese gran Barcelona que comanda Guardiola y al que nada se le puede reprochar. Raúl lleva 18 goles y apareció en Nervión para aupar al Madrid. Bien. Justo lo que debe y debía hacer. Es el capitán y un veterano consagrado. Hacer lo que hizo es lo que se espera de un futbolista con esa doble condición. Dicho esto, me mantengo en mi opinión de que Raúl debe ir dejando paso a las nuevas generaciones, algo que ahora mismo es imposible porque la perseverancia del siete ha impedido la renovación en la delantera del Madrid durante los últimos años y eso, pese a quien pese, es un muy flaco favor al club del que defiende la camiseta. Raúl está en forma en este final de temporada y está tirando del carro pero nadie puede olvidar que hubo otros muchos momentos en los que Raúl no estuvo ni se le esperaba y que  jugó por una especie de decreto inexplicable. Pesara a quien pesara, Raúl jugaba. El Madrid le debe mucho a Raúl pero Raúl se lo debe todo al Madrid. Que nadie olvide que el Madrid es el REAL MADRID no el RAUL MADRID y eso implica un mensaje de fondo: Raúl debe ser imprescindible cuando las condiciones del juego lo permitan. El decreto y el dedazo forman parte del pasado. Dicho esto, Raúl jugará el sábado ante el Barcelona y esta vez, estoy seguro, que se lo merece.

La afición del atleti…¿la mejor de España?

Desde hace años, se viene difundiendo la supuesta verdad de que la afición del Atlético de Madrid es la mejor de España. Un axioma que, de tanto repetirlo, se ha convertido en dogma. En mi opinión, nada más alejado de la realidad. La afición del atleti se empeña en desmentirlo. El espectáculo que dieron el pasado domingo en el partido ante el Sporting no es el primero de esa índole que protagonizan. Los hinchas colchoneros insultaron y vilipendiaron a sus jugadores; no llenaron el estadio y se rieron de algunos futbolistas que, como Pernía, visten la elástica rojiblanca con mayor o menor acierto pero con honradez. La supuesta gran afición del Atlético no va al Calderón cuando hay partido de Copa ante rival menor; no llena el estadio domingo tras domingo y, por si fuera poco, mantiene un comportamiento no ya de apoyo sino de hostilidad con su equipo. Hace años, con el descenso consumado, ‘apedrearon’ a base de huevos a algunos de sus jugadores, este domingo no llegaron a tanto pero desertaron de las gradas, insultaron y faltaron al respeto a su gente. Justo lo que se supone no debe hacer la mejor afición de España. Yo desde luego, no creo que lo sean.

PD. MAÑANA HABLARÉ DE RAÚL

El Real Madrid desata el síndrome azulgrana

La victoria del Real Madrid en el Sánchez Pizjúan tiene un doble efecto: aprieta la liga a falta de cinco jornadas por el final con un Real Madrid-Barcelona dentro de siete días que se antoja absolutamente decisivo y desata el síndrome azulgrana en Barcelona. El Real Madrid está a cuatro puntos. Ha reducido ocho desde que llegó Juande al banquillo y está dispuesto a jugarse el todo por el todo la semana que viene en un clásico del fútbol español teóricamente desigual ante la pujanza del juego del Barcelona y las bajas del Madrid (Robben, Pepe, Van Nistelrooy, Diarrá, Sneijder, De la Red). El Madrid sólo cuenta con su gen, con su competitividad a prueba de bombas, con la moral que sólo dar venir desde atrás, con la lengua fuera, siendo peor, mucho peor que su rival y, sin embargo, tenerlo ahí, a un tiro de piedra. El gol de Henry el sábado por la noche que sirvió para empatar el tremendo partido de Mestalla puede, sin embargo, dar la liga al Barca. Vale su peso en oro pero el fùtbol es un estado de ánimo y el clásico del próximo sábado es una auténtica final. Si la gana el Madrid, me temo que al Barcelona se le escapara la liga, de forma increible y posiblemente injusta pero, claro, el fútbol no es siempre explicable.

