Benítez, el mejor entrenador del mundo

El Liverpool ha firmado una semana de oro. Meter cuatro al Real Madrid y cuatro más al Manchester United en el mismísimo Old Trafford no está al alcance de cualquier equipo . El Liverpool no es el mejor equipo del mundo ni por individualidades ni plantilla pero sí que tiene, hoy por hoy, al que es posiblemente el mejor entrenador del mundo: Rafa Benítez. Hacer un cuatro a dos potencias futbolísticas del tamaño de Real y ManU es una proeza que, seguro, va a ser recordada durante muchos años en los pubs cercanos a Anfield Road. El Liverpool no hace un gran fútbol; no derriba a sus adversarios a base de oleadas de juego espectacular. Simplemente, los somete a base de sentido común, de planificación, de tácticismo y fuerza física. Es decir, los bate gracias al trabajo de un entrenador que conoce su oficio y sabe lo que quiere. El Liverpool de Benítez es un equipo de autor, con sello propio. Sólo Gerrard, Torres y Xabi Alonso tienen un punto más que el resto de jugadores. El resto  son futbolistas que en unas manos que no fueran las de Benítez no dejarían de ser uno más. Con menos equipo aún, Benítez ganó la Copa de Europa de 2005 y antes que eso, hizo al Valencia doble campeón de Liga y campeón de la UEFA. Benítez sienta cátedra a orillas del Mersey con una fórmula muy simple: saber qué querer y cómo llegar hasta ello. Muchos entrenadores no lo tienen tan claro. Es la diferencia entre los cracks y los mediocres.

Abel, Juande y los ataques de entrenador

Los entrenadores de fútbol suelen tener un problema: les dan de vez en cuando ataques de entrenador. Es lo que les ha sucedido en las últimas semanas a Juande Ramos y Abel Resino. Han tenido sendos ataques de entrenador en su vertiente más aguda. Y lo han pagado caro. A Juande le dio por cambiar todo el equipo cuando lo único que tenía que hacer era buscar un sustituto para Pepe en el puesto de denfesa central. Hubiera bastado con poner a Metzelder o, en su defecto, colocar a Heinze de central y a Marcelo de lateral izquierdo. Un cambio mínimo y lógico. Pues no. Le dio por colocar de lateral derecho al hombre que mejor lo estaba haciendo en el centro del campo, Lass; de central al lateral derecho, de interior al lateral izquierdo y de….descuajaringo el equipo y el Real Madrid sobrevivió al Atlético de puro milagro. Tres días después de que Abel le ganase la partida táctica a Juande, los síntomas de la ‘ataquitis’ le sobrevinieron repentinamente al técnico del Atlético. Llegó Oporto, el partido más importante de los últimos once años para el club rojiblanco, y deja a Diego Forlán, su mejor hombre, el máximo goleador del equipo y un futbolista en estado de gracia en el banquillo. ¿Por qué? La única explicación, ataque de entrenador. El Atleti tenía que ganar y empató a cero. Con Forlán en el banquillo hasta la segunda parte.  Las consecuencias han sido nefastas. Juande y Abel han perdido crédito y tanto Real Madrid como Atlético se han dejado buena parte de la temporada en el tintero. Todo por un ataque de entrenador.

La Premier es la NBA del fútbol

La Champions League es territorio Premier. La vieja Copa de Europa está copada por los grandes clubes ingleses. Manchester United, Liverpool, Arsenal y Chelsea se han metido en unos cuartos de final donde sobreviven Barcelona y Villarreal, Oporto y un clásico de siempre como es el Bayern Munich. El dominio Premier denota la buena salud de un campeonato que ha comido terreno fulminantemente a la Liga de las Estrellas y a un Calcio que toca fondo al quedarse sin representantes en los cuartos de final, algo impensable hace unos años. La Premier arrasa por el poderío de sus clubes. Hoy por hoy cualquier jugador del mundo quiere jugar en la Premier. Tal como sucede en la NBA de baloncesto, el campeonato inglés se ha convertido en la referencia, en un polo de atraccion inapelable. La Premier se sigue al milímietro en todo el mundo; sus clubes son millonarios y cuentan con un tremendo respaldo social. Los futbolistas sienten la necesidad de jugar allí. Se garantizan mejores salarios; repercusión planetaria y, en el caso de jugar en los granes clubes, la posibilidad de optar a títulos como la Copa de Europa. Jugar en un grande inglés es casi garantía de éxito. El año pasado hubo final íntegramente inglesa; en 2007 la jugó el Liverpool; en 2006, el Arsneal; en 2005, otra vez el Liverpool. El mensaje es claro, la Premier es la NBA del fútbol. A los demás, nos toca mirar y disfrutar.

