Ciempozuelos, Logroñés, Fuerteventura…

En el fútbol existe una cara B. Un reverso de la moneda, un lado oscuro donde no llegan los focos, los millones y el glamour que rodea a la elite. Más allá de la Champions League, de la Premier, la Liga de las Estrellas o de nombres de resonancia planetaria como los de Messi, Cristiano Ronaldo o Kaká hay un fútbol que malvive con poco o nada de dinero; sin ayudas, sin medios de comunicación que difundan sus gestas o sus miserias y casi sin aficionados pendiente de él. Es el fútbol de Segunda B, de Tercera o de las categorías regionales. Para mí, tan importante como el que se ve en televisión en horario de máxima audiencia. No vendemos revistas ni periódicos con ellos pero son los que sustentan desde los cimientos este deporte. Ese fútbol casi clandestino se está muriendo. Es una especie en peligro de extinción. No hay dinero y no hay apoyos. Hace apenas un par de semanas el Logroñés, un histórico, anunció su defunción. Se murió ante la indiferencia general y la desesperación de sus futbolistas y su afición. Ayer escuche en Punto Radio al capitán del Fuerteventura contar como no cobran desde hace meses, como los jugadores del equipo, en Segunda B, están siendo expulsados de sus casas y hace nada, Esteban Becker, amigo y entrenador del Ciempozuelos, me habló de la precaria situación que viven sus futbolistas en el Grupo VII de Tercera. Tampoco cobran pero el equipo está en posiciones de ascenso. Lo peor es que estos tres casos son sólo la punta del iceberg. La mole que hay por debajo es enorme. El fútbol base y modesto, el que sustenta el gran negocio, se muere.

WordPress Themes