Valencia-Barca y Sevilla-Madrid, clave de la Liga

Esta jornada se decide la Liga. Lo tengo clarísimo. Barcelona y Real Madrid, separados por seis puntos de ventaja, visitan los campos del Valencia y Sevilla, dos equipos que se juegan el ser o no ser para estar en la Champions League el año que viene de forma directa, ya que esta temporada el tercero entra a la fase de grupos y sin pasar por el calvario de la previa. Digo que esta jornada es clave de  la Liga porque no creo que los dos gigantes ganen sus partidos. Alguno de los dos va a pinchar. El Real lo tiene un punto más difícil que el Barca. Si pierde o empata en el Pizjuán y el Barcelona gana, la liga habrá terminado para los blancos. Y la cuestión es que el Madrid llega a Nervión sin Robben, Sneijder, Pepe y posiblemente Higuaín. Demasiado. El Barca, que van con todo a Mestalla, tiene sin embargo que guardar algo porque tres días más tarde juega las semifinales de la Champions. Si pierde y el Madrid gana, convertirá el partido del Bernabéu de siete días más tarde en una final a cara de perro tres días antes de otra final, en este caso, la de Copa ante el Athletic. Muchos condicionantes que convierten a esta jornada en el nudo gordiano del campeonato. Estoy seguro de que el domingo por la noche, nada será igual.

Iniesta, crack mundial

Es bajito, tiene la tez más pálida que un bote de leche Pascual, no lleva el pelo largo, ni luce pendientes de diamante, pulseras de oro ni lleva tatuajes en el 80% de su cuerpo pero es, sencillamente, un crack mundial, un futbolista tremendo y con un nivel que, sinceramente, no creo que ni Cristiano Ronaldo ni Kaká superen. Iniesta es talento puro. Ve el juego mejor que nadie y unas décimas de segundo antes que los demás. Sólo su compañero Xavi se le acerca. Es un producto ciento por ciento de la cantera azulgrana y eso habla muy bien de la forma que llevan trabajando en las categorías inferiores del Barcelona desde hace quince años. Iniesta tiene aún margen de mejora y capacidad suficiente para marcar una época en el fútbol mundial. Sólo le lastra su falta de imagen, de imagen tal como la entienden las grandes multinacionales que copan el mundo del fútbol. Error de los grandes. Para los que nos gusta el fútbol, Iniesta representa lo mejor de este deporte. Yo me compraría antes sus botas que las del guaperas de turno pero, claro, el dinero manda. Eso sí, quiero ser de los primeros en decirlo: si el Barcelona gana títulos esta temporada, él y Messi deberán ser los candidatos favoritos al Balón de Oro del año que viene. Y si me apuran diría más: si fuera entrenador, pondría antes a Iniesta en mi once que a Messi.

El gen sobrenatural del Real Madrid

El Real Madrid goza de un gen del que carecen el resto de los equipos: el gen de la supervivencia, de sentirse siempre ganador; de no arrojar la toalla nunca en las situaciones límites. Ayer ganó al Getafe cuando perdía 1-2 en el minuto 88 y con un penalty en contra en el minuto 92 con 2-2 en el marcador. Ganó en el descuento. Muchos dirán que eso es suerte pero ya ha sucedido muchas veces. No en estas últimas años, donde se está especializándose Higuaín, sino a lo largo de su historia. La leyenda del Real Madrid se ha cimentado a base de remontadas épicas y victorias in extremis. Cuando el resto de equipos bajan los brazos, el Madrid sigue erre que erre. La suerte hay que buscarla pero cuando en más de cien años de historia se repite un mismo comportamiento de forma sospechosamente habitual y siempre cuando el equipo se está jugando los cuartos es que hay algo en la camiseta del Real Madrid que impulsa a sus jugadores a no dar nunca su brazo a torcer. Yo a eso lo llamo gen, el gen de la competitividad y de la supervivencia.