Anfield y San Siro, las noches trágicas del Real Madrid

Hace casi veinte años, San Siro se convirtió en la tumba de toda una generación de futbolistas del Real Madrid. La ‘Quinta del Buitre‘ fue demolida por un el Milán de Arrigo Sacchi, Marco Van Basten, Gullit y Rijkaard. El 5-0 de la noche milanesa en las semifinales de la Copa de Europa supuso el fin de un ciclo, de toda una era en el Santiago Bernabéu y el alumbramiento del fútbol posmoderno de la mano de aquel formidable Milán del achique de espacios, las líneas adelantadas, la presión en todo el campo y la efectividad y preciosismo de su trío de holandeses. Aquella noche fue un punto y aparte en la historia de un Real Madrid que se vio abocado a la reconstrucción inmediata. Veinte años después, ha vuelto a suceder lo mismo. Anfield Road enterró a una nueva generación de futbolistas. El 4-0 de anoche ante el Liverpool dejó al descubierto y sin defensa alguna el modelo que representa el Real Madrid, un modelo que ha ido construyendo en los últimos cinco o seis años a golpe de talonario y con muy poco criterio deportivo. La noche de cuchillos largos de Anfield Road puede terminar resultando positiva a largo plazo si el Real Madrid toma nota de lo sucedido. No se trata de un accidente, sino de una catarsis que obliga al club a reconstruirse, a apostar por una nueva filosofía, a volver a viejos valores olvidados en los últimos tiempos y blindarse en torno a una idea en la que no caben futbolisas superados en la noche trágica de Anfield como Cannavaro, Gago, Heinze o Van der Vaart y afrontar una renovación que busque relevos urgentes a jugadores como Raúl y Guti, ya al borde de la amortización absoluta. Si el Madrid mete la cabeza bajo la tierra y se niega a ver la realidad, estará condenando a sus seguidores a una larguísima travesía por el desierto.

Anfield invoca al espíritu de Redondo

Hablar de Anfield Road, Liverpool y Real Madrid es entrar de lleno, sin preámbulo en la historia del  fútbol. Catorce Copas de Europa adornan las vitrinas de dos de los tres clubes más grandes del mundo. Falta el Milán para formar un triunvirato mágico e inigualable. Liverpool y Real Madrid se miden hoy con ligera ventaja para los reds. Ganaron en el Santiago Bernabéu por 0-1 y eso les coloca en situación de privilegio en la parrilla de salida. Anfield contendrá el aliento durante noventa minutos. En Liverpool saben que la grandeza y la leyenda del Real Madrid se construyó en base de partidos como el de esta noche; citas en las que todo parecía perdido y terminaron enmarcadas como noches mágicas, remontadas históricas. Nunca antes en la historia el Real Madrid remontó un 0-1. Delante está el Liverpool de Benítez, el Liverpool de Gerrard y Torres y lo que es aún más peligroso, el Liverpool de ‘The Kop’, de Ian Rush, Kenny Dalglihs, Kevin Keegan.…es un duelo de pesos pesados,  un choque de trenes, un combate entre dos colosos que se temen, se respetan y se admiran desde la distancia y la grandeza de sus respectivas historias. Por eso, esta noche, el Madrid necesita jugar como hace años que no lo hace e invocar su mermado espíritu europeo, ese que en el momento preciso, a la hora exacta hace que un taconazo sobre la línea de cal de Old Trafford en una eliminatoria casi igual de difícil que ésta se convierta en un hecho reseñable durante décadas. El Real Madrid necesita hoy a Fernando Redondo, a Juanito, a Santillana, a Zidane.…es hora de invocarlos.

El Valencia está más hundido que el Titanic

El Valencia está inmerso en un deterioro absoluto y en una caida libre a la que no se vislumbra el final. El valencianismo vive entre la perplejidad y la indignación el hundimiento institucional, económico y deportivo de un club que hace apenas diez años jugaba dos finales de Copa de Europa (2000 y 2001); ganaba dos Ligas, una UEFA y una Supercopa de Europa. Al periodo más importante y fructífero de su historia le sucede ahora una época negra, con los futbolistas sin poder cobrar sus fichas, el proyecto del nuevo estadio paralizado, y en barrena deportiva. Por si fuera poco, el club no ha tocado fondo. No le queda otra que desprenderse de sus mejores futbolistas, vender a jugadores como Villa, Albiol o Silva y debilitarse deportivamente hasta límites insospechados. Al valencianismo le espera una travesía por el desierto que puede llegar a ser durísima y de consecuencias imprevisibles. La cuestión es ¿por qué se ha llegado a esta situación? Y la respuesta hay que buscarla en una persona: Juan Soler. El accionista mayoritario del club ha situado al Valencia al borde del precipicio. Mala gestión, inoperancia y lucha de egos se suman para componer un cocktail desastroso. Soler ha dilapidado la herencia de Ortí y Benítez y el club hoy por hoy ha retrocedido a los años ochenta, cuando en una situación tambièn de quiebra institucional, económica y deportiva, el equipo terminó en Segunda División. Por el bien del valencianismo y del fútbol español, esperemos que esta vez no se llegue a tanto pero las perspectivas no son buenas. Ahora mismo, el Valencia tiene el mismo futuro que el Titanic.

