El Barcelona tiene una prueba de fuego este fin de semana en el Ruiz de Lopera. Juega contra un Betis con nuevos bríos tras su triunfo en el Sánchez Pizjuan ante el Sevilla, trece años después, y con la necesidad imperiosa de ganar los tres puntos para salir del pozo en el que poco poco se ha ido metiendo. Juega el Betis, por tanto, con la desesperación de los equipos que saben que el partido es clave y lo hace además, con moral y con Oliveira en la punta del ataque, un futbolista que desde que se fue de Heliópolis no ha rendido como se esperaba de él. Mientras, el Barcelona sabe que el partido, siendo importante, no es clave. Son muchos los puntos de diferencia con el Real Madrid pero no es menos cierto que en sus dos últimas salidas a Pamplona y Santander, el equipo de Guardiola sufrió lo indecible para sacar los partidos adelante. El Betis es un rival inferior pero el Barca no puede fiarse. Es un partido repleto de trampas en el que el peligro no está en la posible derrota y pérdida de puntos sino en truncar una racha de buen juego y mejores sensaciones y la consiguiente pérdida de confianza.
Los datos oficiales dicen que el mejor futbolista del mundo es Cristiano Ronaldo. Portugués, jugador del Manchester United, desequilibrante, goleador, guapo y mediático. Un gran jugador, sin duda. El típico futbolista al que admirarían todas las chicas en el partido en el recreo del colegio. Sin embargo yo discrepo de la postura oficial. Para mi, el mejor del mundo es Xavi. El problema para el de Terrasa es, precisamente, que se llama Xavi, no Xavinho, que es bajito y moreno y, sobre todo, que no marca goles, aunque los da a espuertas. Si Cristiano es el futbolista al que todos admiran, Xavi es el que hace jugar al que todos admiran. Así de sencillo. La disyuntiva es simple. Si yo tuviera a los dos en el mismo equipo y por cualquier circunstancia tuviera que dejar a uno fuera del once titular; ¿a quién eligiría? Yo preferiría contar con Xavi. La pena es que no se llame Xavinho, o quizás sea lo mejor: seguirá pasanso desapercibido y jugando y haciendo jugar.
Hay partidazo esta noche en Sevilla. Juega la campeona de Europa, la mejor selección del mundo hoy por hoy contra Inglaterra y eso siempre significa que habrá un duelo de pierna fuerte y poco de amistoso. España le ha mojado la oreja a los ingleses las dos últimas ocasiones en las que se han visto las caras: 0-1 en Manchester con golazo de Iniesta y 1-0 en el Bernabéu, con cabezado de Asier del Horno. Precisamente de aquel partido en Madrid surge el engachón extradeportivo que ha enfrentado a los dos países fuera de los terrenos de juego. De aquel partido y sus gritos racistas contra los futbolistas negros de la selección inglesa y del tristemente famoso incidente de Aragonés con Henry de por medio para motivar al inmotivable José Antonio Reyes. El partido de esta noche tiene multitud de alicientes pero nunca debería haberse jugado en Sevilla. La sede elegida era Madrid y el partido tendría que jugarse esta noche en la capital. Los ingleses se negaron a ello acusando de racistas a los aficionados madrileños. La Federación, simple y llanamente, se bajó los pantalones y trasladó el partido a Sevilla. Para la federación inglesa, Madrid es una ciudad racista. Y la Federación prefirió cambiar la sede antes que mantener la defensa de una ciudad que desde siempre se ha caracterizado por su solidaridad y su capacidad de acogida. Hay partidazo esta noche en Sevilla pero ese partidazo debería haberse jugado en Madrid.