El Athletic huele a Segunda

Lo siento por el histórico Athletic pero los leones huelen a Segunda. El Athletic, su afición, Caparrós, los jugadores y hasta el mismísmo San Mamés viven un espectacular síndrome de Estocolmo, secuestrados y embelesados por la final de Copa que disputarán dentro de apenas quince días. Al Athletic se le olvidó jugar al fútbo, tan encantado estaba de conocerse por volver a una final de su torneo un cuarto de siglo después. Desde aquella noche memorable ante el Sevilla, no han hecho nada de nada, excepto perder partidos. Uno tras otro. Ahora, a falta de un mes para el final del campeonato se ve con el agua al cuello, sin la mentalidad que tienen otros clubes más acostumbrados que ellos a vivir y sobrevivir entre el lodo y el fango; con la mente aún puesta en la final de Copa y en cómo navegaría la re mozada gabarra. Huele a un Athletic de UEFA o campeón de Copa pero en Segunda. Un desastre que dice muy poco de la seriedad de una plantilla que se llenó de glamour y olvidó que el mundo es el día a día.  Lo siento por el Athletic, pero lo que está haciendo esta segunda vuelta de la Liga no es de recibo.

Guardiola se queja de los árbitros

Ver para creer. Da cierto pudor escuchar a Pep Guardiola quejarse del arbitraje en Getafe o a Messi afirmando ante las cámaras hace unas jornadas que “es muy fácil venir a arbitrar a Barcelona“. Da cierto pudor porque, en primer lugar, el Barcelona es el equipo que mejor juega del mundo y no necesita recurrir a un argumento que, además, se antoja radicalmente falso. Al Barcelona le ayudan. Al Real Madrid también, pero lo del Barcelona de un tiempo a esta parte es sangrante. La queja de Guardiola llega tan solo una semana después de un arbitraje más que discutible a su favor en el Nou Camp ante el Recreativo de Huelva. Guardiola está cogiendo una fea costumbre que ya le costó cara el día del Bayern de Munich en Barcelona. La descomunal, desproporcionada y fuera de tono protesta ante el cuarto árbitro por el penalty no pitado a Messi pasó desapercibido por la goleada azulgrana pero es un indicativo de que alguien debe decir al bueno de Pep que ese no es el camino, que se equivoca y no va por la senda correcta. Si  se alza la voz cuando el viento sopla a favor, ¿de qué será capaz cuando en el Barcelona pinten bastos?

La culpa en el Atlético no era de Aguirre

Han pasado varias semanas desde la cantada defenestración de Javier Aguirre como entrenador del Atlético de Madrid y transcurrido este tiempo, lo que parece claro es que el mexicano no era el culpable, o por lo menos, no era el único culpable. Al técnico azteca se le exigieron unos resultados que cumplió escrupulosamente: clasificó al equipo para Europa en un primer momento y después lo metió en la Champions League, donde ha firmado una temporada más que aceptable. El objetivo para este año era repetir en Champions, y el Atlético estaba ahí, al borde. El problema en el Calderón viene de lejos. Cierto es que se está construyendo una plantilla paso a paso y que se trabaja por mantener una cierta base pero no es menos cierto que el equipo tiene graves carencias y que la dirección deportiva ha dejado escapar algunas opciones muy interesantes como las de Riquelme y Deco para reforzar el equipo en el punto donde más flojea: la construcción en el centro del campo. García Pitchar ha fallado en ese punto (Banega, Cleber Santana, Costinha…) y eso ha dejado desabastecido a Agüero y Forlán, las mejores armas colchoneras. Tampoco ha funcionado bien la estrategia deportiva en casos como los de Maniche y desde la directiva no se gestionó correctamente la marcha de Torres, un símbolo, a Anfield Road. A todo eso, se le suma la fractura social que vive el club y el muy mal llevado tema de la venta del Vicente Calderón, una herida que tardará en cicatrizar en la familia rojiblanca. Todo ello unido a la década ominiosa que vivió el Atlético por culpa del descenso y la mala gestión de los Gil provoca que el club, otrora tercero más grande de España, viva una situación que se resume en una vieja frase castellana: quiero y no puedo.

WordPress Themes