Boluda y Del Nido, de chorreos y leones

Vicente Boluda y José María Del Nido tienen una cosa en común a pesar de ser presidentes de dos clubes opuestos y hasta cierto punto rivales: su afición a hablar más de la cuenta, a destiempo y saltándose los códigos más elementales del fútbol. Los presidentes del Real Madrid y Sevilla hacen, además, un flaco favor a los clubes que representan. No es de recibo avisar de que al Liverpool le va a caer un ‘chorreo’ la previa del partido de Champions o adelantar que el Barcelona está a un punto y no a cuatro dando por descontado que el partido del Santiago Bernabéu caerá del lado blanco. Tampoco es de recibo que unas horas antes del partido de San Mamés, Del Nido hable de que el Sevilla ’se va a comer al león desde la melena a la cola‘. El fútbol tiene sus códigos y uno de los más importantes es el respeto al rival. Hablar de ‘chorreo’ o de ‘comerse al león’ está fuera de lugar cuando la frase la pronuncia un presidente. Expresiones de ese tipo tienen cabida en la grada o en un bar, entre caña y caña y lo único que provocan es piques innecesarios y cachondeo a posteriori. Del Nido es ya un habitual de las declaraciones espectaculares y llenas de polémica pero Boluda me está sorprendiendo negativamente. Sobre todo porque es un presidente interino y eso le obliga a un plus de prudencia. Su obligación es gestionar la transición blanca de la mejor manera posible y eso incluye la prudencia y el respeto máximo al rival.

El Atleti, a conquistar el Bernabéu

Hay ambiente de conquista en el entorno del Atlético de Madrid. He estado esta mañana en el Cerro del Espino, los campos de entrenamiento de los rojiblancos, y la sensación de optimismo que se respira en el club vaticina un buenos momentos para el derby del próximo sábado. Ni el aguacero ni la nieve que caía sobre el campo de entrenamiento parecían afectar a un grupo de futbolistas sonrientes, confiados y con ganas de romper la racha de once años sin vencer al eterno rival. Nadie habla abiertamente de ganar al Real Madrid pero todos lo piensan. Y eso se nota. A las puertas del entrenamiento se agolpaban decenas de seguidores, muchos de ellos con bufandas del equipo, que han jaleado uno por uno a los futbolistas según iban abandonando el aparcamiento. El más aplaudido, el Kun, al que la afición ha guiado desde la puerta del vestuario hasta el coche al grito de guerra de ¡kun, kun!. Todo era relajación en la mañana invernal del Cerro. No hay atisbos de tensión en ningún momento y eso, cuando se trata del Atlético de Madrid, es una buena señal. En el Calderón creen en la victoria. Visto lo visto esta mañana, estoy seguro de ello.

Athletic-Sevilla, cita con la historia

No soy aficionado del Athletic ni tampoco del Sevilla pero, por muchos motivos, estoy encantado con el partido de esta noche en San Mamés. Athletic y Sevilla se citan con la historia a partir de las ocho de la noche, en duelo titánico, con La Catedral a reventar y en noche lluviosa. Tal como cuentan las crónicas que eran los partidos hace medio siglo, justamente cuando el Athletic cimentaba su leyenda de Rey de Copas. Me gusta el partido porque eleva a la Copa a la categoría que se merece; me gusta el partido porque sobre el céspde de San Mamés habrá dos equipos que se dejarán el alma por estar en la final de Valencia; me gusta el partido porque lo protagoniza el histórico y romántico Athletic y el renacido, poderoso y no menos histórico Sevilla; me gusta el partido porque dos ciudades enteras están hoy pendientes de la televisión y me gusta el partido porque reivindica el fútbol mucho más allá de Real Madrid y Barcelona. Bilbao está engalanada y se respira ambiente de noche grande, de noche de otros tiempos. Quizás sea un romántico del fútbol pero de lo que estoy seguro es que este deporte me gusta por noches como ésta. Más allá de que mi equipo no juegue. Que gane el mejor.

Momento Guardiola

Pep Guardiola se enfrenta a su primera dificultad seria desde que es entrenador del Barcelona. Hasta ahora, Pep ha tenido el viento de cara y las cosas han funcionado a la perfección: el equipo está bien situado para clasificarse para los cuartos de la Champions, está a un paso de la final de la Copa del Rey y durante cuatro meses ha arrasado en la Liga. Pero ahora las cosas han cambiado. El Barca pasa la crisis que todos los equipos tienen lo que sucede que en el Nou Camp todo se magnifica y más si el Real Madrid aprieta y la historia reciente demuestra que cuando el Madrid aprieta, el Barca lo pasa muy mal. Guardiola tiene la obligación de mantener la cabeza fría. Ha hecho un gran trabajo en los seis meses que lleva en el cargo y el Barca que dirige es diametralmente opuesto al de hace un año. Lo ha dado la vuelta como un calcetín. Ese es su mérito. En los momentos de crisis es donde se nota la mano de un gran entrenador y Guardiola tiene pinta de serlo. Le toca analizar, motivar, poner calma y pensar que retoques debe hacer en el equipo para recuperar el paso. Con eso bastará pero, sobre todo, lo que Guardiola debe hacer es mantener la cabeza fría y dejar que sean prensa y aficionados los que hablen de crisis. No parece tan difícil.

WordPress Themes