Hace unos años, si me hubieran contado que iba a escribir un post desde Marrakech, en el corazón de Marruecos, me hubiera llevado las manos a la cabeza y tildado de loco al que me lo hubiera dicho. Curiosamente eso es lo que estoy haciendo precisamente ahora mismo: escribir este post desde Marrakech, desde un albergue situado a escasos doscientos metros de la plaza de Jamma el Fna. Llevo por aquí un par de días y os puedo asegurar que he visto más camisetas del Real Madrid y el Barcelona entre la chavalería que pulula entre los puestos donde se vende zumo de naranja y pulseras y bolsos de piel que en un partido en el Santiago Bernabéu y el Nou Camp. No hay camisetas de Cristiano Ronaldo ni de Alessandro Del Piero o Frank Lampard. Aquí mandan el Madrid y el Barca. Nadie más. Tampoco se ven zamarras de otros clubes españoles aunque muchos marroquíes te preguntan por Fernando Torres. El fútbol es una pasión en esta tierra y la televisión y las parabólicas hacen sus pequeños milagros. Es curioso escuchar el sonido de la mezquita, tomarte un zumo de naranja en la calle y no dejar de ver camisetas futboleras de los grandes de nuestra liga. Me parece que nuestro mejor embajadores, hoy por hoy, son el Madrid y el Barca. Que tomen nota en el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Poco a poco, como siempre suele hacer las cosas Vicente Del Bosque, el seleccionador ha comenzado el proceso de sumar nuevas ideas y futbolistas a al combinado nacional. El partido ante Inglaterra en Sevilla incluye dos novedades de peso y con mucha carga: Busquets y Piqué, dos de las perlas jóvenes del Barcelona han sido convocados por primera vez para la absoluta. Con Busquets, Del Bosque busca un relevo para Senna y garantías para Xabi Alonso mientras que con Piqué abre el abanico de opciones para el puesto de defensa central apuntando, de esta manera, la que puede ser la pareja de zagueros a medio plazo: Piqué-Albiol. En el tintero, en mi opinión, se ha quedado la convocatoria de Arteta, un futbolista infravalorado en España y que es dios en el Everton. Cierto es que compite con Xavi, Iniesta o Cesc pero Del Bosque debería darle una oportunidad.
Resulta que el Arsenal ficha a Arshavin por 13 millones de euros. Resulta que Arshavin es uno de los cracks con mejor presente y más fama de todos cuantos quedaban en Europa fuera de una de las tres grandes ligas del continente. Resulta que Arshavin es una estrella consagrada en Rusia y el líder de una selección que es semifinalista europea amen de ser el jefe de filas del Zénit, actual campeón de la UEFA y supercampeón de Europa. Resulta que el Madrid acaba de pagar siete millones más por Lassana Diarrá. Resulta que Lass jugaba en el Portshmouth. Resulta que venía de fracasar en el Arsenal y el Chelsea y resulta que no ha jugado ni la Eurocopa. Para más inri, resulta que el Madrid pagón un millón más que el Arsenal por Arshavin por un jugador sub 21 como Drenthe. Resulta que Drenthe lleva ya dos temporadas en el club y se le recuerda más por sus caidas cada vez que coge el balón que por sus habilidades con el esférico en los pìes. Resulta que el Madrid se gasta más de 5.000 millones de las antiguas pesetas en dos futbolistas sin fama alguna y que el Arsenal es capaz de fichar a Arshavin por menos de lo que ha costado Drenthe o Lass. No entiendo nada y lo peor de todo es que si Arshavin hubiera fichado por el Madrid, el club blanco se habría pagado el doble de lo que ha desembolsado Wenger. O alguien se lo lleva muerto o en el Madrid son más inútiles que la primera rebanada del pan bimbo.
Como estam0s preparando un reportaje en la revista Futbolista que queremos que sea un pequeño homenaje a esos futbolistas que en Inglaterra son bautizados con el nombre de ‘one club men’, es decir, aquellos que dedican toda su carrera deportiva a un solo club, desde el día de su debut al de su retirada, me ha parecido buena idea dedicarles este post. Ser un ‘one club men’ es ser hoy día una ‘rara avis’. Por eso tienen tanto mérito los Gibbs, Neville, Scholes, Terry, Gerrard, Carragher o King o, por no irnos a las Islas, los Raúl, Casillas, Guti, Xavi o Puyol en España. Todos ellos son futbolistas de club, jugadores que han mamado la filosofía de la entidad desde las entrañas de la misma. Por eso saben lo que quiere decir la palabra Manchester United, Liverpool, Real Madrid o Barcelona. En los tiempos que corren, con los jugadors cambiando de equipo al ritmo que marcan las comisiones que los representantes generan, con futbolistas saliendo del club casi en edad juvenil, contar con un ‘one club men’ en tu plantilla es una garantía de que el espíritu de la entidad, tan importante para los aficionados, que son los que mantienen este negocio, pervive. ¿Quién le va a explicar lo que es y significa el Milán a Maldini? Ronaldinho, desde luego que no. Futbolistas como Bochini, que dedicó su vida a Independiente, o Le Tissier que mamó el Southampton de principio a fin ya son difíciles de encontrar. Ahora se llevan los ‘robinhos’ de turno. Y así nos va.
