El siete blanco
Raúl genera polémica. No deja indiferente a nadie. Yo mismo lo he comprobado tras mi post de ayer, en el que abogaba por dar ‘cancha’ a Higuaín, que para mi es el futuro del Real Madrid en detrimiento de un Raúl al que ya considero amortizado. Indudablemente que el siete blanco volverá a dar tardes de gloria a los madridistas. Marcará tantos decisivos y desequilibrará partidos. Sólo faltaría que no lo hiciera. Sigue siendo un futbolista aprovechable y con cuerda aún pero de eso a que sea intocable va un mundo. Raúl es un símbolo del Real Madrid y del madridismo. Porta el siete, un número sagrado en el Santiago Bernabéu. Un número que es sagrado precisamente porque antes que él lo llevaron futbolistas que forman parte del Olimpo blanco como Amancio, Juanito o Butragueño. Ellos forman los primeros eslabones de una cadena que tan bien ha engrandecido Raúl a lo largo de sus muchas temporadas en el primer equipo. Lo ha ganado todo y lo ha significado todo pero como sucediera con ‘ el buitre’, con Amancio, con Juanito, hay que ir dando paso. Poco a poco. Es ley de vida. Raúl es grande, pero debe saber cuando es el momento de dar un paso atrás y dirigir las operaciones desde un rol no absolutamente protagonista. A mi entender, ese momento ya ha llegado. Pero es mi opinión. Nada más.










