La Champions, el mejor invento del hombre
Hace unos años, estando en una fiestas de pueblo, entre risas y música de pachanga, un amigo mío al que todos conocemos con el apodo de Virenke, se le ocurrió, en medio de una conversación metafísica, defender a capa y espada que el mejor invento del hombre y lo más importante de la vida, era la Champions League, la vieja Copa de Europa. Hubo carcajadas y risas ante una ocurrencia ‘cro-magnon’ pero lo cierto es que nada ha hecho más por la unión de Europa y el entretenimiento semanal que la Champions League. Que un continente con cientos de año de guerra a sus espaldas y piques milenarios entre sus diferentes nacionalidades, se paralice cada dos semanas bajo unos símbolos comunes, un himno común y a la misma hora (las 20h45′) es un auténtico milagro. Un milagro que no produce la política sino el fútbol y un torneo que es seguido por igual pasión por un inglés, un ruso, un rumano, un español o un italiano. La Champions es hoy por hoy un símbolo de unión, una seña de identidad de Europa y nuestro mejor embajador. Miles de seguidores recorren los estadios del Viejo Continente en viajes relámpago persiguiendo un ideal supuestamente tan simple como ver un partido de fútbol jugado por su equipo. La Champions sienta delante del televisor a millones de europeos de diferentes países y convoca en torno a unas camisetas y a un torneo a individuos que de otra forma no sabrían los unos de los otros. Hoy se sortean los cuartos de final de la Copa de Europa y todos los que seguimos este deporte volveremos a desviar nuestra atención del trabajo, de los problemas cotidianos y del duro día a día para pensar, aunque sólos sea unos minutos, como batirá nuestro equipo al rival de turno. Evidentemente, mi amigo Virenke, fue un visionario. La Champions es el mejor invento del hombre.