A principios del mes de enero leí un artículo en Marca en el que se aseguraba que el Atlético estaba más fino que nunca, que Aguirre y su cuerpo técnico habían planificado la temporada para que en enero hubiera un pico de forma. La información reforzaba las buenas sensaciones que los rojiblancos habían dejado antes del parón navideño: en puestos Champions; con buena racha de resultados y por encima del Real Madrid. Un mes después, el supuesto pico de forma se ha traducido en un mes negro, sin victorias, con Aguirre destituido y el Atleti fuera de Champions y a una distancia sideral de su eterno enemigo blanco. Ahora el entrenador es Abel Resino, toda una institución en el Calderón. El ex guardameta bien haría en realizar un profundo estudio de la plantilla. Viene con recetas nuevas, como siempre que llega un nuevo timonel pero cuando a un equipo le sucede lo que le ha sucedido al Atlético durante el mes de enero es que el problema no radica en adelantar la defensa o presionar en el centro del campo. Hay que ir más lejos. O se trata de una falta de actitud y compromiso absoluto de los futbolistas, lo que tiene arreglo o el equipo está sencillamente fundido, con un problema físico y de preparación no detectado. El famoso pico de forma de enero se ha convertido en un socavón que amenaza con arrastrar al club a las catacumbas. Abel tiene un doble objetivo desde ya: detectar a los no comprometidos y analizar físicamente a la plantilla. Y para hacerlo, necesita rodearse de gente con experiencia. Gente con experiencia, con más prestigio que nadie; que siente al atleti y sabe de qué va esto del fútbol, hay. Y están dispuestos a ayudar. Sólo hace falta llamarlos.
Estoy seguro de que los aficionados del Real Madrid, que son legión en este país, durmieron ayer mucho mejor cuando contemplaron la presentación de Julien Faubert en el Santiago Bernabéu al lado de un Alfredo Di Stéfano al que un día de estos le va a tocar presentar hasta el último fichaje del alevín A. Después de ver la exhibición de Messi en El Sardinero, el fichaje de un futbolista con pocos minutos en la Premier y no habitual en las alineaciones del West Ham habrá servido para acostarse con una sonrisa en la boca y la sensación de que el Barcelona debe y tiene la obligación de comenzar a temblar. Con Faubert este Madrid será radicalmente distinto, soñarán. No quiero ser más papista que el Papa pero a Faubert yo ayer no le conocía y es posible que sea en fichajes como estos donde esté el futuro del club. De momento, con Lassana Diarra se ha acertado y con Huntelaar, que vino precedido de una gran fama, aún se espera. Quizás Faubert haga carrera en el Madrid y quizás este francés con nombre de detective o novelista galo dé grandes tardes de gloria pero hoy, al despertar, todos esos seguidores del Madrid se habrán frotado los ojos y gritado aquello de ¡qué viene Flaubert!. Seguro, que si han podido, se han dado la vuelta y han seguido durmiendo.
Lionel Messi está empezando a abusar de los rivales. Da lo mismo que juegue de inicio o que Guardiola lo reserve para darle descanso. El resultado es idéntico: ‘La pulga’ sale, regatea, lidera, marca y sentencia los partidos. Con Messi está sucediendo algo parecido a lo que Valdano definió en el Bernabéu de medio escénico. Los rivales no le tienen miedo, sino pavor. No se explica de otra manera que un equipo compacto y bien plantado sobre el césped como es el Racing de Santander sufriera un ataque de pánico en cuanto vio al diez del Barcelona sobre el terreno de juego. Messi leyó el miedo en los ojos del rival y como es un auténtico depredador embutido en el disfraz de una pulga, entró a matar directamente. Le bastaron cinco minutos para hacer dos goles y dar la vuelta al partido. El terror que genera el argentino es un arma más a favor de un Barcelona que sigue con el viento a favor y disparado hacia un título que quiere llevarse pulverizando todos los récords de la liga española. De momento, lo tiene un poco más fácil gracias a Messi y el miedo escénico. Lionel es, sencillamente, un abusón de aquellos que pululaban antaño por los patios de los colegios y ya se sabe lo que solía pasar cuando el abusón cogía el balón….